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Ética y mercado

Éste ha sido el título de una de las mesas del XI Congreso Católicos y Vida Pública que suele celebrarse todos los años por estas fechas en el CEU San Pablo de Madrid. Consta de sesiones plenarias, ponencias y comunicaciones. El sábado 21 de noviembre, abrió la jornada Manuel Pizarro hablando sobre el Orden social y económico, con algunas afirmaciones que luego se han repetido en los medios: “toda decisión económica tiene consecuencias morales” o “la crisis actual es más de valores que económica”. Hablaremos en seguida sobre ello. Pero, sobre todo, despertó interés su abierta crítica a la inyección de dinero público en la banca, puesto que “no se puede subvencionar al que lo hace mal para que siga haciéndolo mal con dinero público e impida que entre al que lo hace bien”.

A continuación hubo varias ponencias sobre Mercado y Ética, con una Mesa Redonda moderada por el catedrático de la Universidad de Navarra, Rafael Alvira. En su presentación explicó que las realidades del “mercado” y del “capitalismo” son categorías naturales: no son conceptos discutibles. Otra cosa es el ejercicio más o menos virtuoso de las actividades que las constituyen. Y nos ofreció una interesante lectura de Adam Smith, como filósofo moral más bien poco optimista respecto a la capacidad del ser humano para alcanzar la virtud (lo que basaba en algunas lecturas jansenistas del profesor de Glasgow). Alejandro Chafuen, Director de la Fundación Atlas (USA), también se refirió a la necesaria relación entre economía y principios morales. Nos contó cómo ha estudiado a fondo los precursores escolásticos de Adam Smith, los maestros de la Escuela de Salamanca (justamente había presentado el día anterior una nueva edición de su libro Las raíces cristianas del libre mercado). Y señaló cómo la corrupción no siempre es culpa de la codicia; a veces también proviene del exceso de intervencionismo (recordando la crítica de Juan de Mariana a las manipulaciones monetarias de Felipe III).

Otros ponentes fueron la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Mª Isabel Encinar, el Presidente de Reny Picot, Francisco Rodríguez García, o el Director de Caja Almendralejo, Fernando Palacios. Y después de un turno de preguntas se presentaron varias comunicaciones, entre las que intervine hablando sobre “Responsabilidad social vs responsabilidad individual”, de la que me permito resumirles las siguientes ideas:

La primera: constatar que el inicio de la crisis económica trajo consigo una reflexión sobre los fundamentos morales del sistema capitalista, revisando las propuestas de Adam Smith y la posterior derivación utilitarista con John Stuart Mill, como posibles causas de algunas limitaciones, debilidades o errores de la economía de mercado. En mi análisis concluyo que sí existen razones para someter a crítica muchas conductas irresponsables y/o delictivas, supuestamente amparadas en la libertad de mercado; pero destacando que siempre se trata de acciones individuales sometidas a un juicio sobre la conducta personal, y no a un inexorable destino del marco institucional “capitalista”.

Como contrapartida a todo ello, sostengo que es posible encontrar unos principios de organización “capitalista” coherentes con los valores de la ética cristiana (y más en concreto, acordes con la Doctrina Social de la Iglesia), y que yo remito a los escritos de los maestros escolásticos de la Escuela de Salamanca en los siglos XVI y XVII. 

En segundo lugar, planteo una contraposición entre los términos de responsabilidad social y responsabilidad individual. También con la crisis han proliferado los congresos, los libros, las asociaciones sobre RSE o RSC. Pero con el peligro de convertirlo en un discurso formal, vacío de contenidos.

Estimo que la causa se debe a que nos desorientamos en el análisis sobre la toma de decisiones sociales; y hago un paralelismo con la protesta de Hayek contra la mal llamada justicia social (que él calificó de “espejismo” en su gran obra Derecho, legislación y libertad). Hayek desconfiaba del constructivismo racionalista y de las propuestas de reforma basadas en los cambios sociales, en vez de las conductas individuales. En este libro citado concluye que la justicia social no existe; solo puede hablarse de una justicia distributiva (que relaciona a los individuos con los gobiernos) y una justicia conmutativa (para las relaciones personales). Remata su argumento recordando cómo en la Unión Soviética los mayores crímenes se ocultaron bajo el nombre de la justicia social.

Y en tercer lugar analizo muy por encima la Encíclica de Benedicto XVI Caritas in veritate, como actualización más reciente de la DSI (y que ya glosé también aquí: http://www.juandemariana.org/comentario/3990/enciclica/caritas/in/veritate/ ). Porque ocurre que, después de todo lo dicho, nos encontramos ante una nueva propuesta para el ejercicio de la justicia. El Pontífice interpela en su Carta a una reflexión sobre los intercambios entre iguales (justicia conmutativa) y sobre el papel del Estado en las relaciones económicas (que sigue llamando justicia distributiva); pero aquí introduce un nuevo elemento, el papel de la gratuidad, del don, al que llama justicia social.

¿Cuál es el contenido de esta nueva categoría de la Justicia? ¿Es otra manera de referirse a la subsidiariedad? Parece que nos encontramos en un interesantísimo atolladero del que habrá que procurar salir con estudio e imaginación.