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Elecciones al supermercado del barrio

Como estamos en vísperas de las elecciones autonómicas y locales, y todos los ciudadanos estamos llamados a participar de esta, nuestra “fiesta de la Democracia”, aprovecho este espacio para un pequeño ejercicio de imaginación. Ojalá nos sirva para reflexionar sobre lo que de verdad significa eso de elegir gobierno.

En todos los barrios y casi todos los pueblos de España hay un supermercado, o al menos una pequeña tienda de comestibles. Tradicionalmente, este comercio es regido por su propietario, quien se encarga de comprar las mercancías que cree que se demandan en su barrio o pueblo, y venderlas obteniendo un beneficio. Si el tendero no acierta con lo que sus vecinos quieren, estos no le comprarán, y buscarán tiendas en barrios o pueblos cercanos que satisfagan mejor sus necesidades. Algo parecido pasará si el tendero trata de poner precios muy caros a esos productos. Incluso puede llegarse al punto en que alguna otra persona del pueblo decida poner su propio supermercado, a la vista de las deficiencias presentadas por el primero.

En esencia, esta es la forma en que funciona el mercado para satisfacer las necesidades de los individuos, y el supermercado del barrio no puede escapar a estas leyes. Pero ello significa una cosa: están alineados los intereses del propietario del comercio con los de los individuos del barrio. Solo en la medida en que estos últimos estén satisfechos, podrá sobrevivir e incluso medrar el tendero.

Imaginemos ahora que en uno de esos barrios o pueblos, los habitantes se convencen de que el mejor sistema para gobernar el supermercado es el democrático, y con argumentos tan convincentes que el mismo propietario no tiene inconveniente en que así se haga. En otras palabras, en adelante el dueño-gerente del supermercado será elegido mediante sufragio directo por los mayores de 18 años empadronados en el barrio, elecciones que se repetirán cada 4 años. El mismo sistema, más o menos, que se aplica para elegir Alcalde, presidente de Comunidad Autónoma, y presidente del Gobierno. Veamos qué ocurre.

El criterio que hasta ahora imponía el mercado venía siendo el de eficiencia en el servicio a los individuos, como se ha explicado más atrás, eficiencia en la gestión si se quiere. Ahora cambia el criterio, por múltiples razones. Ya no solo influye la capacidad de gestión, entran en juego otros aspectos como la simpatía, la imagen, la capacidad de convicción… Y esto es así porque gente que no utiliza el supermercado, o lo visita con poca frecuencia, estarán en igualdad de condiciones para elegir el gerente que aquellos que lo utilizan más intensivamente. Estos últimos sí son capaces de votar la gestión, pero los demás ¿con qué criterio votarán? Eso hace que el gerente del supermercado, en vez de dedicarse a gestionar el supermercado, deba estar pendiente de otros muchos aspectos que poco o nada van a mejorar la calidad del servicio a sus clientes, como ser simpático o decir cosas divertidas, o salir en medios de comunicación, o intrigar contra posibles gerentes rivales. Y ello es así si quiere mantenerse en su puesto tras las elecciones.

Ad sensu contrario, los menores de 18 años, asiduos clientes a la sección de chuches, posiblemente se queden sin servicio, puesto que no tienen derecho a voto, y lógicamente el gerente va a tender a olvidarlos frente a los otros posibles votantes.

Pero sigamos más allá: si el cargo electo lo es por un criterio distinto del de la mera eficiencia, entonces es muy probable que su capacidad de gestión sea inferior a la del propietario. En primer lugar, porque normalmente no tendrá experiencia en gestionar supermercados, dado que no era dueño de ninguno y en el pueblo o barrio solo había uno. Por tanto, de un plumazo, nos hemos quitado, gracias al sistema democrático, la experiencia de gestión obtenida por el actual gestor, algo que se puede repetir cada cuatro años. En segundo lugar, porque puede que sus cualidades no tengan nada que ver con la eficiencia en la gestión de supermercados, dado que se le ha elegido por gente a la que realmente no preocupaba demasiado dicha gestión, como se ha explicado más atrás. Y en tercer lugar, porque carece de incentivos para adquirir esta experiencia, dado que solo va a ser uno de muchos aspectos por lo que se le juzgue para mantenerse en el puesto, y a lo mejor prefiere dedicarse a los otros.

¿Y qué pasará al final del periodo de gerencia? ¿Qué incentivos tiene el gerente saliente para mantener el supermercado en condiciones para su sucesor? Casi ninguno, más bien al contrario: si utiliza los recursos a su disposición para conseguir votos (por ejemplo, regalando productos) a lo mejor consigue prolongar su gestión. Y si no consigue mantener el cargo, los problemas los tendrá su sucesor, no él.

Como se puede observar en esta historieta, sería de locos que un barrio eligiera al gerente del supermercado mediante un sistema democrático. El barrio que tal hiciera se encontraría en poco tiempo con un supermercado poco adaptado a sus necesidades, caro y, a no mucho tardar, sin supermercado. Afortunadamente la situación no sería catastrófica, porque los vecinos podrían buscar otras formas de aprovisionarse en barrios o pueblos cercanos, y subsanar así el error cometido al pasar a la gestión “democrática” descrita. ¡Y sin esperar cuatro años!

Cuando la gente vote el domingo, estará eligiendo de golpe y porrazo a los gerentes de montones de servicios. En vez de elegir al gerente del supermercado, estará, con un solo voto, eligiendo al gerente del colegio, al gerente del hospital, al gerente de las calles, al gerente de la policía, a miles de gerentes de miles de servicios. Además, quedan elegidos para los próximos cuatro años, caiga quien caiga. Con el agravante de que no podrá votar por los pies e irse a un sitio cercano a adquirir los servicios educativos, sanitarios… que quiera.

Si alguien se pregunta por qué estos servicios no desaparecen (como le ocurre al supermercado de la historieta), que no se olvide de los impuestos que religiosamente debe pagar, y de los que hemos privado a la citada tienda.

Por mi parte, tengo claro que si la democrática no es forma para elegir al gerente de un simple supermercado, mucho menos lo será para servicios tan importantes como los antes dichos. Que se vayan con la “fiesta de la Democracia” a otra parte.