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¿Esta vez es distinto?

History doesn't repeat itself but it often rhymes (Mark Twain).

In America nothing is older than our habit of calling everything new (Mark Twain).

“Esta vez es distinto” no es sólo el título de un libro, o la constatación de un hecho, racional y experiencial, siempre evidente; es, en muchos casos, la boutade con la que justificar -sobre todo a uno mismo- una falta de acción, o conformismo, que deriva de la pereza, de la ignorancia o del miedo; un mecanismo de defensa muy similar -paradójicamente- al que encarna el “ha sido así toda la vida [y no va a dejar, ahora, de serlo]”. No conozco a nadie que esté libre.

Para intentar comprender la realidad -en cualquiera de sus aspectos, también los sociales-, no podemos eludir la experiencia -lo pensase o no Mises, o quienes interpretan sus palabras-. No somos criaturas puramente racionales, ni tan incondicionadas como querríamos creer; y aunque los mitos de Platón fuesen ciertos, y todo fuese un simple recordar, desde que incluimos en la ecuación el dinamismo que genera el factor tiempo, sólo la Historia -como experiencia, pero en su sentido más amplio-, puede guiarnos en el proceso que permite salir del nosotros mismos más superficial para entender la naturaleza verdaderamente humana. Porque si existe algo a lo que llamar naturaleza humana, es que hay un sustrato permanente. Y sólo mediante el análisis y comparación del mayor número posible de elementos y sus reacciones (en el espacio y en el tiempo) podremos llegar a intuir una sustancia, que, en el caso de existir, es lógico que haga que la Historia rime.

Tendemos a tener una concepción lineal del devenir humano, heredada, quizás, aunque nos duela, de la concepción del hombre implícita en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Pero esa visión no tiene por qué ser incompatible con una suerte de progreso en espiral, rimador, como el que planteaba Tucídides.

Nunca antes había pasado algo como lo de la covid, pero a principios del XX tuvimos la mal llamada gripe española. Nunca antes los bancos centrales habían arriesgado tanto con los tipos de interés, pero así lleva Japón desde hace 30 años, y así ocurrió también tras la crisis del 29. En el largo plazo, la bolsa siempre sube, pero tras la crisis del 29, tardó décadas en recuperar niveles previos, y en la década de los sesenta y los setenta apenas se movió.

Hay, sin embargo, una cosa que nos debería preocupar más todavía que la covid o que la crisis: no es la primera vez que un país sale, aparentemente de la nada, para desafiar al poder hegemónico reinante. Se trata de un proceso que ya explicó Tucídides, y que se ha repetido muchas veces desde entonces. Esperemos que esta vez rime distinto.