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Estática y dinámica de la discriminación racial: el caso de <em>Figuras ocultas</em>

Desde hace unos meses está en los cines (espero que siga en cartelera), la película de referencia. En ella se nos cuenta la historia de tres mujeres negras[1] contratadas por la NASA y participantes de los albores de la carrera espacial. Estas mujeres viven y trabajan en Virginia, que en esos momentos era un estado segregacionista.

La historia de las tres “figuras ocultas” es en realidad una historia sobre la discriminación que sufren las protagonistas tanto por ser negras, como por ser mujeres, aunque quizá esta dimensión no sea a la que más relevancia se da.

Me voy a centrar únicamente en los aspectos de discriminación, pero es posible que se me cuele algún spoiler sobre el argumento de la película, por lo que pido disculpas anticipadamente.

Desde el principio se revela el grado de discriminación a que la NASA somete a sus empleados de color: tienen una dependencia de trabajo separada o utilizan cuartos de baño distintos, por ejemplo. Cuando la narración sale de las oficinas, las protagonistas se topan nuevas instancias de discriminación casi en cada lugar visitado, como las ocurridas en el autobús, en la biblioteca o en el instituto, y hasta en los juzgados.

Volviendo a la NASA, en este ambiente de discriminación, la mayor parte de los empleados blancos actúan sin plantearse el fondo de la situación; es más, ni siquiera las empleadas negras parecen planteárselo. Simplemente se acepta como es, por ambas partes. Que el cuarto de baño para gente de color quede a un kilómetro de la nueva oficina a la que han destinado a una de las protagonistas, es visto como normal, aunque ciertamente muy incómodo, por ésta. Sus nuevos compañeros blancos, incluido su jefe, no se preocupan ni conocen la situación.

La cafetera especial para negros que aparece al segundo día en dicha nueva oficina puede interpretarse como activismo prodiscriminación, pero seguramente el compañero que lo hizo no se lo planteó así, sino simplemente como algo necesario de acuerdo a las normas en vigor.

Desde esta situación inicial, las cosas van a ir cambiando. La extrañeza que supone al principio la presencia de la calculadora negra en la oficina de ingenieros rápidamente se supera. Para todos ellos, pasa a ser una compañera más, con la que tienen un trato normal. Eso sí, el cuarto de baño y la cafetera siguen siendo especiales.

En un momento dado, se suscita el problema de la distancia al baño, pero no como algo racial, sino como algo que dificulta el desempeño de la compañera negra, que llegado ese momento se ha mostrado como fundamental para el trabajo que se está realizando. Será el propio jefe quien ponga fin a la diferenciación de baños en cuanto lo sepa, pero no por la discriminación que suponen, sino simplemente por la pérdida de eficiencia que ello implica.

Incluso la relación con el ingeniero-jefe, quien parece a priori el más proclive a la discriminación por ver su credibilidad y prestigio amenazados, evoluciona conforme todos van conociendo a su nueva compañera. De hecho, el episodio de la firma conjunta del informe, a lo que al principio se niega, no se basa ni en raza ni en sexo, es simplemente que las “calculadoras” no firman los informes (una vez más, las normas). Eventualmente, el ingeniero-jefe reconocerá la aportación extraordinaria de esta “calculadora” y la dejara que co-firme los informes.

Al final de la película, es evidente que los compañeros de las “figuras ocultas” aprecian el desempeño de sus compañeras negras, y que no las discriminan. Es más, posiblemente no lo hicieron nunca, aunque aceptaran tácitamente las normas de discriminación, como aceptamos tantas otras cosas que se nos imponen sin reflexionar sobre su utilidad. Y, sin embargo, la NASA, la biblioteca, el autobús y en términos generales el Estado sigue discriminándolas. Y ello pese a que, como nos informa otra de las protagonistas, pagan los mismos impuestos que sus conciudadanos blancos.

Esta es para mí la lección de esta película: la mayor parte de los individuos no discriminan/discriminamos, al menos no en el estado natural. Y aunque discriminemos, raramente lo hacemos en términos concretos: nuestra discriminación está llamada a desaparecer en cuanto conocemos y tratamos a la persona afectada, y comprobamos que es como nosotros, con sus virtudes y defectos, pero como cualquiera de nosotros. Las personas que discriminan voluntariamente son normalmente las más perjudicadas por su decisión. Piénsese por ejemplo en el empresario que decide no servir a personas de otra raza, lo único que consigue es perder clientes potenciales.

Pero la historia es muy distinta cuando la discriminación es realizada por el Estado o en dependencias estatales. Aquí el perjuicio de la discriminación no recae sobre el que discrimina, que solo recolecta los beneficios que se puedan obtener de la misma. El burócrata que decide que la NASA ha de tener un baño específico para personas de color no soporta los costes de tal discriminación, como la pérdida de eficiencia que padece el jefe, y sí los beneficios de sus mejores condiciones relativas.

Ello, sin olvidar que la burocracia estatal es siempre lenta en sus reacciones: el empresario que discrimine, reaccionará rápidamente al detectar el perjuicio que está sufriendo. En cambio, el Estado puede tardar años en implementar una nueva política, incluso tras ser perfectamente consciente de los daños que la política previa le está produciendo.

Figuras ocultas nos muestra la verdadera problemática de la discriminación (en este caso, de raza), y cómo su origen no está en la dinámica individual, sino en la estática institucional. Esto es, en la discriminación organizada e impuesta por las instituciones estatales.

De hecho, creo que la escena inicial de la película resume ya por si sola este contenido de la película. Ese policía sospechoso al ver a tres mujeres negras en la carretera al lado de un coche averiado se transforma en el más servicial individuo en el momento en que traba conocimiento con las protagonistas y conoce su misión. Esta es la dinámica individual que afortunadamente es capaz eventualmente de reventar la estática institucional.

[1] Sustitúyase por el calificativo que se considere políticamente correcto en este momento.