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La cuestión de la convergencia en el crecimiento económico

Una de las cuestiones que ha atraído gran interés y discusión dentro de la economía del crecimiento económico es la convergencia en niveles de desarrollo entre países. ¿Existe una tendencia hacia la eliminación o reducción de las desigualdades de renta internacionales, es decir, tienden los países pobres a crecer más rápidamente que los ricos?

Al igual que con las desigualdades interpersonales de renta, se suele considerar como algo positivo siempre que un país pobre se acerque en renta a un país rico. Y en la mayoría de casos puede ser así, pero no tiene por qué serlo necesariamente. En la última década, por ejemplo, la riqueza per cápita en los países menos prósperos ha crecido a una tasa siete veces por encima que la de los países más prósperos, según el Informe de Riqueza Global 2011 de Allianz. ¿Es esto bueno? En parte sí, dado que revela el dinamismo de los países en vías de desarrollo. Pero en parte no, dado que se debe al débil desempeño de las economías desarrolladas, especialmente afectadas por la Gran Recesión. (El alegrarse de que a unos les vaya mal porque se ha reducido la desigualdad tiene un nombre: envidia, y es algo muy humano).

En el análisis de los modelos teóricos formales de crecimiento se dedican reflexiones respecto a sus predicciones sobre la convergencia. Así por ejemplo, en el modelo básico de Solow se habla de que entre los países hay una tendencia hacia la convergencia, debido a la existencia de rendimientos marginales decrecientes (RMD) del factor capital –adicionales incorporaciones de capital conducirán a aumentos en la producción cada vez menores-. En pocas palabras, el crecimiento se produce por la acumulación de capital, y ésta contribuirá a aumentar la producción tanto más cuanto menor sea el stock de capital (por los RMD). Por tanto, en países con menor stock de capital, que son los menos desarrollados, habrá grandes oportunidades de inversión, y la tasa de crecimiento económico será mayor que la de países con elevados stocks de capital –por lo que existe convergencia en el largo plazo-.

En los modelos de crecimiento endógeno, en cambio, una vez suavizado el supuesto de RMD e introducidas las externalidades a través del capital humano o la I+D, desaparece la predicción de convergencia, dado que no existe relación entre la tasa de crecimiento de la economía y el nivel alcanzado por el nivel de renta.

Desde el punto de vista empírico se ha tratado de analizar si los datos permiten constatar una relación clara entre niveles de renta y tasas de crecimiento: ¿han sido los países más pobres los que han crecido a tasas más rápidas, y viceversa? Los resultados, como suele ocurrir en los estudios econométricos, son variados, y dependen mucho de qué muestra de países y periodo temporal se escoja, entre otras cosas. No obstante, sí se han encontrado algunos resultados interesantes, como que no se observa convergencia si se toman todos los países del mundo, pero sí si se incluyen solo "clubes de países".

Asimismo, la observación señala que los países que crecen más rápidamente nunca son aquellos que disfrutan de rentas per cápita mayores, sino siempre un subconjunto de los países de bajos ingresos, como en la segunda mitad de siglo XX han podido ser Singapur, Corea del Sur, Botswana, China y más recientemente India o incluso países africanos.

¿Por qué sucede esto? Hayek en La competencia como proceso de descubrimiento ofrece una hipótesis persuasiva, afirmando que "las posibilidades de crecimiento tenderán a ser mayores cuanto más extensas sean las posibilidades aún no utilizadas de un país... una alta tasa de crecimiento es, con frecuencia, prueba de que las oportunidades han sido descuidadas en el pasado. En esta forma, una alta tasa de crecimiento puede testimoniar, a veces, las políticas erróneas del pasado antes que las buenas políticas del presente. En consecuencia, no es razonable esperar en los países altamente desarrollados una tasa tan alta de crecimiento como la que puede alcanzarse en los países donde la utilización efectiva de los recursos fue impedida durante mucho tiempo por obstáculos legales e institucionales".

Así, las tasas altas de crecimiento en un periodo determinado, según Hayek, son consecuencia del cambio institucional favorable, y reflejo del potencial económico que había sido obstaculizado –o desviado hacia fines no productivos, añadiría- previo a este cambio. La cuestión complicada, más allá de saber qué es un cambio institucional favorable, es conocer cómo se produce éste, los mecanismos causales que actúan detrás del mismo, y si existen posibilidades de precipitarlo de alguna forma.

Con todo, y volviendo a la cuestión de la convergencia, siempre es oportuno recordar las sabias palabras de Peter T. Bauer: "No hay ninguna regla general que asegure el que todos los países o regiones deban alcanzar el mismo nivel de prosperidad económica o el mismo ritmo de progreso en cualquier momento o a lo largo de cualquier periodo de tiempo".