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Emprendedores heroicos

Como es bien sabido, la figura del emprendedor es un elemento clave para entender el funcionamiento de la economía, al menos según la teoría económica austriaca. El emprendedor es el verdadero motor de la economía, no en el sentido de creación de riqueza, que también, sino a efectos teóricos de conseguir que las magnitudes económicas tiendan a comportarse como dice la teoría. Podemos tener teoría del valor, del precio o del tipo de interés, pero ninguna de ellas funciona cuando no hay un emprendedor dinamizando el mercado (y lo que es increíble es que la teoría económica mainstream se haya forjado sin tener en cuenta esta figura).

Uno de los misterios por resolver es identificar qué es lo que impulsa a un emprendedor. Tradicionalmente, la motivación que se atribuye al emprendedor es la obtención de riqueza: la gente que emprende lo que quiere es ganar dinero, mucho dinero, cuanto más mejor.

El modelo de comportamiento del emprendedor postulado por la teoría económica austriaca responde, en principio, a esta visión: los emprendedores están alerta para identificar posibles desfases de valor en los bienes; cuando creen que un bien se está intercambiando por debajo de su valor, y siempre mediante el cálculo económico, tratarán de hacerse con ese bien y transformarlo (con ayuda de otros recursos) para llevarlo a una nueva utilidad en la que él cree que tiene más valor.

Si su apreciación ha sido correcta, será capaz de obtener un mayor precio por el bien así comercializado, quedándose él con un beneficio (la diferencia entre los ingresos obtenidos y los costes incurridos) y así enriqueciéndose. Por supuesto, puede equivocarse en su apreciación, y entonces no será capaz de recuperar los costes incurridos, y perderá dinero, con lo que llegará incluso a arruinarse.

Y, sin embargo, este no parece ser el patrón de muchos emprendedores, especialmente de los de éxito. Por ejemplo, ¿qué impulsa a tipos como Jeff Bezos, uno de los tipos más ricos del mundo (algunos días, el más rico), a seguir emprendiendo y lanzando nuevas ideas en Amazon? Si solo le moviera el dinero, ¿no habría dejado ya de emprender? Cuando Larry Page y Serguei Brin lanzaron su buscador hará 20 años ni siquiera sabían cómo podían ganar dinero. Y a Mark Zuckerberg le hemos oído decir que el dinero no juega un papel importante en su vida (bueno, al menos eso dice su alter ego en la película La red social. Espero que sea una cita cierta).

Aún siendo llamativos los casos anteriores si atendemos a la concepción teórica de emprendedor, aún lo son más los emprendedores a los que dedico este artículo. Y es que Bezos, aunque siga emprendiendo, no asume riesgos vitales en su tarea. Lo único que puede perder es su dinero, quizá mucho dinero, pero no su vida.

Pero ¿qué podemos decir de los españoles que acometieron la conquista de América? Estos tipos también eran emprendedores. Lo hemos oído muchas veces: gente sin oficio ni beneficio que iban a América a labrarse su fortuna, arriesgando el principal activo que todos tenemos: la vida. Por eso sorprende ver que, en muchas e importantes ocasiones, este no era precisamente el perfil del descubridor-emprendedor.

Bastantes de los nombres que conocemos eran de gente ya acomodada, y bien acomodada, cuando se lanzaron a la aventura por la que han pasado a la historia. De hecho, no se olvide, los conquistadores españoles iban con el permiso y la garantía real, pero eso era todo lo que ponía la Corona. El resto de la inversión corría por cuenta de los aventureros, lo que hace pensar que ya tenían que disponer ellos mismos de bastantes medios propios o bien ser muy convincentes para conseguir la financiación.

Si no recuerdo mal, tanto  Hernán Cortés como Pizarro eran ricos en el momento respectivo de emprender las conquistas que les llevaron a la fama (aunque no cuando decidieron irse a América); Diego de Almagro emprende su aventura por el norte de Chile, ya enriquecido tras la conquista de Perú; Pedro de Valdivia, otro tanto, y además ya conocedor de las dificultades del periplo; Pedrarias Dávila tiene ya una fortuna considerable cuando se va a colonizar el Darien, y no digamos Pedro de Mendoza cuando se embarca hacia el río de la Plata (toda esta información ha sido leída recientemente en La cruzada del océano de J. J. Esparza). Hay más ejemplos, pero creo que la idea está clara.

Como vemos, el patrón de emprendedor se cumple: anticipan la inversión y, si la cosa va bien, se quedarían con las riquezas halladas y el dominio de los territorios, eso sí entregando la corona el quinto real (tasa impositiva del 20%). Otro día hablaremos del efecto fiscal sobre la motivación del emprendedor: ¿se hubieran lanzado a la aventura si en vez de ser un quinto real hubiera sido una mitad real, como padecemos ahora en España?

Pero, contrariamente a Bezos o Zuckerberg, cuando a estos emprendedores les iba mal, no solo estaba en juego su patrimonio, sino literalmente su vida. A estas aventuras se lanzaban sabiendo que muchas expediciones fracasaban, y que, incluso en las exitosas, las probabilidades de sobrevivir eran bajísimas. La vuelta al mundo de Magallanes y Elcano comenzó con 239 tripulantes de los que tan solo 18, repito 18, culminaron la exitosa expedición. Eso hace una probabilidad de sobrevivir del 7,5%.

Así pues, ¿qué impulsa a un emprendedor? Yo no lo sé, pero hay algo más, muchas cosas más que el dinero. Es más, cada vez estoy más convencido de que el emprendedor que emprende para “forrarse” normalmente fracasa como emprendedor. Por el contrario, me da la impresión de que los emprendedores que se han enriquecido iban buscando algo más que el dinero.

¿Ponen en cuestión estos emprendedores heroicos la teoría del emprendimiento y, por ende, la teoría económica? No lo creo: la teoría económica austriaca nunca se refiere a ingresos, costes y beneficios exclusivamente tangibles (o monetarios, si se quiere), sino que habla de estas magnitudes en términos psicológicos, al menos al definirlos. Luego es cierto que abandona esa componente para centrarse en aquello mensurable mediante un precio, pero ello no elimina la necesidad de tenerla en cuenta en los análisis hasta encontrar un motivo para descartarla. Obviamente, en el caso que nos ocupa, no podríamos obviar dicha componente.

Con esta conciliación entre emprendimiento y teoría económica, cierro este artículo. Sirva como homenaje para todos los grandes emprendedores españoles que conquistaron y colonizaron América, y a los que muchas veces no se les tiene en la consideración que merecen.