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El odio a los ricos

El odio a los ricos parece estar detrás de las principales catástrofes políticas ocurridas en la historia. Suele ser el sentimiento más explotado por los populistas para hacerse con el poder, y con la disculpa de distribuir esa riqueza robada al resto de la comunidad, hacerse ellos ricos a su vez y llevar al pueblo a la ruina completa. El punto de partida de tal odio está en la concepción de que los ricos consiguen su riqueza quitándosela al resto de sus congéneres, y que por eso hay ricos y pobres.

¿Es esto así? ¿Es el intercambio económico un juego de suma cero, en que uno solo pueda ganar si otro pierde? Evidentemente esto no es así en un mercado libre. La teoría económica nos dice que en las transacciones económicas voluntarias las partes involucradas esperan beneficiarse del intercambio (otra cosa es que se equivoquen, pero eso solo se puede saber después). Por tanto, tras cada transacción económica ambas partes se han enriquecido a priori: ambas valoran más aquello que reciben que lo que entregan, pues en otro caso no se habría llevado a cabo la transacción.

Con este mecanismo, es lógico que se hagan más ricos aquellos que más transacciones acertadas hacen, proceso en el cual habrán creado también mucha riqueza por los demás individuos de la sociedad que han hecho intercambios con ellos. Amancio Ortega no se ha hecho rico porque su ropa es un timo, sino porque muchísima gente valora más esa ropa que el dinero que cuesta. Cada transacción enriquece de forma similar a ambas partes, lo que pasa es que Ortega hace muchas más transacciones que cada uno de nosotros.

Así pues, en el mercado libre, el más rico es a la vez el que más riqueza ha creado para la sociedad (sea él, o los ascendientes de los que ha recibido la riqueza). Y puede ser motivo de envidia, pero no cabe racionalmente el odio. Su riqueza no me frustra, no me impide a mí ser rico de la misma u otra forma. Por el contrario, lo normal sería estarle agradecido: gracias a Steve Jobs tenemos unos aparatitos magníficos en el bolsillo y gracias a John Deere (inventor del tractor) el pan es muy barato. En muchos países y épocas, el rico del pueblo era también el personaje más notable y al que todos pedían consejo.

Por el momento hemos aplicado el método de las construcciones mentales a  lo que ocurre en ausencia de intervención. Pero obviamente en la economía en que vivimos apenas existe el mercado sin intervención; por el contrario, hay mucha regulación y muchos privilegios. En estas circunstancias, no se puede presumir que las transacciones sean voluntarias, ni tampoco que lo sean las condiciones en que se han producido.

En estas condiciones, surgen otro tipo de ricos, a partir de transacciones no libres, y en los que sí se trata de un juego de suma-cero. Aquí, la riqueza obtenida por el privilegiado es a costa de la del obligado a la transacción. En una transacción forzada solo se incrementa la riqueza de una parte, exactamente igual que ocurre en un atraco.

Es lógico que esta clase de ricos no solo despierten envidia, sino también odio. Son ricos que no generan riqueza para la sociedad, al contrario la destruyen. Son ricos que causan frustración, pues sus privilegios impiden a la gente el desarrollo personal y profesional, y la búsqueda de sus metas. Si alguien quiere proporcionar servicios de taxi en Madrid u otras ciudades, no lo podrá hacer libremente, a menos que pague por el privilegio un precio incomprensible. O lo mismo si quiere poner una farmacia, no digamos ya si quiere poner una carretera o una central eléctrica.

Entonces, tenemos dos tipos de ricos: los justos y los injustos; los primeros dignos de admiración, los segundos, de repulsa. Por desgracia, a la mayor parte de la gente todo el análisis económico previo le resulta muy lejano, cuando no completamente irrelevante. ¿Es posible distinguir a unos de otros? Para la mayor parte de los empresarios la obtención de privilegios legales no es algo moral, es simplemente las reglas del juego en que quieren participar. Seguro que Ramón Areces se ha beneficiado de las limitaciones legales para poner centros comerciales, pero seguro también que la mayor parte de la riqueza generada por El Corte Inglés no viene de dichas limitaciones.

¿De qué forma podríamos asegurarnos de que los ricos sean siempre ricos “justos”? La solución está ya anunciada en los párrafos precedentes: elimínense los privilegios legales, y tendremos ricos queridos y respetados. Mientras eso llega, lo que habrá es ricos sospechosos y criminales, indistinguibles de los ricos “justos” para la mayor parte de la gente, y caldo de cultivo para todos los populismos comunistas que en el mundo han sido.

