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Esperanza Aguirre, 'sic transit gloria mundi'

Si había en la política española un reducto de cierto decoro liberal (dejando aparte a Aznar y su célebre "milagro" económico a lomos de una brutal expansión crediticia) ese era el Partido Popular de la Comunidad de Madrid ahormado por Esperanza Aguirre (muy de aquella manera, presumiendo sin rubor de construir febrilmente colegios y hospitales públicos, pero, en fin, al lado de los amenazantes asesores del chavismo que han convertido a Venezuela en un lugar infernal, aquello parecía la apoteosis del vegetarianismo). Es justo reconocer que el discurso del PP madrileño durante esos años fue en favor del libre mercado, promoviendo bajadas de impuestos (fundamental la supresión del impuesto de sucesiones y donaciones) o la eliminación a las restricciones en los horarios comerciales.

Para bien o para mal, Esperanza Aguirre era el liberalismo y el liberalismo era Esperanza Aguirre. A pesar de los esfuerzos de unos pocos por aclarar que el liberalismo es otra cosa (unas ideas cuyo encaje en la política resulta harto complicado), la realidad percibida es la que es... Pues bien, ese dizque liberalismo murió la semana pasada con la (esta vez definitiva) dimisión de Esperanza Aguirre, con lágrimas en los ojos, tras la detención de Ignacio González, su mano derecha (su mano izquierda, Francisco Granados, ya lleva dos años y medio entre rejas), acusado de desviar fondos públicos para su enriquecimiento personal. Y Esperanza Aguirre, según ha denunciado Jesús Gómez, en su momento uno de sus más estrechos colaboradores y exalcalde de Leganés, conocía perfectamente todo ese tinglado. Pero la respuesta de Aguirre cuando fue advertida de que Ignacio González estaba cobrando comisiones de OHL en Suiza consistió en acusar a Jesús Gómez de loco y de traidor y en defenestrarlo políticamente.

Por otra parte, como cabía esperar, particularmente desde Atresmedia, grupo mediático implicado en una trama, orquestada desde La Moncloa, para impedir que los tribunales persigan la corrupción del PP rajoyesco, no se ha tardado en identificar liberalismo y corrupción. Pero, ciertamente, lo de Esperanza Aguirre no era liberalismo y una hipotética puesta en práctica de las ideas de la libertad, por su propia naturaleza, nunca podría derivar en corrupción.

A propósito de la corrupción, que de manera muy aparatosa es presentada en los medios de comunicación (antes y ahora: los escándalos del felipismo en los 80 y 90, la PSOE en Andalucía, los Pujol y el 3% en Cataluña...) como la gran lacra de nuestra sociedad, merece la pena reflexionar sobre algunas cuestiones:

  • El único poder que existe en las democracias es el del Gobierno de turno. Un poder no sometido a control alguno. La separación de poderes es un imposible y la subordinación de cualquier estamento al poder político es absoluta. El BOE lo es todo y nada hay fuera del BOE.
  • La verdadera y más dañina corrupción no la encontramos en el enriquecimiento ilícito de unos cuantos políticos por cobrar una comisión por aquí o adjudicarse un contrato público por allá. La verdadera y más dañina corrupción reside en el inmenso e ilegítimo poder que los políticos detentan. Se trata de una corrupción silenciosa que pasa desapercibida en el día a día, pero sus efectos en forma de salvaje extracción de rentas, torrente regulatorio, grupos de presión tratando de imponer su agenda y procesos de ingeniería social a los que nos vemos sometidos son incomparablemente más nocivos para el cuerpo social que las coimas que se pueda llevar el concejal de turno.
  • En cualquier caso, habría que reparar en que en todos y cada uno de los casos de corrupción de los que tenemos noticia está involucrado el Estado. Siempre aparece una empresa pública, un contrato público, una obra pública... Sin Estado no habría corrupción. Esto no quiere decir que en el ámbito privado los agentes se comporten seráficamente, pero sí existen los mecanismos adecuados de internalización de costes que dejan sin sentido las prácticas corruptas. Los dueños de las empresas cuentan con todos los incentivos para velar por el correcto funcionamiento del proyecto. Con el Estado sucede al revés: los políticos privatizan en su propio beneficio, sin asumir ningún tipo de responsabilidad, cualquier negociado en el que se encuentren inmersos.
  • Existen pocas actividades menos edificantes que la política, particularmente en lo que concierne al funcionamiento interno de los partidos políticos, donde todo vale para sobrevivir. En cada caso de corrupción destapado se descubre la traición y el chivatazo de un compañero.
  • Si el mercado es el proceso de cooperación libre y voluntaria en el que las dos partes salen ganando, la política es el juego de suma negativa en el que solo prospera el menos escrupuloso, pero siempre a costa del conjunto de la sociedad.

Esperanza Aguirre, que no ha sido, ni mucho menos, lo peor de la política y, menos aún, lo peor de su partido, en su día lo fue todo. No obstante, sus palmeros habrían hecho bien en recordarle, del mismo modo que el maestro de ceremonias exhortaba al recién elegido sumo pontífice en las antiguas misas de coronación papal, sic transit gloria mundi: así pasa la gloria del mundo, siempre efímera. Y más todavía en la despiadada selva de la política.