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La epistemología como punto de partida

Dentro de la ciencia económica podríamos identificar varias ramas. Las más conocidas y tratadas podrían ser la teoría y la política económica, pues en definitiva, son las dos sobre las que más hablamos día a día. Sin embargo, otras dos ramas muy interesantes de la economía son la epistemología y metodología, a las que no se les suele prestar tanta atención, debido tal vez a su mayor grado de abstracción o complejidad. Como a continuación intentaremos ver, en ambas ramas, y más concretamente, en la epistemología, es donde tendremos que volcar nuestros esfuerzos intelectuales si queremos, primeramente, encontrar la mejor forma de comprender la realidad y acercarnos a la verdad científica, y en segundo lugar, que las ideas de la Escuela Austriaca puedan no solo introducirse en el mainstream sino unificarlo.

La importancia que ha de atribuirse a la epistemología y metodología se desprende automáticamente al identificar el proceso de creación de conocimiento dentro de la ciencia económica. Para poder hacer teoría económica, primero necesitamos definir conceptos económicos básicos, y luego, establecer una estrategia general que nos permita construir esas teorías de forma rigurosa. La epistemología es la primera fase, que consiste en asentar los principios, los conocimientos más básicos y elementales, sobre los que ha de construirse cualquier teoría. La metodología es la segunda; el proceso que seguiremos para construir una teoría.

Si echamos la vista atrás para observar los grandes debates de la ciencia económica, podríamos decir que muchos han sido teóricos. Ha habido también muchos metodológicos, como el famoso Methodenstreit entre la Escuela Austriaca y la Escuela Histórica Alemana. Sin embargo, la ciencia económica en conjunto no ha salido beneficiada de apenas ninguno. No ha salido beneficiada porque, o no ha habido consenso sobre una determinada postura, o se ha impuesto una postura que luego ha demostrado ser incapaz de explicar ciertas realidades debido a sus contradicciones internas. En resumidas cuentas, no hemos conseguido acercarnos a la verdad, y como consecuencia de esas metodologías y teorías fallidas de carácter universal, la economía más reciente ha optado por rechazarlas y caer en una especie de relativismo epistemológico, en el que las leyes universales pierden valor, y solo podemos identificar ciertos patrones de comportamiento de grupos concretos para aplicar luego determinadas políticas económicas.

¿Cómo vamos a debatir sobre teoría si partimos de bases epistemológicas distintas? Para que nos hagamos una idea, observemos el siguiente símil que a muchos les habrá ocurrido. Le pregunto: ¿Qué ocurre cuando discute con alguien sobre neoliberalismo? Seguramente, no llegarán a ninguna conclusión fructífera, a menos que se pongan de acuerdo en lo que cada uno entiende por neoliberalismo e intenten determinar una conceptualización válida y consistente con la realidad. A partir de entonces, es cuando ambos podrán discutir posteriores asuntos o implicaciones teóricas, siendo ahora mucho más fácil que haya una conclusión común. Pero será imposible cualquier argumentación si una parte entiende neoliberalismo como tibia socialdemocracia, y la otra como capitalismo salvaje. Con esta ejemplificación tan básica, quería ilustrar la importancia que tiene una base conceptual común, sobre la que debatir posteriormente. Lo más normal es que cada escuela de pensamiento llegue a conclusiones teóricas coherentes con su propia epistemología o metodología, no con la epistemología de otra corriente de pensamiento. Por ello, el primer paso para poder llegar a conclusiones teóricas posteriores será debatir las primeras ideas básicas que, en definitiva, es eso que llamamos epistemología.

Más concretamente, deberíamos partir desde cero, explicando exhaustivamente cuál es el sujeto y objeto de estudio y cuáles son las limitaciones del conocimiento que vamos a extraer, teniendo principalmente en cuenta la capacidad de conocer del observador, es decir, del ser humano. Toda teoría lleva detrás una idea sobre cada una de esas cuestiones. Por ejemplo, si creemos en la planificación económica, estaremos asumiendo explícita o implícitamente que somos capaces de acceder a más conocimiento del sujeto y derivado del sujeto de estudio de lo que creemos que podemos conseguir si lo hacemos desde la perspectiva de un pensador que ve la planificación como una imposibilidad, debida a los propios límites del conocimiento humano. Llegar a un consenso epistemológico es un paso imprescindible si se quiere hacer una ciencia económica robusta que sea capaz de explicar la realidad.

Lo cierto es que dentro de la propia Escuela Austriaca hay variedad epistemológica y metodológica [ver White (1997), aunque habría que tener en cuenta también a Hoppe (1995)], por lo que uno de los primeros objetivos a cumplir por parte de los pensadores austriacos será llegar a un consenso epistemológico dentro de la propia escuela, para luego poder llevarlo al mainstream económico. Es por ello fundamental poner todos los esfuerzos posibles en la epistemología, sabiendo que es el primer paso para conseguir una ciencia económica que pueda describir rigurosamente la realidad que queremos conocer y abandone el relativismo epistemológico.

Bibliografía

Hoppe, H.-H. (1995). Economic Science and the Austrian Method. Auburn: The Ludwig von Mises Institute.

White, L. ([1977] 2003). The Methodology of the Austrian School Economists. Auburn: The Ludwig von Mises Institute.