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A la conquista del océano

La familia Friedman parece llevar el liberalismo un paso más allá con cada generación. Milton, Nobel de economía, dedicó su vida a la defensa de un mercado libre y un Estado pequeño. Su hijo David, profesor de economía y derecho, cree que un mercado libre no necesita de un Estado, ni pequeño ni grande. Patri, hijo de David, opina lo mismo que su padre, pero aspira a llevarlo a la práctica creando comunidades privadas allí donde no llega (todavía) la jurisdicción del Estado: alta mar.

Patri Friedman es escéptico con el proselitismo liberal y el activismo político. Cree que es utópico pensar que podemos convencer a la mayoría de la población para que voten a un partido liberal que reforme el sistema de arriba a abajo. Utópico e innecesario. ¿Por qué intentar persuadir a todo el mundo cuando podemos agruparnos los que estamos de acuerdo y crear nuestra propia comunidad? El problema, claro, es que los Estados tienen jurisdicción sobre todo el suelo del planeta, y los intentos pasados de crear una comunidad liberal en tierra firme han fracasado.

En los 70 Mike Oliver, empresario de Nevada, intentó crear la República de Minerva en un conjunto de arrecifes en el sudoeste del Pacífico, a 260 millas del pequeño reino de Tonga. Oliver hizo construir terreno sólido sobre los arrecifes, pero Tonga reaccionó tomando la colonia por la fuerza. Durante los años siguientes Oliver se alió con movimientos separatistas en dos islas de las Bahamas y Nuevas Hébridas pero la aventura terminó con la detención de varios nativos rebeldes.

En los 90 un grupo de emprendedores randianos negoció con varios gobiernos la compra o arrendamiento de una parcela de tierra para crear su particular Quebrada de Galt: Laissez Faire City (éste es el anuncio que publicaron en The Economist en 1995). Estuvieron cerca de cerrar un acuerdo con Perú por el arrendamiento de 300km2 de tierra, pero no llegó a materializarse. Luego algunos de sus integrantes crearon una comunidad en el ciberespacio protegida por encriptación con el objeto de comerciar y realizar otras actividades al margen del Estado. El proyecto también fracasó, por problemas internos.

Ha habido más intentos fallidos y otros que están en letargo indefinido. Para Friedman estos fracasos ilustran el problema de las barreras de entrada al "mercado de sistemas políticos". Si las barreras de entrada a este "mercado" fueran bajas (si no implicaran una ingente inversión, derramamiento de sangre y una probabilidad tan baja de éxito) habría más competencia entre Estados y más experimentación con nuevos sistemas políticos, lo que redundaría (como en cualquier otro mercado) en instituciones más eficientes. Friedman llama a este escenario "geografía dinámica", y alude a la idea de su padre de que los gobiernos se comportarían de forma muy distinta si las familias vivieran en caravanas y pudiera huir fácilmente de la opresión estatal.

Friedman cree que sí es posible superar las barreras de entrada al mercado de sistemas políticos, pero no en tierra firme. La soberanía de los Estados termina a 12 millas de la costa, en el océano. Luego existen jurisdicciones parciales sobre zonas de pesca, recursos marinos etc. pero es concebible establecer plataformas flotantes u otras instalaciones artificiales en las Zonas Económicas Exclusivas o en aguas internacionales, donde al principio sería necesario comprar banderas de conveniencia a los países que propusieran la mejor oferta.

Patri Friedman, que trabajaba para Google, se interesó por el seasteading o colonización del mar después de leer el manuscrito de Wayne Gramlich, un ex ingeniero de Sun Microsystems amante de la ciencia ficción. En 2008 ambos fundaron el Seasteading Institute, una organización dedicada a promover las condiciones para que la colonización del mar sea una realidad, en oposición a hacerla realidad desde la organización misma. El instituto tiene como objetivo desarrollar iniciativas con un coste elevado y externalidades positivas (investigar, entender el marco legal, proporcionar ideas, promocionar el proyecto etc.), que sirvan de apoyo a los esfuerzos descentralizados de miles de empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, comunidades e individuos. El instituto también contempla la posibilidad de operar la primera comunidad flotante con la expectativa de que tenga un efecto catalizador.

