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Función emprendedora y función empresarial

Uno de los aspectos más etéreos y, al mismo tiempo, más importantes que aporta la teoría económica austriaca es todo lo relacionado con la función de emprendimiento del empresario. Es dicha función la que explica la dinámica de la economía, la que hace que el mundo avance hacia ese equilibrio inalcanzable (salvo para los teóricos neoclásicos).

El emprendedor está alerta ante las oportunidades que se presentan en el mercado. Estas se muestran a través de unas poderosas señales, los precios. Allí donde el emprendedor cree ver un desfase de precios entre los recursos y sus usos, se vislumbra y se puede explotar una oportunidad de negocio. En un entorno de incertidumbre, el emprendedor puede equivocarse en sus presunciones.

Si acierta, la implicación es que ha encontrado un mejor uso para el recurso hasta entonces infravalorado, y el mercado le premia con beneficios que, como bien sabemos, tienen una vida efímera. Si falla, ha malgastado ese recurso, y no le queda más que soportar las pérdidas de su fallida actuación, de forma que el mercado le está diciendo que no el uso del recurso de la forma propuesta era ineficiente.

Siguiendo a Kirzner, y desde un punto de vista de teoría económica, podemos diferenciar entre dos dimensiones del hombre: la de "maximizador" y la de "emprendedor". La primera es capaz de seleccionar los cursos de acción, en el contexto de unos medios determinados, que le aseguran el cumplimiento de tantos objetivos como sea posible. Es como una calculadora humana, capaz de encontrar la solución implícita en un sistema de objetivos y recursos.

La dimensión de emprendedor es la que permite al ser humano la propia percepción del marco de medios y recursos, que constituye el punto de partida para la maximización. Esta es la parte creativa y activa del ser humano, la verdadera parte humana y rica del individuo.

Hay mucha gente que duda de la capacidad de emprendimiento del ser humano. Por supuesto, los más prominentes son la gran masa de economistas neoclásicos, que directamente eliminan esta dimensión de sus modelos económicos. Los seres que pululan por la economía neoclásica, los individuos racionales de estos modelos, han perdido toda su humanidad y se limitan a hacer cálculos a la perfección.

Pero no solo ellos. Después de todo, dicen, mucha gente actúa como ovejas, por mera imitación, y no son capaces de innovar. La prueba puede encontrarse en que hay realmente pocos empresarios, para los que cabría esperar en un mundo lleno de emprendedores, como postula Kirzner.

Y llegamos al punto que me interesa destacar: todo el mundo tiene capacidad de emprendimiento, pero no todo el mundo es capaz de asumir los riesgos de la función empresarial, con sus posibles pérdidas asociadas. Por ello, interesa distinguir entre función emprendedora (entrepreneurship, término usado por los economistas austriacos) y la función empresarial (mediante la que esa idea se lleva a la práctica con el objetivo de obtener beneficios económicos).

La función emprendedora se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida, no solo cuando se trata de ganar dinero. Por ejemplo, si yo sé que el camino por el que voy al trabajo suele estar atascado, mi función emprendedora me puede llevar a intentar una ruta alternativa nueva. Esto es tan innovador como un nuevo servicio de internet, pero no me supone un riesgo apreciable. De la misma forma, en un partido de fútbol en el que constantemente el defensa aborta nuestros regates, trataremos de utilizar otra técnica para sobrepasarle. Una vez más, ejercemos la función emprendedora.

Los ejemplos son innumerables, y sería muy difícil encontrar una persona que no haya utilizado su capacidad emprendedora, no ya en su vida, sino en las últimas 24 horas.

Esta función emprendedora es la que, eventualmente, se puede convertir en función empresarial. Pero para ello son necesarios otras muchas condiciones, externas normalmente al individuo: condiciones culturales, institucionales, de acceso al crédito...

Los españoles no son menos creativos que los americanos, pero a lo mejor están inmersos en una sociedad que obstaculiza la función empresarial. De la misma forma, la incorporación de millones de personas (China, India) a los mercados globales supone la explosión de la capacidad emprendedora y eventualmente de la empresarial, a poco que las condiciones en dichos países lo permitan. Y eso sólo puede traducirse a una mayor eficiencia en la utilización de los recursos para la sociedad.