Y, a la vista de los resultados de las últimas elecciones en España, parece que nos va llegando el turno de pagar el precio por los ricos que tenemos. Porque, no nos engañemos, nunca son los ricos injustos los que pagan su riqueza injusta. Lo pagaremos los de siempre, los individuos normales y corrientes.

Comentarios

Anonimo

Si la economía fuera un juego de suma cero, no habría sido possible salir del paleolítico.

JOSE ANGEL MORENO

De acuerdo con el artículo en casi todo y, sobre todo en el párrafo sobre las transacciones no libres (farmacias, taxis, estancos,.....), pero, quizá por deformación profesional, con lo que siempre me entran las dudas es con el tema de obras civiles. Estoy de acuerdo con que se han echo aeropuertos innecesários y, un exceso de autovias, pero quien y como se decide que autovias o autopistas hacer, en un mercado libre, quien dice autovias dice lineas de ferrocarril con sus estaciones y sistemas adyacentes, etc..., etc..., etc....

Anónimo

Preguntar quién decide en un mercado libre es no entender la idea, es como preguntar dónde está escondido el homúnculo que multiplica dentro de la calculadora. Decide el mercado, que es un procesador de información.

El mecanismo es similar a la selección natural ¿Quién decide qué especies sobreviven o quién diseña los órganos adecuados? Para comprender la superioridad del mercado frente al planificador contempla al ser humano y pregúntate qué técnico hubiera podido diseñarlo en su laboratorio.

JOSE ANGEL MORENO

Una constructora civil, o un ingenieria ¿tendría que preguntar a miles de personas si quieren que por sus terrenos pase una via de ferrocarril o una autopista?, ¿crearía el trazado con miles de curvas para evitara los que no quieren vender?.
Si entiendo lo que es el libre mercado, pero no me gustan la utopías

JOSE ANGEL MORENO

Una constructora civil, o un ingenieria ¿tendría que preguntar a miles de personas si quieren que por sus terrenos pase una via de ferrocarril o una autopista?, ¿crearía el trazado con miles de curvas para evitara los que no quieren vender?.
Si entiendo lo que es el libre mercado, pero no me gustan la utopías

JOSE ANGEL MORENO

Una constructora civil, o un ingenieria ¿tendría que preguntar a miles de personas si quieren que por sus terrenos pase una via de ferrocarril o una autopista?, ¿crearía el trazado con miles de curvas para evitara los que no quieren vender?.
Si entiendo lo que es el libre mercado, pero no me gustan la utopías

berdonio

¿Por qué supones que una autopista recta es mejor que el interés de miles de propietarios? ¿Qué es mejor, que tú puedas tocar la trompeta o que yo disfrute de tranquilidad? Eso lo resuelve el mercado y los derechos de propiedad.

Si te gustan las autopistas rectas sólo debes pagar por ello lo suficiente. Lo que es una utopía es creer que tu gustos deban prevalecer siempre

Otro más

En el caso que pones, el hecho es que a día de hoy es algo que ya ocurre... Quien decide qué terrenos se expropian y a qué precio se compensa? Qué pasó con el coste de las expropiaciones en las radiales de Madrid? Quienes se beneficiaron de ese sobre coste? Quienes pagamos ese sobre coste? Pues bien, gracias a las nuevas tecnologías, si la demanda estima que es oportuna una nueva autopista entre Madrid y Valladolid, y una empresa estima oportuna su construcción y explotación, hoy en día sería más sencillo que nunca crear un pool entre los afectados para fijar una oferta conjunta por metro cuadrado. En el peor de los casos, se podrían disparar los costes con las expropiaciones (en el caso de las radiales fue de casi un 1000%) hasta el punto de hacer inviable la inversión o tener que pagar peajes desorbitados para amortizarla, pero también ese problema agudizaría el ingenio para crear una alternativa al mercado mucho más rápida. Me explico, si el coste de desplazarse en coche se disparara tal vez surgieran una nueva generación de auto ligeros para distancias cortas y que utilizarían las abandonadas carreteras o se crearía un nuevo negocio de mini aeropuertos o helipuertos. No me parece ninguna utopía hacer carreteras con trazados cortos entre ciudades cercanas con un bajo coste por su escaso tamaño, para desplazamientos cortos, y un sistema de auto ligeros para desplazarnos a distancias mayores de 100 kms (por ejemplo), o aparatos híbridos que combinarán ambas cosas, la propia demanda y la oportunidad de negocio atomizarían el mercado tirando de los precios hacia abajo y quién sabe si no tendríamos hoy en día todos un helicóptero en el garaje y más barato aún de lo que cuesta un coche...
Cuando Steve Jobs dijo que llevaría un ordenador a cada casa de América también lo tacharon de utópico, y con razón, puesto que en aquella época un ordenador podía ocupar el tamaño de una habitación entera y costar lo mismo que la propia casa. Mira lo que es hoy Apple

