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La economía de ‘The Walking Dead’

Aprovechando el ambiente festivo y navideño, me atrevo con este análisis, algo menos serio (¿o no?) que los habituales que aquí se publican. Lo hago con referencia a lo ocurrido a partir del sexto episodio de esta última temporada (la novena), porque creo que ahora sí surgen cuestiones económicas que es razonable plantearse. También es de justicia avisar que en las siguientes líneas pueden esconderse algunos spoilers sobre esta temporada, y sobre la serie en general.

Pero empecemos por el principio. La serie se desarrolla en una Tierra devastada por un apocalipsis zombi. Todas las personas que fallecen se transforman en zombies, y se dedican a perseguir a los restantes humanos. Son lentos, no piensan, pero son atraídos por el ruido y el olor, y tanto sus grandes aglomeraciones como su resistencia les hacen muy peligrosos.

Desde el punto de vista económico, lo primero que hay que observar es que los habitantes de este universo siguen siendo individuos, personas como nosotros, por lo que las leyes praxeológicas siguen siendo de aplicación, y por eso tiene sentido el análisis que propongo.

El escenario se caracteriza por la existencia de montones de bienes y recursos que han sido abandonados por sus propietarios, sea porque han huido o, más habitualmente, porque han sucumbido a la amenaza y se han transformado en zombis. En otras palabras, la cantidad de recursos que se requería para satisfacer las necesidades de una gran población sigue intacta para satisfacer a un exiguo porcentaje de la misma.

Pero ello no implica que los supervivientes sean ricos, nada más lejos de la realidad. Con el apocalipsis, han cambiado las preferencias individuales. De hecho, los bienes de capital, que no permiten la satisfacción inmediata de las necesidades, se han devaluado hasta prácticamente cero. Además, al haber relativamente pocas personas y estos no contar con conocimientos especializados, gran parte de este equipamiento no se puede utilizar, aunque se deseara. Es evidente que el uso de estos bienes de capital (por ejemplo, vehículos o armas de fuego) tiene sus días contados si no hay reposición de capital. Ya veremos cómo, efectivamente, ello ocurre.

Por otro lado, una parte importante de estos recursos se ha de dedicar (directa o indirectamente) a defenderse de la nueva y ubicua amenaza. Por supuesto, la cantidad de recursos dedicada a ello disminuye con el tiempo y el aprendizaje, y poco a poco los supervivientes van siendo más eficientes en la satisfacción de esta necesidad, como siempre ocurre con las actividades valiosas que desarrollamos.

En este universo inicial ha transcurrido la mayor parte de la serie, hasta el capítulo anteriormente citado. Tras los sucesos del mismo, la serie hace un fast forward en el tiempo y nos sitúa unos ocho-diez años después (se puede deducir estimando la edad de Judith, la hija del protagonista Rick Grimes, antes y después de dicho capítulo).

En el nuevo escenario, como cabía esperar, ya no hay vehículos de gasolina (bueno, alguna excepción de bajo consumo tenemos) y la gente se mueve a carro o caballo. También han desaparecido prácticamente las armas de fuego, se usan espadas, dagas o arcos. Esto es lo que cabía esperar, ya que, como dije antes, no hay nadie fabricando gasolina, o recambios de coche, y demás.

Los supervivientes han estabilizado su situación vis-a-vis con los zombis. Han aprendido a protegerse y a vivir en esas circunstancias. Ahora bien, lo que puede sorprender es su bajo estado de desarrollo. Tras más de 10 años tras el apocalipsis, su economía sigue siendo casi de supervivencia. Ello resulta extraño porque su situación de partida, como digo, era de gran disponibilidad de recursos que han quedado abandonados, esto es, no parten de cero (como sería el caso de la economía prehistórica). ¿Por qué siguen siendo pobres, dadas estas circunstancias?

Para responder a esta pregunta, no hace falta saber mucha teoría económica. Basta irse al primer tema para darse cuenta de lo que está fallando. Y es tan sencillo como que no se están produciendo intercambios, no hay comercio, no hay dinero que facilite la compraventa.

Los distintos protagonistas de la serie viven en localidades distintas y separadas físicamente. Hay un grupo en Alexandria, otro en Hilltop, también nos hablan del Reino y de Oceanside. Las comunicaciones entre estos sitios son muy difíciles, tanto por la ausencia de vehículos de motor como por la presencia de hordas de zombis. Por otro lado, cada una de las comunidades parece vivir bajo el mandato de un dictador (más o menos benevolente) que es el que decide de forma centralizada cómo se van a cubrir las necesidades y a qué producción se van a dedicar los recursos. No hay, pues, intercambios directos, ni internos ni con otras comunidades.

Y ya sabemos que si no hay intercambio directo no puede haber especialización del trabajo que nos haga más eficientes en la producción de bienes. Una vez se consiga esa eficiencia, se podrá ahorrar y eventualmente invertir en bienes de capital más productivos o que satisfagan nuevas necesidades. Así pues, el diagnóstico parece claro: mientras no haya intercambio (directo, al menos, el dinero aún queda lejos), los protagonistas de The Walking Dead están condenados al estancamiento y la economía hand-to-mouth.

¿Saldrán del impasse? Solo los guionistas lo saben, claro. Pero hay señales para la esperanza. Por un lado, el visionario Rick les marcó el camino con el intento de construcción de un puente que hubiera facilitado enormemente las comunicaciones entre los distintos lugares; pero dicho puente se malogró (en el capítulo antes citado) y desde entonces nadie se ha preocupado de relanzar su construcción. Por otro, hay varias referencias a una “feria” de próxima celebración, de la que hablan algunos de los personajes. Es claro que el propósito de la misma solo puede ser facilitar el intercambio tan necesario, y tan difícil, hasta el momento.

En resumen, si bien The Walking Dead se aparta en sus premisas de las leyes biológicas, sí parece bastante respetuosa con las leyes económicas.

Disfruten ustedes de esta Navidad, y comiencen bien el año 2019. Y, si pueden, vean la magnífica serie a la que he dedicado este análisis.

Comentarios

Cristóbal Matarán

En el cómic se organiza una feria anual entre las comunidades, dándose a entender que utilizan algún tipo de medio de intercambio.

J. L. Vives

Interesante metáfora.

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