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En defensa de Iván Espinosa de los Monteros

Intento tener pocas fobias, o por lo menos no exponerlas en público. Por desgracia no he conseguido disimular nunca mi aversión a los políticos y a los periodistas. Por ello me va a parecer raro escribir algo a favor de un diputado de las Cortes, y actual portavoz de un grupo parlamentario.

No conozco al señor Espinosa en persona, pero sí he seguido sus intervenciones públicas desde hace muchos años. Concretamente desde que coincidía regularmente con María Blanco en una tertulia sobre economía. Era la época en la que era impensable que la derecha votara a otro partido que no fuera el PP y, creo recordar, no lucía esa envidiable barba.

Con los años cada vez he estado más en desacuerdo con sus opiniones. No es nada que no me haya pasado con mucha otra gente, por eso nunca dejo que eso me influya a la hora de valorar los logros que consigue cada uno.

Espinosa de los Monteros vio el nefasto Gobierno de Rajoy y su repulsivo PP y decidió dedicarse a formar una alternativa que defendiera a una parte de la derecha que no solo no estaba representada por nadie, sino que era profundamente despreciada por los políticos a los que votaba.

Y aquí hay que insistir porque mucho centrista y tipo moderado se comporta de forma más repugnante que cualquier ultraderechista real o imaginario. Todo el mundo se merece poder votar a un partido que no le desprecie abiertamente. La democracia tiene sus problemas, y gordos, pero para eso sí llega. Si no se entiende algo tan simple, a lo mejor es que hay más nostálgicos de Franco en el centro derecha moderado que en la Falange.

Volviendo a la historia y al personaje, después de 2014 yo siempre he pensado que Vox se iba a volver un partido de extrema derecha tipo europeo. Eso unido a un PP en minoría que difícilmente lo habría hecho mejor que el PSOE de Pedro Sánchez en este escenario de desaceleración y conflicto con el separatismo, le daba una ventana de oportunidad en unas elecciones en 2020 o 2021.

Las circunstancias, y no parece osado sospechar que algo de mérito tiene Espinosa, han hecho que Vox esté en el Congreso con grupo propio sin que la cosa haya tenido que degenerar tanto.

Eso y el resultado electoral en autonomías como Madrid y Murcia ya sería causa suficiente para que los personajes, algunos del mundo liberal, que se deshacían en elogios a Pablo Iglesias y los suyos en 2015 se hagan mirar por qué ahora guardan silencio o, peor aún, jalean campañas de desprestigio personal, que son gajes del oficio en política, pero que desentonan con gente tan intelectual y moderada.

Hay un último servicio que nos ha prestado Espinosa de los Monteros. Muchos nos hemos preguntado a lo largo de estos últimos 20 años por qué la derecha política nunca intervenía en casos sangrantes como condenas en casos de defensa propia u ocupaciones de viviendas. Gracias a Vox hemos podido ver que hay una derecha muy a gusto en su burbuja de cristal. Esa desde donde uno puede ver claramente la diferencia entre la defensa propia y el homicidio gracias a la capacidad de detectar cambios de tonalidad del gris solo al alcance de una computadora.

Y sí, son conscientes de que se pueden equivocar, pero siempre están dispuestos a que un pobre diablo pague el precio de que ellos puedan marcar distancias con el tipo de derechas de la calle.

A mí en esas que no me esperen. Seguiré en las antípodas de Vox en muchas cosas y según le vaya yendo mejor a Espinosa de los Monteros en política tendré menos motivos para elogiarle y más para criticarle. Pero entre los personajes grises que piensan que el mundo le debe todo, incluido su voto, y los tipos que se juegan la piel por lo que creen, mi respeto siempre irá para los segundos.