Pizarro

Odiar es opcional.
Reclamar lo robado a ricos delincuentes compete a la justicia.
No hay herramientas para reclamar nada a los ricos que forman parte del contubernio, de privilegios, intervenciones y corruptelas, político-judicial-empresarial.
Expropiar a ricos internacionales es perseguir sombras.
Expropiar a la clase media es el sistema de financiación de los Estados.
El Estado es rico porque tiene el privilegio de robar impunemente y apenas es odiado.
Al rico le odia quien quiere y le roba quien puede.

Anónimo

El sistema se realimenta: crea ricos injustos que originan, con ayuda del otro ingrediente, la ignorancia, odio al mercado, es decir, más sistema

Osvaldo Perez

Aunque el análisis es impecable, a mi entender pasa por alto la cuestión fundamental, esto es, que el común de las personas desconoce el funcionamiento del mercado, las ventajas del libre comercio y, en pocas palabras, es incapaz de distinguir al rico justo del rico injusto. Los prejuicios o "la mentalidad anticapitalista" prevalece en el ideario popular, más allá de cualquier razonamiento.

Anónimo

Gracias al Instituto por sus interesantes artículos, que me han hecho más liberal que antes. Suelo ver bastantes puntos con los que estoy de acuerdo. Pero gracias también por hacer que me dé cuenta de que un liberalismo tan radical como el que proponen produce graves desequilibrios en una sociedad moderna. Los ricos, los acumuladores de capital, se ganan su riqueza, sí, y otros se benefician de lo que ellos ponen en pie, sí, pero el problema es que el capitalismo moderno llega a ser tan eficiente que ciertos grupos de individuos acaparan los recursos y se quedan con casi todos los beneficios y otros menos eficientes se quedan peor que antes. Es decir, un individuo o familia o compañía, con el poder que le da su capital, y siendo una eficiente máquina de convertir recursos en riqueza, no deja 'sitio' para otros que antes sí lo tenían, y éstos se empobrecen. Pienso en las tribus o los lugareños que explotan un territorio de manera comunal y poco intensiva hasta que llega una compañía que adquiere los derechos de explotación, a veces en detrimento del beneficio que los lugareños extraían del lugar, o en los pequeños empresarios de un sector que más o menos bruscamente es dominado por una compañía poderosa, no pueden competir -aunque traten de 'reinventarse'. Y los empleados de un sector, sé que pueden cobrar más en una empresa grande, pero también lo contrario (consideremos el salario de los empleados de bajo nivel de Wal-Mart, por ejemplo). De acuerdo, estas compañías e individuos tan eficaces quizá aprovechen los recursos de una manera que los otros no pueden, creando nuevas oportunidades, y sé que ofrecen cosas a la sociedad, enriqueciendo a empleados y clientes, pero a la vez pueden empobrecer a otros. Muchas veces miramos las cosas de una manera parcial e interesada, incluso sin darnos cuenta.

berdonio

En efecto, el capitalismo empobrece a alguien: a los saqueadores y ladrones. El señor Herrera ha expuesto bien claro que las transacciones económicas voluntarias no pueden ser a priori un juego de suma neta cero en el que una parte gana lo que otra pierde: de ser así simplemente no sucederían, pues nadie acepta tratos que le perjudiquen. Pero usted insiste en que el capitalismo (la acumulación de capital en un marco de intercambios libres y voluntarios creadores de nueva riqueza, no repartidores de una previa) perjudica a alguien honrado, le empobrece al dejarle sin “sitio” ¿Qué parte de “transacción voluntaria” no ha entendido? En un mercado libre, la violencia está excluida por definición y sólo se puede perder el “sitio”, la legítima propiedad, por decisión propia. Otra cosa es que confunda “sitio” con privilegio y monopolio coactivo; claro está que el capitalismo bien entendido empobrece a los detentadores de poltronas y prebendas, a los ricos injustos, pues condena sus posiciones de ventaja, pero ¿cómo puede empobrecer inmerecidamente al prudente y honrado? Hágase un favor y reflexiones sobre ello. En un mercado libre, los lugareños sólo pueden perder sus derechos de explotación si deciden venderlos porque estiman que les reportará un beneficio neto ¿Dónde está el empobrecimiento injusto? Los empresarios ineficientes no pueden perder lo que no les pertenece, es decir, un monopolio sin competencia donde abusar de los consumidores. ¿Dónde está el empobrecimiento injusto? Análogamente, los empleados de un sector no ostentan el privilegio de mantener altos salarios relativos a costa de impedir la competencia de nuevos trabajadores o mejores técnicas de producción ¿Cómo se puede hablar de empobrecimiento injusto si dejan de ganar lo que otros no están dispuesto a acordar pues tienen mejores ofertas?