Patri Friedman cree que el seasteading tiene varias ventajas sobre los demás intentos de crear comunidades liberales. En primer lugar, no requiere la captura de un territorio reclamado por alguna jurisdicción nacional. En segundo lugar, no requiere de una extraordinaria inversión inicial como otros proyectos que se han quedado en el tintero (el Freedom Ship, el Aquarious Project) ni del concurso de mucha gente. Friedman es partidario de una aproximación "incrementalista": la colonización del mar puede empezar con plataformas familiares y embarcaciones cerca de la costa que experimenten con soluciones a los distintos problemas técnicos, de organización, etc. antes de adentrarse en aguas internacionales. Las estimaciones de costes para un hotel/complejo recreativo en alta mar son de 258 dólares el metro cuadrado, más barato que el precio actual del suelo en la zona de la bahía de San Francisco. Con el tiempo, conforme el seasteading despierte interés y aumenten las oportunidades de negocio, pueden construirse instalaciones más complejas que provean una variedad de servicios.

En tercer lugar, Friedman es consciente de que el proyecto debe tener atractivo económico, y con ese fin el instituto mantiene relaciones con diversas compañías que podrían rentabilizar la colonización marítima. Por ejemplo SurgiCruise, una empresa de turismo médico flotante que busca financiación para ofrecer servicios sanitarios fuera del marco regulatorio de Estados Unidos. Si los estadounidenses vuelan a México, India o Tailandia para conseguir tratamientos más baratos, ¿por qué no iban a estar dispuestos a desplazarse a 12 millas de la costa? Friedman también está en contacto con cadenas hoteleras, empresas del juego, compañías de acuicultura, marinas y bibliotecas de datos que quieren eludir las leyes de copyright. En cuarto lugar, no es un proyecto que esté restringido a liberales. Puesto que se trata de experimentar con nuevos sistemas políticos y organizativos el seasteading puede seducir también a grupos ecologistas, religiosos o de otro tipo.

En la actualidad hay algunos ejemplos de "viviendas en el mar" en forma de casas flotantes próximas a la orilla, barcos y cruceros, o plataformas petrolíferas. El Seasteading Institute ha diseñado y patentado un complejo de oficinas y de recreo que se ubicaría en aguas internacionales en la costa de California y que, entre otras cosas, podría ofrecer servicios médicos más baratos que en el continente. Todas las patentes que el instituto presenta son para uso defensivo, no para restringir que los demás utilicen sus diseños. En verano de 2009 está previsto un "festival del autogobierno" (Ephemerisle) en la bahía de San Francisco, que se desplazará a aguas internacionales. La idea es que con el tiempo el festival crezca en tamaño, duración y frecuencia y acabe siendo un evento permanente. El instituto está diseñando también una plataforma unifamiliar espaciosa y confortable que pueda servir de segunda (o primera) residencia y que pueda incorporarse a estos festivales. En un futuro este tipo de embarcaciones podrían acoplarse a marinas en alta mar estableciendo ciudades permanentes.

El Seasteading Institute ha suscitado bastante interés en la prensa y Patri Friedman está muy activo dando conferencias en distintos países. Según Brian Doherty, que ha escrito sobre el instituto en Reason, la iniciativa ha congregado a menos iluminados de lo habitual y ha llamado la atención a inversores y gente seria. Peter Thiel, el millonario (y liberal) cofundador de eBay, donó al instituto medio millón de dólares el año pasado.

A Friedman le gustaría llegar a ver la idea hecha realidad algún día pero admite que incluso considerando los escenarios más optimistas probablemente puedan pasar décadas antes de que pueda decir "he cambiado el mundo". Esperemos que llegue a verlo, él y nosotros.