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¿Existe el derecho a la preservación demográfica?

¿Tenemos derecho a que la sociedad no cambie? Eso es lo que parece supuesto en la corriente nativista que es fundacional de la nueva derecha, sobre todo en Estados Unidos y en Europa, en España particularmente con Vox. En el primer país hay una alarma demográfica que se expresa bajo la frase “este no es el Estados Unidos en el que crecí”. Refleja un malestar por el cambio cultural que trae la inmigración y que aleja al entorno del formato que conocían. Se manifiesta en gente que no soporta oír que se habla otro idioma en su país. Algunos de los inmigrantes no saben y no se interesan por hablar en inglés. En España Vox quiere echar a inmigrantes ilegales y promover las familias numerosas de españoles nativos que compartan su religión, que se supone que era universal. El cristianismo conquistó a Europa justamente por su universalidad, pero será invocado así, contra la universalidad.

Supongamos que eso esté pasando tal como se teme, porque hay más sensibilidad a veces que realidad, y que estos países de verdad ya no son lo que eran y nada más que por la inmigración, dejando de lado otros factores como el mero paso de las generaciones ¿De dónde nace el supuesto derecho a la preservación de la forma de vivir anterior (¿pura?)? ¿Alguno de nosotros individualmente tiene el derecho de obligar al vecino a hablar nuestro idioma siquiera?

Se supone que el Estado monopoliza colectivamente el derecho de defensa y si defendemos que la única legitimidad del uso de la fuerza es esa, la organización política no tiene derecho a hacer nada que nosotros mismos no tengamos derecho a hacer, porque el Gobierno resulta ser una mera extensión de nuestros derechos. Si tuviéramos el derecho a preservar el idioma ¿se podrían prohibir los neologismos?

Se entiende que se extrañe algo. ¿Quién no ha sentido nostalgia por alguna parte del pasado? Pero ¿los sentimientos dan derechos? Esos sentimientos hechos derechos y llevados a la política ¿qué implican? ¿Cómo imaginan los restauradores del pasado que el Estado podría reconfigurar a la sociedad para que sea como era antes sin altísimas dosis de violencia? ¿Y el plan resultaría? ¿Sería la misma de antes una sociedad policialmente recuperada con un Estado guardián de “lo que éramos”? ¿El Estado está para hacer aquello que nosotros no podríamos hacer por nuestra propia fuerza, respondiendo a nuestros gratuitos sentimientos? Este vínculo entre la nostalgia y la política realizándola parece ser una alianza que no responde a ética alguna más que a la capacidad, gracias al Estado estructurado sobre la base del rule of law, de hacer daño.

Somos dueños de nuestra casa, nuestro auto, nuestro dinero. Somos dueños de hablar el idioma que nos permita comunicarnos con quien nos interese y también de no comunicarnos. Si existe el derecho a no hablar, pareciera que es difícil sostener que se tiene que hablar un idioma determinado.

La lengua no fue diseñada por el Estado, ni siquiera por la nación. No es el fruto de otra cosa que de la comunicación de individuos. Donde yo vivo, en la Florida, se destruyen dos idiomas: el inglés y el castellano y estéticamente puede parecerme feo, pero no más que el reguetón ¿Qué hace que alguien pueda ejercer una violencia mediata sobre el idioma, o el tipo de gente que es aceptable en la ciudad o el país, pero no a un nivel más local? ¿Por qué no me explica alguien la razón por la que no puedo hacer sacar de mi barrio a los que se comen las “eses” al hablar o dicen palabras como “articular”? Haríamos así de la nostalgia una nueva forma de legitimación del uso de la fuerza. La respuesta creo que es sencilla. Para un nivel de violencia hay una ideología pertinente y un aparato de fuerza disponible: el nacionalismo y el Estado, para el resto de los niveles o añoranzas, deberían inculcar otras divisiones colectivas de las que las escuelas no se han ocupado como de propagar el nacionalismo.

