Usted está aquí

El problema no son las <em>fake news</em>, es el sectarismo

Este lunes amanecimos con la noticia de un atentado en un centro islámico en Quebec, Canadá. Las primeras reacciones en las redes sociales fueron de repulsa por parte de los detractores de Trump ya que parecía un atentado islamófobo. Según pasaban las horas la falta de información y, posteriormente, la noticia de la detención de un hombre musulmán relacionado con los hechos hizo acallar estas voces al mismo tiempo que se disparan las del sector trumpista, que empezaban a reprochar el intento de manipulación del atentado antes de tener información suficiente. Finalmente, a última hora del día, la policía canadiense aclaró que el musulmán vinculado al atentado era un mero testigo, se estableció la autoría del mismo en un ciudadano canadiense no musulmán. Esta nueva información nos devolvió al punto de partida respecto a las redes sociales, con el añadido de que ahora se podían complementar con los correspondientes zascas al sector trumpista por pasarse de frenada horas antes.

Nótese que en toda esta historia no han aparecido las famosas fake news. Todas las reacciones absurdas que se relatan se basan en noticias de teletipos o incluso de la cuenta oficial en las redes sociales de la policía canadiense, que como es lógico no pudo dar toda la información desde el principio, ya que primero les tocó averiguarla.

Este ejemplo por sí solo debería bastar para dejar claro algunos puntos que se están obviando, bien por ignorancia o por fines más espurios, sobre las fake news:

Hoy en día tenemos la capacidad de estar informados de hechos ocurridos a miles de kilómetros de distancia en prácticamente tiempo real y consumiendo la información directamente de la fuente. Nunca antes en la historia habíamos tenido esta capacidad, y va mejorando año a año gracias a la mayor transparencia de los actores implicados en las noticias (tanto estatales como privados) y a las nuevas tecnologías.

El sesgo de confirmación del que todos, y repito, todos, padecemos nos impide procesar correctamente esta información de tres formas conocidas por todos:

  • Filtramos la información según nuestras creencias.
  • Procesamos la información obviando las partes que colisionan con la información que ya consideramos verdadera
  • Recordamos la información que favorece a nuestras convicciones olvidando el resto.

Por lo tanto. no se necesitan de fake news para que una persona obvie una noticia real que no favorece a sus creencias (por ejemplo, que no existe islamofobia), ni para que siendo expuesto a la información decida sacar conclusiones distintas a las obvias (por ejemplo, que en realidad no estamos ante un atentado islamófobo), ni para que aunque haya sido expuesto a la información y acepte que se trata de un atentado contra los musulmanes, decida olvidar este hecho la próxima vez que analice en el futuro la situación de los musulmanes en Occidente.

Las redes sociales, como su nombre indica, te permiten crear una red de personas con las que emites y consumes información. A no ser que seas una persona con la capacidad de controlar, en la medida de lo posible, su sesgo de confirmación, esa información tiende a ser similar a lo que ya piensas, porque de lo contrario estarías expuesto a información que te incomodaría de forma constante.

Dicho de otra forma, si tu red social está llena de islamófobos, seguramente es porque tú también lo eres, y, por tanto, colaboráis para filtrar toda información que contradiga vuestro sesgo y potenciáis toda aquella que lo reafirme.

Esto se ve claramente en nuestro ejemplo, sin necesidad de fake news, al ver cómo los focos de las distintas redes (anti-Trump, pro-Trump) se encienden o se apagan según la noticia les favorece o no; primero se obvia (filtra), para después procesarla según los intereses aprovechando la falta de información, o su contracción, para, por último, no volver a mencionarla una vez que no puede ser utilizada (recordada) para provecho propio.

Una vez analizado todo lo anterior, ¿por qué se ha creado tanto revuelo con las fake news?

Principalmente por tres motivos:

  • Es un intento de explicar la victoria de Donald Trump. O mejor dicho, del fracaso de la mayoría de los medios de comunicación y élites intelectuales para evitar dicha victoria.
  • Exagerar su importancia encaja bastante bien con el sesgo de confirmación de la profesión periodística. Para un sector que está en vía de desaparición gracias a las nuevas tecnologías, culpar a estas herramientas de desinformar, y por tanto, reafirmar lo necesario que es que se siga contando con ellos como intermediarios, es tan compresible como que los taxistas demonicen Uber.
  • Un sistema descentralizado de información es bastante incómodo para todos aquellos poderes que se han consolidado con sistemas centralizados. Aprovechar los fallos de los primeros para intentar imponer los segundos es también algo bastante natural.

En realidad, las fakes news no son un problema, sino el síntoma de dos problemas distintos:

  • El error de dar más credibilidad a noticias claramente sensacionalistas porque provienen de sus conocidos (y de compartirlas para sentirse importante/útil en tu círculo social). Este problema existe desde siempre y ha sido potenciado por internet y las diferentes vías de comunicación masivas que ha proporcionado (email, Facebook, WhatsApp). Como cualquier problema relacionado con la ignorancia está vinculado a la mejora de la educación de la sociedad a largo plazo.
  • La exclusión de la mayor parte de los medios de comunicación de masas de ideas que todavía tienen cierta popularidad entre la población, que se potencia con la reacción de estos mismos medios cuando intentan desmarcarse aún más de cualquier dato que reafirme estas ideas y propicie que su popularidad crezca. Por seguir con el ejemplo anterior, intentar ocultar de forma absurda el origen de los terroristas implicados en un atentado cuando se interpreta que decirlo abiertamente lleva implícito reacciones contra la comunidad islámica.

Así, noticias que de otro modo serían descartadas por no haber sido informadas por los medios de comunicación habituales, pasan a ser creíbles para esa parte de la población precisamente por eso.

Recordemos cómo funciona el sesgo de confirmación: la fake news corrobora nuestra idea "políticamente incorrecta" y que no haya sido informada por los medios de masas corrobora a su vez la creencia de que estos censuran lo "políticamente incorrecto".

Por lo tanto, traspasar la censura a las redes sociales solo servirá para que estas sean consideradas como medios de masas, y sus checks de calidad de información sean igual de irrelevantes para un sector de la población, que se pasará a otros medios que les permitan expresar o consumir sus ideas sin censura.

Y de este modo se potenciará un problema que sí es real. Porque no hay demasiada seguridad sobre la influencia de las fake news en la victoria de Donald Trump, pero de lo que sí hemos sido testigos es de que una parte importante de la sociedad americana (con sus élites la cabeza) y la casi totalidad del resto de Occidente, no solo no han sido capaces de predecir el éxito del empresario americano, sino que se tomaban directamente a guasa que fuera capaz de ganar. Y estos errores solo se pueden dar cuando se opta por ignorar masivamente la realidad.

Por lo tanto, sería recomendable que dejáramos de esconder las ideas que no nos gustan debajo de la alfombra, y (por muy difícil que sea) empecemos a interesarnos por ellas, no solo porque no se puede combatir lo que no se entiende, sino porque no se puede procesar correctamente la realidad si nos negamos a ver la parte que no nos gusta.

Tenemos los mejores medios de comunicación de la historia de la humanidad. Ahora solo falta que superemos ese sectarismo tan humano que nos impide sacarles provecho.