Usted está aquí

Juana está en mi trinchera

Hace algo más de un año el diario El Mundo publicó un reportaje sobre una concursante de un evento de AXE que salió mal parada intentando ganar un viaje al espacio. En el reportaje solo se cuenta la versión de la víctima, alegando que la empresa había declinado hacer declaraciones, y está redactado de tal forma que parece claro que se trata de una gran injusticia: joven con un bonito sueño se ve inmersa en una pesadilla por culpa de una multinacional que solo quería ganar más dinero.

El problema de este tipo de noticias, y que por desgracia mucha gente no ve, es que obligan al lector a tomar posición en un conflicto escuchando solo a una de las partes. En este caso la periodista se cubre las espaldas diciendo que ofreció a la empresa dar su versión. Como si los periodistas no supieran que una empresa, o incluso un particular, no está en disposición de dar su versión de los hechos en un caso judicializado sin consultar con su representante legal, cosa que llevará un tiempo, el suficiente para que el reportaje pueda ser publicado.

Al día siguiente, como recoge después el reportaje, la empresa se vio obligada a publicar un comunicado donde quedaba claro que según ellos había bastante margen para desconfiar del testimonio de la concursante, y se remitieron a los juzgados, donde se deberían dirimir este tipo de asuntos en cualquier sociedad civilizada.

Pero ya era tarde, y todas las personas que leyeron el reportaje, y las distintas variantes que surgieron en otros medios, ya habían dictado su veredicto en contra de AXE.

Este es solo un ejemplo sencillo y bastante despolitizado de un fenómeno que se da en muchos más asuntos, muchos de ellos tan complejos que desatan batallas absurdas donde el tema particular que inició la polémica es lo que menos importa.

Uno de esos casos es de la ya famosa Juana está en mi casa. Todo ha empezado como de costumbre, periodistas publicando sin reparos la historia basándose en el testimonio de una (llorosa) de las partes. Si a esto se le suma que la otra parte es italiano y hombre, ya nos podemos imaginar que la objetividad salió por la ventana a los 5 minutos de tratar el tema.

Por supuesto los políticos no han perdido la oportunidad de unirse a la demagogia, no vayamos a pensar que ganar un voto les importa menos que respetar nuestro derecho a no que influyan en las decisiones judiciales.

Y por desgracia también hay mucha gente que está sobrepasando el sano ejercicio de sacar a la luz la versión de la ex pareja de Juana, para pasar a creérsela a pie juntillas y usarla como ariete contra la dictadura de las feminazis.

Sobre este último punto solo una pregunta; ¿si el padre de los niños no fuera italiano y quisiera llevarse los niños a Italia se habría armado este follón? Sinceramente creo que no, como tampoco habría pasado si fuera la madre italiana la que quisiera llevárselos. Aquí existen dos sesgos contra una de las partes, si solo se pone el foco en uno está claro que te importa poco el caso en sí, y bastante tu lucha política.

Pero este tipo de temas no quedan solo en conflictos individuales que trascienden a la opinión pública por irresponsabilidad del periodismo. Cada vez es más común que se creen bandos opuestos en torno a cada hecho polémico que ocurre en nuestra sociedad.

¿Hoteles sin niños? Curiosamente gente con hijos pequeños (y sobre todo con dos o más) desprecian el egoísmo de sus usuarios, mientras que personas sin hijos o con estos ya crecidos apoyan la medida haciendo juicios sin base sobre lo mal educados que están los críos hoy en día.

¿Se puede reprimir por la fuerza a un hijo rebelde? Por un lado, cualquiera que no se oponga al uso de la violencia en todo caso y sin importar las circunstancias es un ser despreciable, por el otro lado, hay que ser muy hippie apestoso para considerar que castigar a tus hijos es una práctica poco recomendable.

El espacio para el matiz y la escala de grises es bastante reducido en los nuevos foros públicos. Aunque tampoco nos engañemos, nunca ha habido demasiado en cualquier época. Seguramente internet solo permite ver que se trata más de un problema humano que un problema del sistema o del mercado. Por eso esta respuesta tampoco le va a gustar a casi nadie.