Es usted quien no se da cuenta de que ve las cosas de manera prejuiciosa y parcial, confundiendo la riqueza justa, creada a partir de la colaboración capitalista mutuamente beneficiosa, la de suma positiva, con la injusta, la arrebatada mediante violencia, la de suma cero. No percibe la diferencia entre “crear” y “arrebatar” riqueza y critica que, efectivamente, el libre mercado empobrece a alguien, a los ricos injustos.

Anónimo

Por otro lado cabe añadir aquello en lo que insiste Santiago Niño Becerra: en un capitalismo cada vez más eficiente, la automatización y la organización del trabajo logran que cada inversión rinda al máximo, haciendo innecesario que parte de esa riqueza se quede en manos de empleados y prestadores de servicios que en una economía menos eficiente sí se llevarían 'su trozo del pastel': por muchas lo oportunidades que esa economía dinámica cree, siempre hay un grupo importante de personas que acabará quedándose al margen o que a penas sobrevivitá., porque son muy poco o nada necesarios. Otros son más optimistas respecto al efecto de la automatización y la reorganización del trabajo en la cantidad de riqueza que va a parar a manos de los 'proletarios', pero yo coincido con Niño Becerra en que en el futuro un tercio o más de la población no será necesaria, ni como productores, ni como proveedores de servicios, ni como consumidores (obviamente porque no tendrán qué gastar). Así que sí se genera pobreza en cierto modo. Ta tecnología barata paliará esto en parte creando productos y servicios para los pobres, pero no creo que sea suficiente. No estoy en contra de un mercado libre y eficiente, pero habrá consecuencias que será necesario asumir y amortiguar, para evitar cosas como desesperación de masas de gente, aumento del resentimiento y la violencia, caos...

berdonio

Ese niño debería ir al colegio a aprender algo. El recurrente odio a las máquinas es la mayor estupidez imaginable. Pues claro que avanzamos hacia la eliminación del trabajo humano. Hace falta ser muy, muy, imbécil para ver perjuicios en poder vivir sin realizar trabajos penosos, en poder obtenerlo todo con el mínimo esfuerzo porque unas máquinas y técnicas baratísimas nos lo facilitarán, en un mundo sin pobreza.

ISKANDER

La plutofobia ha existido siempre. Lo que sucede que es más aguda contra el "nuevo rico". Se odia al vecino que, con la mezcla de talento, tenacidad y suerte aumenta su patrimonio. El odio al rico histórico (veáse nobleza, pontífices, señores o aristócrtas) poco ha calado historicamente. El ciudadano medio odia a aquel, que, siendo como nosotros, no está como nosotros.

Anónimo

Gracias al comentario de Berdonio. Me ha confirmado que parte de los simpatizantes del instituto no entran a rebatir las objeciones de sus críticos, diciéndoles 'estás equivocado' y explicando por qué, sino recurriendo al insulto fácil.. En vez de llamarme 'niño imbécil' podría haber analizado mis argumentos. Insisto, el problema es si habrá fuentes de ingreso suficiente para muchos ciudadanos cuando muchas actividades estén automatizadas. Por supuesto que habrá que adaptarse, reinventarse, encontrar un nicho de negocio, pero la cuestión es si la mayoría de la gente podrán encontrarlo (aunque se esfuercen). Los inversionistas o consumidores no necesitarán, en un mundo empresarial ultra eficiente, de millones de personas ofreciéndoles sus servicios, sean cuales sean, sea como empleados o como autónomos o como pequeñas empresas. Gracias de nuevo