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El oro, superior a sus alternativas metalicas

En los tres artículos anteriores explicamos cuáles debían ser las propiedades del dinero, por qué el oro las cumplía mejor que ningún otro material y por qué otros bienes económicos tenían defectos que los convertían en malas alternativas al oro.

En general, la mayor parte de los defectos de los bienes estudiados tenían que ver con su compleja atesorabilidad y desatesorabilidad, lo que, en principio, parece que puede solucionarse recurriendo a los metales, componentes químicos que son duraderos y transformables. Sin embargo, también el oro supera como dinero al resto de sus compañeros metálicos:

  • Hierro: Aunque fue utilizado en la Antigüedad como moneda (por ejemplo en Esparta hasta la Guerra del Peloponeso), debido a su resistencia y durabilidad, el hierro es una forma de dinero bastante mala. Cantillon ya señalaba que "no dejaría de servir como moneda a falta de objetos mejores", pero constataba que el fuego "lo consume" y que "tratándose con vinagre se deterioraba su calidad". Precisamente, las monedas espartanas de hierro estaban corroídas con vinagre para evitar que fueran fundidas para usos no monetarios, dando lugar a una galopante inflación. Además, es el cuarto elemento más abundante sobre la superficie terrestre. Basta tener presente que con un dólar pueden comprarse hoy en día aproximadamente 15 kilos de hierro en mina, lo que nos da una idea de los enormes costes de transporte y almacenamiento que tendría.

  • Cobre: El cobre fue utilizado como moneda durante las etapas iniciales de la Roma Republicana e incluso durante buena parte de la edad moderna por los países escandinavos. Sus propiedades son bastante buenas, ya que es dúctil, maleable, no tiene un punto de fusión demasiado elevado y puede fraccionarse y estamparse con facilidad. Además, su proporción stock/flujo no es demasiado elevada: a día de hoy 33, esto es, se necesitan 33 años al ritmo de producción actual para doblar la cantidad de cobre. Sin embargo, tiene algunos defectos, como su oxidación con la humedad (formando el conocido verdigris) y, sobre todo, su abundancia que eleva enormemente los costes de atesoramiento y transporte. A día de hoy, un kilo de cobre cuesta aproximadamente 10 dólares frente a un kilo de oro que cuesta 30.000 dólares (3.000 veces más). Por consiguiente, los costes de almacenamiento y transporte son mucho más altos.

  • Platino: El platino, como metal precioso, tiene propiedades muy similares al oro y de hecho muchos inversores lo consideran dinero, hasta el punto de acuñar monedas de platino. Sin embargo, su punto de fusión es mayor (1.768 grados frente a 1.064 del oro) y su ductibilidad y maleabilidad menores, lo que dificulta y encarece la manipulación del platino. Esto se refleja en los markups (margen sobre el precio mayorista) que se aplican en la acuñación de monedas. En el caso de las monedas de una décima parte de onza, en el oro pueden situarse alrededor del 20% y en el platino del 50%. Históricamente, el platino tampoco ha podido prosperar por su concentración geográfica en tres lugares concretos del planeta: en la sierra de Witwatersrand en Sudáfrica, en los montes Urales y en Montana. Si un bien no está geográficamente accesible (ya sea en términos físicos o comerciales) será muy difícil que pueda convertirse en un medio de cambio y en una reserva de valor generalizada, de modo que no habrá efectos red derivados de su uso. No en vano, el único país en el que se intentó seriamente la circulación de monedas de platino fue Rusia (y luego la URSS). Pero, sobre todo, lo que sigue impidiendo que el platino se convierta en dinero es, al contrario que en el hierro y el cobre, su enorme escasez. La producción anual es una cuarta parte la del oro y su precio el doble, lo que significa que el valor de la moneda más pequeña que se fabrica (3 gramos) supera los 250 dólares. Dicho de otra manera, necesariamente tendría que emerger una forma alternativa de dinero para transacciones de menor valor (como en su día ya realizara la plata con respecto al oro), que, en su caso, podrían ser el oro y la plata, cada uno en su ámbito.

    El platino, por consiguiente, podría utilizarse en principio como reserva de grandes cantidades de valor, para reducir los costes de atesoramiento y transporte (en el caso de operaciones para liquidar los saldos de las cámaras de compensación) con respecto al oro. Pero, dado que su producción masiva es relativamente reciente, su relación stock/flujo es del orden de 25, lo que lo hace mucho más susceptible a una caída severa de su valor si la producción se incrementara de manera sustancial. Esto no significa que en un futuro, cuando el stock de platino se haya incrementado con respecto a su flujo anual, no pueda constituirse en la reserva monetaria de alto valor de la que hablábamos, si es que sus otros inconvenientes con respecto al oro son compensados por el ahorro de almacenamiento y transporte.

  • Plata: Durante siglos la plata ha sido la hermana menor del oro, los dos metales monetarios por excelencia. Su primera aparición como dinero fue en forma de oro blanco (aleación con el oro) en Lidia, 700 años a. C. En los s. XVIII y XIX fue el patrón monetario que el mercado seleccionó en numerosos países, como EEUU, Inglaterra o China (donde todavía subsiste hoy en gran medida el patrón plata). De hecho, el oro y la plata se usaron hasta finales del siglo XIX de manera intercambiable: la plata para pequeños pagos y el oro para los grandes. Sin embargo, las normas estatales (como la Peel Act en Inglaterra y el crimen del 73 que impusieron el patrón oro o las leyes bimetálicas que infravaloraban a la plata con respecto al oro, forzando su expulsión tal y como describe la Ley de Gresham) en conjunción con las innovaciones metalúrgicas que permitieron abaratar la producción de pequeñas cantidades de oro, terminaron desmonetizando parcialmente la plata cuyo precio se hundió con respecto al oro (de valer una 1/12 parte de oro a una 1/65 en la actualidad, aun cuando en ocasiones se ha situado alrededor de 1/20 como en los años 80). En cuanto a propiedades físicas, es un poco menos maleable y dúctil que el oro, además se oxida con el ozono y se corroe con algunos ácidos y sustancias (basta que contengan azufre, como los huevos).

    Sin embargo, la plata presenta la ventaja de un menor valor unitario que, si bien eleva los costes de almacenamiento y transporte, la hace adecuada para pequeñas transacciones donde utilizar el oro puede ser prohibitivamente caro: la moneda más pequeña de la actualidad, de tres gramos de oro, tiene un valor de 90 dólares mientras que tres gramos de plata son 1,5 dólares. En un sistema monetario libre, es posible que el oro se utilizara como depósito de valor, ocasionalmente como medio de cambio (ya que las cámaras de compensación son superiores en este sentido) y que la plata se empleara, en su caso, para transacciones diarias de valor mucho más reducido. En todo caso, las reservas de oro podrían complementarse sin demasiado riesgo con las de plata (en China lo están haciendo), ya que al igual que el oro tiene un ratio stock/flujo muy elevado, superior a 70.