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Intermediarios, malos o no según convenga

Una de las cosas que más indigna a un socialista es ver cómo un pobre agricultor tiene que vender su cosecha a un precio tres o cuatro veces inferior al precio final de venta al público.

La incapacidad de entender que el valor de una mercancía depende de dónde y cuándo se vende les lleva a pensar que existe una mano negra que se enriquece con el sudor de los pobres agricultores.

Pero a mí lo que de verdad me llama la atención es otra cosa, ya que una persona puede obcecarse en una postura equivocada por falta de información o un conocimiento erróneo del funcionamiento de las cosas. Lo que sí que es verdaderamente preocupante es que haya gente, mucha gente, que mida dos situaciones idénticas con raseros totalmente distintos por conveniencia ideológica.

Esto ocurre con los agricultores y los profesores de escuela.

Los primeros deciden ser autónomos y cultivar sus propias tierras; una vez recogida la cosecha deciden libremente vendérsela al por mayor a un intermediario con los recursos logísticos y comerciales que le permitan colocar la mercancía en el lugar y momento idóneo para garantizar el mayor beneficio posible. A esto se le llama dictadura de los intermediarios y al parecer es injusto.

Por otra lado tenemos a los profesores, que si quieren ejercer su profesión tienen que escoger entre ser empleados de un colegio privado que cumpla la amplia y cara regulación fijada por burócratas, o presentarse a una oposición donde se les va a medir por parámetros fijados por los mismos burócratas, para trabajar en centros planificados por esos burócratas, dando las horas de clases fijados por los burócratas, con temarios fijados por burócratas y normas de relación con los alumnos fijadas por burócratas. A esto se le llama educación pública u obligatoria y es el no va más del progreso y la libertad.

Por supuesto comparar el cultivo de patatas con la educación de nuestros hijos es algo que solo un demagogo como yo podría hacer. Pero lo cierto es que mientras que cultivar patatas es un noble arte ya explorado y cuyas posibilidades de innovación son limitadas, la educación es un campo abierto que, con tecnologías como internet, tiene infinitas formas de llevarse a cabo que deberían ser exploradas por medio de la práctica, en vez de estar limitadas por funcionarios y expertos de salón.

Así que habría que preguntarse dónde es más necesario eliminar a los intermediarios; en una distribución que permite al agricultor dedicarse a cultivar y poder colocar su mercancía sin preocuparse de que no haya nadie en cien kilómetros a la redonda que quiera comprársela al por menor, o en un sistema educativo donde los intermediarios solo sirven para frustrar a profesores y alumnos y anular cualquier intento de innovación en un proceso educativo de cuyo éxito depende el futuro de todos nosotros.