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La diplomacia, el arte de la prudencia

La política es el arte de lo posible. A través de ella, durante siglos, hombres de todas las razas y naciones han intentado imponer o representar un ideario sobre su visión del mundo, de la relación entre los individuos y de la economía. La política es un medio para la realización de aspiraciones humanas, no un fin en sí misma. Es un instrumento de cambio y desarrollo, cuyo fin debe ser la libertad de individuo y su reconocimiento frente a una sociedad en constante cambio y evolución.

Lejos de ser un ejercicio político cotidiano, parlamentario o sindical, muchas veces opacado por el oprobio y la codicia, la diplomacia es, precisamente, el arte del silencio, de la prudencia, es el arte de resolver, lo que, en teoría, no tiene solución.

Una forma de hacer política, sibilina y perniciosa, se ha trasladado recientemente al campo de las relaciones internacionales. Bolivia, que tradicionalmente ha sido un Estado aislado del debate internacional, ha sido noticia en muchos y diversos medios de comunicación en el mundo, a partir del falso “golpe de Estado” y después, por el escándalo ejercido por los cuerpos diplomáticos de España y México.

El pasado 27 de diciembre, cinco integrantes del grupo de élite especial de operaciones (GEO) de España, escoltando a la encargada de negocios, Cristina Borreguero y al cónsul en La Paz, Álvaro Fernández, accedieron a la residencia de la embajadora de México en aquella ciudad. Los miembros del GEO iban encapuchados y la justificación, difícil de creer dadas las circunstancias, fue una visita de cortesía de dicho personal diplomático a la embajadora de México en Bolivia, quien resguarda en su residencia a nueve exmiembros del gabinete de Evo Morales, acusados de sedición y terrorismo, entre otros delitos. El coche con los encauchados y el personal diplomático español fue interceptado por la policía que estaba en el lugar y por los vecinos de la zona.

El hecho que puede ser calificado como un escándalo, sencillamente, no tiene explicación. El Gobierno de España no ha dado una aclaración contundente que explique lo ocurrido y se ha limitado a enviar una misión especial de investigación para que aclare los hechos. Al parecer, los españoles no se fían de la palabra de su encargada de negocios y su cónsul, que osan hacer una visita de cortesía en ausencia del embajador -que estaba de vacaciones- con cinco miembros del GEO a una residencia diplomática que alberga nueve prófugos de la justicia boliviana. Increíble.

Por otro lado, información veraz de la Cancillería de Bolivia establece que el Ministerio de Asuntos Exteriores de España no tenía conocimiento de aquel episodio y que se habrían sorprendido por el incidente, tanto como los mismos bolivianos. Algo difícil de creer, sin duda, dada la magnitud de la maniobra.

Es evidente que algo ha fallado el 27 de diciembre y que gracias a la rapidez de reacción de los vecinos y la policía se evitó lo que muchos sospecharon: la huida definitiva de los prófugos. De ser ciertas estas aseveraciones nos encontramos frente a uno de los hechos diplomáticos de mayor procacidad en los últimos años y, sin duda, el peor entre España y Bolivia.

Desde aquel día no han dejado de generarse noticias alrededor del incidente y con ello, la especulación, que ha ido, incluso, más allá que el periplo diplomático. Diarios y medios de comunicación españoles, con pruebas fidedignas acusan al Gobierno de Morales de haber financiado campañas electorales y pagado sobreprecios por asesorías, a través de empresas de consultoría ficticias, a Podemos, partido liderado por el actual vicepresidente de España, Pablo Iglesias, un viejo y conocido amigo de los autoritarismos latinoamericanos. Un comunista como pocos quedan.

Llegado este punto, se puede afirmar que existen dos tesis fuertemente defendidas por corrientes ideologías antagónicas que buscan anteponerse la una a la otra. En esa batalla diplomática internacional entre quienes pretenden defender el falaz “golpe de Estado” y quienes intentan desmentir aquel mito con la verdad, se advierte con claridad la ventaja de uno de ellos. La diplomacia remunerada y oportunista, liderada por el expresidente español, Rodríguez Zapatero, intenta imponer su relato en España y el mundo, mientras los bolivianos, solos, luchan en plena transición por la transformación del país.

Lo cierto es que hoy tenemos más preguntas que respuestas. El Gobierno español de coalición comunista tendrá que responder, tarde o temprano, por el incidente producido por sus representantes en Bolivia. Los partidos de oposición han solicitado en el Congreso de los Diputados, una comparecencia de la ministra de Asuntos Exteriores para que aclare lo sucedido y dé explicaciones sobre el altercado. A su vez, en el Parlamento Europeo se han hecho diligencias para que el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, “a falta de más información y dada la gravedad de que un Estado miembro pudiera estar colaborando para hurtarle a la justicia a los responsables del fraude electoral en Bolivia”[1], responda sobre el incidente y garantice la senda pacífica de la transición política en Bolivia.

En consecuencia, se trata de hacer una contrapresión institucional dentro y fuera de Bolivia con el objetivo de asegurar una transición pacífica que hoy no está garantizada. Existen intereses internacionales que no se resignan con la renuncia y posterior huida de Morales. El retorno del socialismo del siglo XXI es una puerta que no solo el masismo[2] se empecinará en mantenerla abierta. En el horizonte se atisban días complejos y la solución no será inmediata, el verdadero desafío nacerá el 3 de mayo, día en el que se celebrarán las elecciones generales en Bolivia.

[1] Pregunta con respuesta escrita al vicepresidente de la Comisión / Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Autor: José Ramón Bauzá Díaz (Renew), 29 de diciembre de 2019

[2] Del Movimiento al Socialismo, partido de Evo Morales.