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La dificultad de las predicciones económicas

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En el anterior artículo comentaba algunas de las limitaciones del análisis empírico en la economía, poniendo de manifiesto la compleja y esquiva relación de causalidad entre los fenómenos económicos y sociales. Al fin y al cabo, suele ser la "visión" –que, según Schumpeter es el "acto cognoscitivo pre-analítico"– o los biases del analista –o prejuicios, de los que tanto le gusta a hablar a Russell Roberts– los que en muchos casos configuran la perspectiva sobre la realidad de éste.

Así, por ejemplo, para algunos el llamado "milagro asiático" de las décadas pasadas es prueba de que la planificación estatal puede favorecer el desarrollo, mientras que para otros es prueba de las bondades de la libertad económica. No es casualidad que entre los primeros estén economistas intervencionistas como Joseph Stiglitz, y entre los segundos liberales como Benjamin Powell. No obstante, esto no significa que no exista una explicación más certera que la otra, ni que sea imposible acceder a la versión más adecuada de los hechos. Simplemente muestra cómo a un mismo episodio histórico se le pueden dar interpretaciones contrapuestas según los esquemas teóricos e ideológicos del analista.

Relacionado con la limitación de los estudios empíricos está la extrema dificultad de la predicción: en pocas palabras, el futuro que se intenta predecir no existe, y lo más probable es que las circunstancias que existen hoy, ya no existan mañana ("el futuro no es un por-venir, sino un por-hacer"). Así, las teorías económicas no deberían buscar predecir, sino establecer marcos de explicaciones de fenómenos. La predicción correspondería a analistas que aplican esas teorías y utilizan elementos de juicio propios para estimar el futuro (ejerciendo la función empresarial).

Pero a pesar de esto, la predicción es una de las metas que ansía (vana y malamente) conseguir la economía matemática y sofisticada que caracteriza el actual mainstream. No en vano, en uno de los artículos que más han influido a la metodología de la línea dominante, La metodología de la economía positiva (1953), Milton Friedman decía que "El objetivo último de una ciencia positiva es el desarrollo de una 'teoría' o 'hipótesis' que genere predicciones válidas y significativas sobre fenómenos que todavía no se han observado". Curiosamente, si utilizáramos su propio criterio (y también otros alternativos) para validar o refutar sus ideas y teorías en relación a la coyuntura económica y a la macroeconomía en general, éstas deberían desecharse sin ninguna duda. Solo hace falta ver las pésimas predicciones que realizó el mismo Milton Friedman en una entrevista de 2005.

Desafiando frontalmente esta visión están los teóricos cercanos a la Escuela Austriaca. Sin embargo, aquí, como en todo, nadie está libre de pecado. En la ponencia de clausura de la fantástica IV Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana, Carlos Rodríguez Braun nos deleitó con un poco de autocrítica, exponiendo cinco errores que él percibe en los liberales. El primero de ellos se refería a la predicción y la teoría del ciclo económico, y en concreto, a la presente crisis. Según Braun, ni quienes disponen de una correcta teoría del ciclo (los austriacos) pueden predecir, por lo que advirtió de los peligros de ello. Así, no se debería poner énfasis en el potencial predictivo de la teoría del ciclo, afirmó, ya que eso sería abrir un flanco a los intervencionistas en caso de que la predicción no resulte del todo correcta, o aun siendo correcta, haya fallado el timing.

En la actual crisis, que ha cogido desprevenidos a la mayoría de economistas (aunque luego traten por todos los medios de sacarse alguna explicación de la chistera), los teóricos de la Escuela Austriaca han sido quienes de manera generalizada mejor han visto venir la crisis económica y financiera. Los ejemplos de artículos austriacos alertando sobre lo artificial y peligroso del boom son numerosos; Jesús Huerta de Soto, Peter Schiff o Ron Paul, desde sus distintos ámbitos, vieron de manera bastante acertada lo que estaba sucediendo durante los años de auge, y pronosticaron la actual recesión, siguiendo el esquema de la teoría austriaca del ciclo económico. Los análisis del Observatorio de Coyuntura Económica también se han mostrado muy atinados desde sus comienzos allá por noviembre de 2007, cuando pocos alcanzaban a ver lo que se nos venía encima.

A la vista de estos ejemplos, parecería que las predicciones que han realizado estos autores han sido, o deberían ser, muy positivas para dar crédito a las ideas austriacas. Pero por el otro lado, también ha habido predicciones que hasta el momento no se han materializado, y que podrían servir como descrédito de los autores que las realizan, y las teorías que defienden. Me refiero, especialmente, a los pronósticos de hiperinflación casi inminente (al ver la explosión de la base monetaria) que han realizado numerosos analistas cercanos a la Escuela Austriaca, como Thorstein Polleit del Mises Institute, Robert Higgs del Independent Institute, Peter Schiff, Jim Rogers o James Turk de GoldMoney.

Estos fallos a la hora de intentar predecir mostrarían los peligros que existen de difundir este tipo de estimaciones sobre el futuro, especialmente si se acompañan con referencias temporales concretas. Sin embargo, ¿son estos errores predictivos (e.g. "habrá hiperinflación") causados por la dificultad de predecir per se? Podría ser, pero otra posibilidad es que existan inadecuaciones en la teoría que manejan los autores que realizan las predicciones, y que por tanto el error sea teórico.

Con todo, aun con el mejor aparato teórico que pueda existir, ¿quién se atrevería a pronosticar cuándo acabará la crisis? ¿A qué tasa de paro llegará nuestro país? ¿O cuál será la siguiente estupidez que se les ocurra al escuadrón de incompetentes que tenemos la suerte de tener como gobernantes y autoridades?

Como es habitual, el profesor Rodríguez Braun ofreció un punto de vista apasionante para la discusión.