Lo cierto es que no existe derecho alguno a cambiar la sociedad, impedir que cambie, detener el cambio o retrotraerlo. El nacionalismo actúa como una mera anteojera, funcional al uso del poder estatal, por la cual el extranjero al que le acabo de comprar el hot dog en algún momento es un “otro” y el que nació en la misma nursery que yo, el mismo día, al que no volveré a ver y cuya vida no me interesa en absoluto, es un “nosotros”. ¿Y qué es lo único que tenemos en común que genera este uso de la política? Al Estado, pero no a cualquier Estado, sino a un Estado según una sola ideología: el nacionalismo, sin que esto esté sustentado por teoría de la justicia o ética alguna. Es la creación de una aspiración emocional y de una melancolía y una cuadrilla de hampones a disposición.

Se le podrá llamar “cultura” también. Eso es algo que se supone que comparto con los condenados por homicidio que pueblan las cárceles argentinas o con el Che Guevara. Una cultura que no hicieron ellos, ni hice yo y que no es fruto del Estado ni del cuidado del Estado, sino del cambio permanente, en la que se le dice “laburo” al trabajo y que nos lleva a gesticular como los italianos, de cuyo idioma se incorporó aquel vocablo, pero que comparte el gusto musical por las bandas inglesas. Pero a los políticos les conviene convocarnos a una versión mística y colectivista de la cultura. No hay estafa que se les escape.

La sociedad no es lo que era, es lo que es. Lo que era a su vez se realizó dejando de lado lo que era incluso antes. Los individuos que se incorporan del otro lado de la línea, para el alcance del Estado, no tienen ninguna diferencia con los que ya estaban aquí, ni en cuanto a derechos, ni en cuanto a expectativas o capacidad de intercambios. O tal vez solamente tengan ventajas, porque incorporan alternativas de idioma, de conocimientos específicos y de técnicas de producción. La “cultura” no tiene nacionalidad alguna. Si mi barrio se llena de sitios de comida china es porque alguien la compra.

El nacionalismo consiste en una ideología para dialogar con el Estado, que se contradice con los vínculos diarios, porque los nacionalistas también son parte del cambio, los que llegan y los que los reciben, pero nadie tiene derecho a parar eso.

¿Qué límite tendría el Estado si su función fuera reparar la nostalgia de parte de la población? Ninguno.  

No deja de asombrar la asociación que hay en este momento entre cristianismo y nacionalismo, bajo la forma de esta planificación demográfica racista y temerosa del extranjero como tal. Es el cristianismo protestante en Estados Unidos el que quiere recuperar la sociedad blanca (no hispana, que es una subcategoría creada para no confundir con una minoría negra, que siga siendo minoría) y el catolicismo de Vox, obviamente hispano, que cree en un único Dios creador del universo y no le parecen iguales los españoles a los japoneses.

Hay un problema de seguridad con el terrorismo islámico, pero no por ser distintos colectivamente a los cristianos, que también tienen y han tenido su terrorismo propio, sino por terroristas Ahí está el último atentado sufrido en Colombia, perpetrado por el ELN, creado por teólogos de la liberación ¿Por qué correr el problema del terrorismo hacia la nacionalidad? Eso implica crear otro problema de seguridad, que es el nacionalismo y la reconfiguración del Estado.

Comentarios

Anónimo

¿Existe el derecho a la soberanía colectiva? De ninguna manera. Fin de la historia.

Siempre hay que procurar expresarse de la manera más abstracta, porque si limitamos nuestra crítica a sólo unas manifestaciones concretas de soberanía colectiva -o nos centramos sesgadamente en ellas, como con obsesión se reitera este señor- promocionamos de facto a las competidoras, tan o más malvadas, pues en realidad, hoy día, la aventura colectivista representa mayor amenaza a la libertad que la nostalgia.

