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La abstención útil

Es una tradición que según se acercan las elecciones haya que presenciar cómo personas inteligentes intentan convencernos de lo necesario de que votemos por una u otra opción. Los motivos pueden ser varios, pero en esta ocasión se han centrado principalmente en la posibilidad de que la extrema izquierda pudiera hacerse con el gobierno.

Otra tradición que nunca falta a su cita son las críticas postelectorales, dirigidas a los abstencionistas, de los simpatizantes o miembros de partidos a los que no les ha ido bien en el recuento de votos.

Hace 6 meses el ilustre Filósofo y cofundador de UPyD, Fernando Savater, lanzó esta perla a dicho colectivo:

La verdad es que no merecen vivir en un país democrático, sino en un establo con televisión y ADSL. Ahí seguirán, hasta que el voto obligatorio les recuerde que son ciudadanos mal que les pese.

Para no ser menos, Juan Carlos Girauta ha actualizado el mensaje a las recientes elecciones afirmando lo siguiente:

Para que esa gente que se quedó en la playa pudiera votar ha muerto mucha gente en este país (...), así que quien no aproveche eso que no espere ni un segundo de mi tiempo.

Como se ve, la pasión política ciega bastante a la hora de hacer juicios sensatos, tanto antes, como, sobre todo, después de unas elecciones que no te han favorecido.

Según el célebre dicho, los políticos y los pañales deben ser cambiados con frecuencia… ambos por la misma razón. Por lo tanto la democracia debería servir a este fin: recambio de políticos corruptos o ineptos por otros todavía no corruptos o ineptos de forma pacífica.

Siendo de esta forma, sería lógico que ante políticos corruptos (PP y en buena parte PSOE) y profundamente ineptos (Podemos) la gente utilizará el proceso democrático para escoger a otros políticos no corruptos (por el momento) y aparentemente igual o menos ineptos que la media, como Ciudadanos o UPyD. Pero lo cierto es que no ha sido así. Los corruptos del PP y PSOE y los ineptos de Podemos han sacado bastantes más votos que el virtuoso partido de Girauta, y Savater se ha quedado muy lejos de pisar el congreso de los diputados.

¿Es esto culpa de los abstencionistas? Pues es bastante discutible, pero si nos centramos en el menosprecio que les hacen tanto Savater como Girauta, la cosa se vuelve más inverosímil: resulta que las personas no votan porque se quedan en la playa o viendo la TV o internet. O sea, no votan porque son unos vagos que no han querido hacer el esfuerzo de ir al colegio electoral. Por lo tanto, si es esa la única razón (esas personas son igual que el resto de población, pero ligeramente más vagos o cínicos) ¿qué motivo hay para pensar que su voto fuera proporcionalmente distinto al del resto de españoles? ¿O es que los vagos y lo cínicos son el caladero de votos de Ciudadanos y UPyD?

Así que en el caso de que Savater y Girauta tuvieran razón, tendríamos el mismo resultado electoral pero con una participación del 100%. ¿Sería un consuelo para alguien que el PP o Podemos tuvieran más millones de votos para justificar sus políticas?

La realidad es que la gente que no vota lo hace por multitud de razones, y entre ellas destaca que consciente o inconscientemente saben que su voto no va a valer para nada. Somos un país de 45 millones de personas, cada uno con sus propios intereses y miserias, y pensar que va a valer de algo leerse uno o varios  programas electorales y escoger cuál nos conviene es tan absurdo como analizar los números de tu boleto de lotería y esperar que te toque el gordo. Sí, en la tele dicen que siempre le toca a alguien, pero ese alguien nunca eres tú.

Y eso nos lleva al voto útil que nos reclaman antes de las elecciones. ¿Es sensato olvidar tus intereses o ideología personal y hacer piña con otros millones de personas para evitar que un partido populista llegue al poder? Pues es una de las pocas veces que se podría argumentar que ir a votar tiene algún sentido, pero dudo que en esta ocasión estuviera justificado. De hecho todo indica que ha sido la desmovilización de los votantes populistas, en vista de las consecuencias de su voto podría tener, lo que ha llevado al fracaso de Pablo Iglesias y los suyos.

Así que, ironías de la vida, ha sido la abstención útil la que en esta ocasión le ha hecho un favor (temporal) a la economía del país, y no un frentismo inútil entre corrupción y miseria, que no le habría hecho bien a nadie.

Por desgracia la bajada de votos al populismo no convierte al PP en un partido menos corrupto, ni lo va a vaciar de altos funcionarios, ni le va a obligar a liberalizar la economía. Y no, tampoco va a hacer que Ciudadanos acepte que es posible bajar algo los más de 400.000 millones de euros de gasto del Estado, ni que abandone ideas absurdas de centralización política o que pretenda sangrar a los autónomos con las cotizaciones sociales.

En definitiva los políticos seguirán haciendo de las suyas y algunos les criticaremos tengan las siglas que tengan. Obligación que todo ciudadano respetable tiene todos los días del año, a excepción del día de elecciones, cuando algunos preferimos ir a la playa, reponiendo las fuerzas necesarias para poder dar la bienvenida que todo nuevo gobierno se merece.