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La élite invisible

Hace unas semanas conocí la existencia del nuevo libro de Javier Benegas: La ideología invisible: claves del totalitarismo que infecta a las sociedades occidentales.

No soy un lector incondicional de Disidentia.com. De hecho, cuando empezaron, cogí prestado su nombre para atacar a una corriente del conservadurismo que, en mi opinión, aprovecha lo políticamente correcto para encerrarse en su trinchera y abandonar el debate de las ideas. No lo decía por ellos, claro. Allí escriben personas a las que valoro mucho personal e intelectualmente como José Carlos Rodríguez, Fernando Diaz Villanueva o Luis I. Gómez. Pero el espíritu de la iniciativa, de primeras, no me terminó de convencer.

Desde entonces he leído muchos artículos de calidad en este medio, pero en conjunto siempre me ha parecido que se intentaba defender una tesis demasiado compleja como para ser resumida en artículos sueltos. El libro de Javier Benegas viene a resolver este problema.

Nassim Taleb siempre recomienda leer libros, y dejar a un lado los periódicos y artículos de opinión. No le voy a dar la razón, más que nada porque estoy escribiendo un artículo, no un libro, y quiero que me sigan leyendo. Pero seguramente se pueda afinar este consejo dirigiéndolo al escritor, y no al lector: si tienes algo muy interesante que decir, no pierdas tiempo con los artículos y escribe un libro. Aunque la vida real a veces tiene sus propios caminos, y muchas veces el libro termina forjándose gracias a los artículos que hay detrás de él.

En cualquier caso, La ideología invisible es un libro imprescindible de leer para todo aquellos que no terminamos de entender por qué es tan importante la corrección política. O, mejor dicho, por qué es tan importante ver en conjunto todos los aspectos que hay detrás de este fenómeno, en vez atacar sus distintas variantes por separado.

Benegas se ha molestado en estudiar cada uno de los acontecimientos que nos han conducido a la situación actual, para luego intentar entender cada una de las ramificaciones del discurso oficial. Y su gran merito es que no cae en los típicos lugares comunes del ataque a lo políticamente correcto, por lo que su lectura aporta muchos argumentos de peso para sostener su tesis.

Eso no quiere decir, por supuesto, que no haya aspectos discutibles en el libro. Es un tema muy complejo y querer abordarlo en tan pocas páginas siempre deja cabos sueltos. Pero, en mi opinión, sí apuntala bien dos cuestiones claves.

La primera es que lo políticamente correcto es un fenómeno nuevo, no por la imposición de una serie de ideas y conductas por parte de élite social (algo que ha pasado siempre), sino por el hecho de que esa élite, al ser progresista en vez de conservadora, no respeta la evolución social natural del ser humano, lo que la lleva a una espiral de improvisación constante que hace que el fenómeno sea imprevisible y arbitrario.

La segunda cuestión es el retrato que hace de la nueva élite social. Lo que yo he llamado para titular este artículo la élite invisible. Y no lo hago así porque no se pueda ver. De hecho, está a la vista de todo el mundo. Su mérito es precisamente esconderse poniéndose en primer plano.

Pueden ser los hijos de los miembros del partido laborista noruego viviendo en el mismo barrio, y preparándose para ser la siguiente generación de privilegiados que defenderá a una clase social con la que nunca se han cruzado en la vida real. O las redactoras de El País cuyos padres han pagado miles de euros por una educación, y un máster, que les garantiza ser la nueva generación de plumillas que nos van a traducir al español los nuevos mandamientos sociales que le llegan de la izquierda estadounidense.

Pero lo más curioso no es que esto sea así. La élite siempre ha colocado a sus hijos en los mejores puestos. Tampoco es el silencio que existe sobre estos casos. De la élite de verdad, la que tiene poder para aupar o hundir a las personas, solo se habla en los círculos donde su poder no llega, y estos siempre son intelectuales.

Lo verdaderamente sorprendente de estos tiempos que corren, es que todos los principales actores intelectuales de nuestra sociedad han decidido no ver esta realidad. Mientras partidos que ahora están gobernando acusan a las empresas de IBEX 35 de pagar sólo un 5% de impuestos de sociedades, solo un puñado de economistas que se financian por Patreon explican la realidad contable del asunto. ¿Qué hacen las élites de los consejos de administración del IBEX? Hablar de igualdad, cambio climático y política de género.

Vivimos en un capitalismo donde los CEO de grandes empresas dejan que a sus accionistas los defienda un tipo cualquiera en YouTube, porque su puesto depende de otras cosas. Y es algo tan aceptado socialmente que si lo señalas pasas automáticamente a la marginalidad. Y en la marginalidad te juntan con los conspiranoicos de todas las tendencias (que los hay y en cantidad), y eres borrado del mapa.

Esperemos que no sea el caso de Javier Benegas, y que podamos seguir leyendo lo mucho que puede seguir aportando sobre este tema.