No hay que cambiar la sociedad ni impedir que cambie, sino dejarla en paz mediante absoluto respeto al individuo y su propiedad.

Satur

China,que intenta alcanzar a los Estados Unidos,protege su identidad y sus leyes no permiten ningún ataque cultura que ponga en riesgo la unidad de las familias,por eso en lacustre de Davos, el Sr.Soros, hablen contra de China. Que pinta el Sr.Soros en una reunión de presidentes? SI lo que se quiere es una masa amorá de ciudadanos, pagadores de impuestos y dominados por una elite financiera,es indispensable sustituir las culturas por una masa de consumidores.

Anónimo

¿Que qué hace en Davos el Sr. Soros? Pues lo mismo que en la Moncloa...

satur

He perdido mis gafas. Perdón

Escorial

Cada pueblo ,tiene derecho a defender su cultura,su forma de ver la vida, es un valor primario .

ANDER PROPAGANDA

Es un reacción a otra agenda política... Comience por analizar y negar el derecho a la conversión demográfica que practican los políticos con todo tipo de medidas, practicada durante décadas, y será creíble la defensa de una evolución espontena y pacífica de las sociedades.

J.L. Vives

Gracias por vuestros comentarios: Anónimo, Satur, Escorial, AnderPropaganda, Berdonio, que en algunos casos no solo mejoran sino que superan al Análisis Diario comentado.

Satur

El autor es postmoderno ,en su análisis no importa la realidad ,lo importante es razonar y como decía Savater en los cursos de la Complutense (verano 2018),la verdad es otra cosa.
El Imperio Romano ,cuando los pueblos del norte ya vivían entre ellos y el peligro del colapso económico,de un nivel de vida que tardaremos siglos en recuperar,estaba por aparecer ya encontraba gente que pensaba que al fin los germanos tenían su cultura,deben ser respetados a la misma paridad que Roma,tan basada en las comunicaciones y el comercio entre las provincias. El mundo real es que China,país nacionalista sigue los principios de comerciar con todos y para desbancar a Estados Unidos potencia sus valores tradicionales,Confucio,Buda,incluso ya no persigue al cristianismo. Su TV emite programas de apoyo a la familia tradicional,no quieren ni escuchar hablar de las leyes de igualdad de genero ni de matrimonios homo ,simplemente por ser valores que la debilitan. Tienen una población musulmana muy controlada . En la cumbre de Davos,Soros habla como si fuera un presidente y ataca a China,Rusia y a los países de la UE,contrarios a Bruselas . Todos los que se oponen a esa masa amorfa que se quiere conseguir .

Pam Bouco

Mi respuesta es no. No existe el derecho a la preservación demográfica.

Escorial

Sentido común,es lo que le falta al articulista. Pueden entrar personas de otros lugares para establecerse en otro país,si claramente. Pero es necesario que cumplan algunas condiciones en general es deseable que aporten algo,si se trata de personas no cualificadas,si llegan a un país con un paro del 15% y tienen que vivir de las subvenciones ,machacando a los pagadores de impuestos,si al final su destino es vivir de un Presupuesto deficitario y una deuda pública que no se puede pagar y si ademas su cultura es cerrada,contraria a la normal ,la pregunta que nos hacemos . No es razonable que la llegada al club ,tenga que cumplir algunas condiciones y si no se pueden/quieren cumplir no tiene sentido hacer nuevos socios. ¿no estamos suficientemente machacados a impuestos?,somos masoquistas?

Satur

La Iglesia, en todas sus publicaciones, de forma reiterada manifiesta su postura,acoger al inmigrante. Caritas hace un.esfuerzo enorme, es que UD. no se entera,informar,opinar ,sin conocer la realidad?

satur

Le puedo recomendar donde le pueden hacer una buena psicoterapia, dada su fijación con el mismo tema.

SATUR

Y todavía tengo más respuestas, aunque el obsesivo es usted.

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