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La globalización y la crisis española

En el trascurso de una conversación informal, la semana pasada, fui testigo de cómo un grupo de personas culpaba de la actual crisis económica a la globalización, hablando de ésta como si su génesis y desenvolvimiento no tuviesen que ver con España.Al día siguiente, consultando un manual universitario sobre economía de la Unión Europea, pude comprobar como el autor del mismo acudía también a causas exógenas para explicar la crisis, culpando de ésta casi exclusivamente, a los bancos estadounidenses, por haber realizado préstamos hipotecarios a personas de baja solvencia, y a las agencias de calificación, por sobrevalorar la solvencia tanto de los bancos como de los productos asociados a los préstamos hipotecarios. Según este manual, cuando un número elevado de prestatarios se declaró insolvente, los bancos estadounidenses entraron en pérdidas y los productos basados en dichas garantías pasaron a tener un valor más reducido, originándose una reacción en cadena que ha acabado por afectar la estabilidad y solvencia del sistema bancario mundial y dando lugar a la crisis que ha acabado por perjudicar a todos los países del mundo.Cabría preguntarse si estas explicaciones son ciertas, falsas o deberían matizarse. Si se compara la situación de España con la de otros países afectados por la crisis económica se puede apreciar la existencia de algunos factores comunes. Entre ellos, sin duda, se encuentra el hecho de que las inversiones realizadas con anterioridad a la crisis fueron muy elevadas, financiándose en su mayoría con recursos ajenos.En el caso de España, incurrieron en este endeudamiento tanto particulares (fundamentalmente para la adquisición de bienes inmuebles) como empresas y administraciones públicas. Esta preferencia por la inversión, sin duda, estuvo motivada por el bajo coste que durante años han tenido los préstamos. En este aspecto, sin duda, aparece un factor exógeno, ya que, en última medida, los tipos de interés aplicados por el Banco Central Europeo repercuten en los aplicados por las entidades financieras a sus clientes.También se pueden apreciar circunstancias especiales en España. Aunque el endeudamiento de los agentes privados para la adquisición de inmuebles se ha producido en otros países del mundo, en el caso español, la subida de sus precios ha sido más elevada, llamando la atención por la relativa baja densidad de España y la abundancia de suelo teóricamente disponible, que debería haber hecho que la oferta hubiese reaccionado con mayor flexibilidad y rapidez. El segundo factor diferenciador, es el elevado nivel de desempleo al que se ha llegado en un plazo muy breve de tiempo. Así, en otros países con una contracción del PIB superior al de España las repercusiones en la tasa de empleo no han sido tan severas.Es cierto que ha existido un origen común de la crisis, que se encontraría en los bajos tipos de interés que han mantenido los bancos centrales y que han provocado que se hayan acometido inversiones de dudosa rentabilidad, sin existir un ahorro para financiarlas. No obstante, en el caso español han existido factores particulares que la han agravado, como las peculiaridades del mercado inmobiliario o los altos niveles de desempleo que se han alcanzado.Sin duda el primer factor puede calificarse como exógeno al depender los tipos de interés de las decisiones del Banco Central Europeo, aunque cabría plantearse la duda de si en el caso de que España no se hubiese integrado en el euro la política del Banco de España hubiese sido distinta con respecto a la fijación de los tipos de interés. Sin embargo, tampoco debe olvidarse que la decisión de acometer inversiones de escasa o dudosa rentabilidad fue tomada por los agentes económicos españoles, o que la infravaloración de riesgos que se pudo cometer a la hora de conceder dichos préstamos correspondió a instituciones financieras españolas.Asímismo, fueron factores internos los que incrementaron los efectos de la crisis, y son ellos los que debe analizase para estudiar qué hace a España distinta de otros países que tienen menos dificultades a la hora de hacer frente a la crisis.