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¿Es deseable la transparencia en los mercados?

Uno de los fallos de mercado que identifican los economistas mainstream con la idea de justificar intervenciones en los mismos es el de falta de transparencia para la información, o existencia de asimetrías informativas. Esto es, que no todos los participantes en el mercado tienen la misma información, o que existen costes para su obtención.

Tal supuesto fallo de mercado es fácilmente trazable a una de las condiciones exigidas por el modelo de competencia perfecta, que es la referencia de buen funcionamiento de mercado utilizando por dichos economistas. En concreto, se exige que exista información perfecta para todos los participantes en el mercado.

La pregunta que se nos plantea es si realmente es deseable para el individuo y para la sociedad que los mercados sean perfectamente transparentes. Cuando se analizan otras de las condiciones exigidas por el modelo de competencia perfecta es relativamente fácil constatar que su cumplimiento sería malo para la gente. Por ejemplo, el supuesto de homogeneidad de bienes implicaría que todos los bienes son exactamente iguales y no habría diferenciación. Y, sin embargo, hay pocas dudas de que la existencia de variedad de bienes aporta riqueza a la sociedad, al satisfacer de forma más precisa las diferentes necesidades de cada individuo.

Idénticamente, el supuesto de empresas atomizadas supondría una merma de bienestar social, puesto que no se podrían explotar las economías de escala que permiten enormes ahorros de recursos, y que incluso han sido vistas como fundamentales para el desarrollo por algunos economistas como Lachmann.

Sin embargo, a primera vista podría parecer que la transparencia perfecta de la información, un mercado perfectamente transparente en que todo el mundo tuviera la misma información a coste cero, sí sería deseable para la sociedad. Si esto fuera así, estaría justificada la regulación del mercado para eliminar este fallo.

Dejemos de lado la evidente imposibilidad de conseguir tal objetivo, y centrémonos simplemente en analizar si ésta sería una situación óptima para un mercado real.

Empecemos por algo que puede parecer anecdótico. En un mundo de información perfecta, no existirían las sorpresas, pues todo lo sabemos a priori. Ello conllevaría de forma inmediata la desaparición de enormes segmentos de la industria del ocio, pues ya conoceríamos el contenido de libros, películas, canciones... según fueran creadas o puestas en el mercado. Incluso conoceríamos ya las sensaciones provocadas por posibles nuevas experiencias.

Todo ello supondría una pérdida de riqueza, pues la gente demanda sorpresas y las valora, lo que da lugar a las industrias citadas. De ello se deduciría que, al menos en determinadas industrias (las de la "sorpresa") la transparencia de información es indeseable para la sociedad. A la vista del análisis, creo que un economista mainstream coincidiría conmigo en que estas industrias no deberían regularse (para mejorar su transparencia).

Pero, ¿qué ocurre con las demás? Soslayando un nuevo inconveniente, el de identificar cuáles industrias son de la "sorpresa" y cuáles no, tratemos de progresar en el análisis. Sea cual sea la industria, estará basada en la utilización de factores de producción que, necesariamente, han de ser escasos. Por ello, cuando una empresa hace una oferta de un producto, el stock del mismo tiene necesariamente un límite.

La imperfección en la transparencia de la información fuerza a los individuos a buscar las ofertas que les convienen. Así, la citada oferta es más probable que sea encontrada por los individuos más interesados en el bien, de los que cabe esperar que más lo valoren. En este sentido, la falta de transparencia ayuda a que los recursos vayan allá donde más se precisan y valoran, por lo que es beneficiosa para la sociedad.

Desde otro punto de vista, la transparencia del mercado impediría la especialización del trabajo, pues todo el mundo sabría lo mismo, con independencia de quien generara el conocimiento. En estas condiciones, ¿quién tendría incentivos para generar conocimiento? Llevado al extremo absurdo, en un mercado transparente no sería necesario generar conocimiento, pues todo es conocido ya en el presente. Pero eso nos llevaría a deducir que si todo lo sabemos ya, es que ya estamos en la mejor situación posible y nada puede cambiar. Lo que nos lleva a la consecuencia de que en un mercado perfectamente transparente es imposible o no tendría sentido la innovación. En un mercado perfectamente transparente, por tanto, se ha creado ya toda la riqueza posible y lo único que cabe es apurar su reparto. En suma, se trata de un mercado que nos satisface perfectamente a todos, ahora y para siempre. ¿Es deseable un mercado así? ¿No podemos cambiar de preferencias?

Con todo, queda aún una objeción más grave a la conveniencia de la información perfecta. Y es que ello supondría que todos los individuos somos iguales. En efecto, aun aceptándose la existencia de información perfecta en el mercado para todos sus participantes, lo cierto es que cada individuo procesa dicha información de forma distinta, generando un conocimiento empresarial variable, en función de su contexto, experiencia, sensibilidad, interés... Así pues, una misma información puede dar lugar a reacciones completamente distintas en diferentes individuos. Por tanto, el supuesto de que todos los participantes tienen la misma información, implica necesariamente que todos generan el mismo conocimiento empresarial (pues es en este en el que se basan las decisiones) y, en definitiva, que todos los individuos son idénticos.

En mi opinión, si todos los individuos fuéramos idénticos, la sociedad sería mucho más pobre. No habría innovación, no habría ofertas, no habría "sorpresas". Pero seguro estoy de que nada de esto será óbice para que los economistas mainstream sigan pensando que un mercado funcionando con transparencia perfecta es el que maximiza el bienestar social.