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El pensamiento monetario de Juan de Mariana (IV): implicaciones políticas

Resulta tentador terminar por donde comienza Juan de Mariana, pero en realidad es aquí donde debemos referirnos a ello.

Me refiero al aspecto ético del análisis que hace el Padre Mariana. Hay un mismo proceso con dos aspectos diferentes, uno económico y otro ético. Cuando triunfa la ética y los asuntos se ajustan a lo que decía Ulpiano que es la justicia (La constante y perpetua voluntad de conceder a cada uno su derecho), la economía florece. Y cuando esos derechos se violan, se producen procesos sociales perversos desde el punto de vista económico. De modo, como digo, que ética y desempeño económico están unidos. Juan de Mariana aborda las dos cuestiones, la económica y la ética.

Para acercarnos al pensamiento de Juan de Mariana, vamos a retrotraernos a De regis. En esa obra, dice estas palabras:

“No hay razón alguna para que nos mandemos unos a otros. Si para nuestro propio bienestar necesitamos que alguien nos gobierne, nosotros somos los que debemos darle el imperio, no él quien debe imponérnoslo con la punta de la espada”.

Palabras extraordinarias, sin duda. Y añade que “Nuestro derecho es imprescriptible”. Como consecuencia de ello, “todo poder que no descansa en la justicia no es un poder legítimo; y es de todo punto indudable que no descansa en ella el que no ha recibido su existencia del pueblo”.

No sólo su poder es delegado y es sólo justo cuando se lo ha concedido el consenso del pueblo, sino que los medios con los que ejerce su poder sólo son justos si se los concede el pueblo. Ocurre con los impuestos. Según deja claro nuestro autor en De regis, los impuestos sólo se pueden recaudar con el consentimiento del pueblo.

Si la legitimidad del Rey surge del consenso, de la aquiescencia del pueblo, si los impuestos que obtiene son entregados voluntariamente por el pueblo, ¿qué ocurre cuando el poder se ejercita contra ese consenso? Y ¿qué ocurre cuando se extraen impuestos sin el consentimiento del pueblo? Que el Rey pasa a convertirse en un tirano.

Aquí es donde encaja la teoría del tiranicidio, que Juan de Mariana defendió con especial brillantez. Pero no vamos a entrar en eso, sino en la relación que tiene con la teoría monetaria. El libro arranca exponiendo las siguientes ideas:

La primera es que el Rey no es “señor de los bienes particulares de los vasallos”. Dice que los reyes tienen el poder de la república, en un primer momento, porque la defendieron en el contexto de una guerra. Y que luego, ya instalados, se les entregó el gobierno en los civil y criminal, y que para ejercer esas funciones se les otorgaron determinadas rentas. Pero que ello no le da título sobre el resto de bienes de la sociedad, ni siquiera en el caso de que la república esté en guerra.

Según dice Mariana, “el tirano es el que todo lo atropella y todo lo tiene por suyo; el rey estrecha sus codicias dentro de los términos de la razón y de la justicia, gobierna los particulares, y sus bienes no los tiene por suyos ni se apodera de ellos, sino en los casos que le da el mismo derecho”.

Segunda idea: Puesto que los bienes de los vasallos no le pertenecen, no podrá cargar pechos sobre ellos (es decir, gravar impuestos), sin su consentimiento. Y utiliza estas palabras: “Si el rey no es señor de los bienes particulares, no los podrá tomar todos ni parte de ellos sino por voluntad de cuyos son”. Y cita una bula, In coelia domini (Señor en el cielo), que excomulga a los que imponen nuevos tributos sin tener derecho a ello.

Tercera idea: rebajar el contenido de la moneda y mantener su valor legal es una extracción de los bienes de los vasallos y, por tanto, es equivalente a un impuesto. Y si lo es, está sujeto al mismo juicio que éstos: no se podrá rebajar la moneda sin el consentimiento del pueblo, y hacerlo convierte al rey en un tirano. Es más, dice Mariana: “Y aún sospecho yo que nadie le puede asegurar de incurrir en la excomunión”.