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La Gran Depresión: lecciones de la historia

El estudio de la Gran Depresión es uno de esos casos que resaltan la importancia del conocimiento de la historia para evitar, o al menos alertar sobre errores futuros. Pero tal y como nos enseñó Ludwig von Mises, el estudio de la historia debe ir acompañado de la teoría, en este caso, económica.

Desgraciadamente, y a pesar de varios monográficos sobre el tema (de Rothbard, Robbins), todavía hoy se considera a la Gran Depresión americana como un "fracaso del mercado" o una consecuencia inevitable del capitalismo de corte laissez-faire. Todavía sigue constituyendo una excusa histórica para aumentar la intervención económica y aumentar el poder del Estado, siendo una de las bases del actual Estado del Bienestar.

Muy al contrario de la "versión oficial", pensadores austriacos (para ver un resumen de las principales explicaciones de la depresión, aquí) han ofrecido una interpretación muy diferente de lo ocurrido, desplazando el presunto "fracaso del mercado" al fracaso de la intervención económica en varias de sus formas. Uno de ellos, el recientemente fallecido Hans Sennholz, dividió la crisis en cuatro fases que reproduzco a continuación, añadiendo los errores cometidos entre paréntesis en cada una de ellas:

  1. Ciclo Económico, 1921-1929 (manipulación monetaria y malas deudas): la recién creada Reserva Federal (Fed) expandió la oferta monetaria brutalmente durante la década de los años 20, creándose malas deudas que no eran sostenibles en el tiempo. Así se originó un auge económico, sustentado en las arenas movedizas de la política monetaria expansiva, lo cual generó la conocida burbuja de los activos financieros que pinchó en 1929. Fue en ese año cuando se paralizó la expansión crediticia y las consecuencias de las medidas suicidas de la Fed salieron a la luz, a pesar de que los austriacos Mises y Hayek ya alertaron de los peligros que se avecinaban. En octubre de 1929 tuvo lugar el célebre crash bursátil, alentado, según algunas fuentes, por fuertes rumores acerca de la aplicación de una ley fuertemente proteccionista, la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, aprobada finalmente en 1930.
  2. Desintegración económica, 1929-1933 (proteccionismo exacerbado, subidas de impuestos, etc.): en estos cuatro años, las políticas del republicano (supuestamente partidario del laissez-faire, según se dice) Herbert Hoover no hicieron más que agravar la crisis, disparándose el desempleo del 8% de la población activa en 1930 al 15% en 1931. Las medidas que aplicó consistieron básicamente en acabar con el libre comercio internacional a través de leyes arancelarias (como la ya comentada) y restricciones varias e incrementar la presión fiscal del 16% al 29% del producto privado neto, según estimaciones de Rothbard.
  3. New Deal de Roosevelt, 1933-1937 (planificación económica, aumento gasto público y más impuestos): el plan salvador de la aguda crisis de la economía americana llegó con Roosevelt, que empeoró las cosas todavía más merced a sus ansias planificadoras: controles de precios, salarios mínimos, altas regulaciones sobre horas y condiciones de trabajo, reducción de la oferta agrícola (destruyéndose cosechas y ganado para mantener los precios de los agricultores), aumento de varios impuestos y expansión notable del gasto público, en forma de grandes obras públicas. El desempleo alcanzó su máximo en el 25%, pero afortunadamente dos de las medidas estrella del New Deal, a saber, la Ley de Recuperación Nacional, NRA (en la industria) y la Ley de Asistencia a la Agricultura, AAA, fueron consideradas inconstitucionales por el Tribunal Supremo, entre 1935 y 1936, por lo que la tasa de desempleo descendió hasta el 14% en 1936.
  4. Ley Wagner, 1937-1941 (no aprender de los errores): esta nueva ley supuso un nuevo revés para la recuperación económica, imponiendo nuevos controles e impuestos, mayores salarios mínimos y reforzando el poder de los sindicatos, quienes no dudaron en usarlo mediante amenazas, boicots, y huelgas. Así, el desempleo volvió a repuntar, hasta el 20% en 1940.

Finalmente, Estados Unidos entró en guerra en plena crisis, convirtiéndose en una economía dirigida hasta su final, tras el cual el país pudo salir definitivamente de la tan prolongada depresión (véanse los artículos de Robert Higgs criticando la idea de que fue la guerra la que salvó al país norteamericano: 1, 2).

En la actualidad vivimos en una coyuntura muy delicada, que podría guardar algún paralelismo con los acontecimientos arriba descritos. En efecto, la existencia de unos tipos de interés artificialmente bajos años atrás produjo la creación de nuevo crédito que afluyó a inversiones (especialmente al mercado inmobiliario y de valores) que no se hubieran realizado de no haberse actuado de forma irresponsable desde las autoridades monetarias. Es decir, estas nuevas inversiones eran insostenibles en el tiempo, ya que el proceso de expansión monetaria debe acabar tarde o temprano. Y cuanto más se retrase el final, peor será la subsiguiente crisis, periodo inevitable, en el cual aquellas malas inversiones realizadas se muestran no rentables, y deben liquidarse. Este proceso de ajuste, que repito, es inevitable, debería facilitarse, y no tratar de retrasarlo con mayores intervenciones en el funcionamiento del libre mercado.

Se podrían extraer varias lecciones de la Gran Depresión. En primer lugar, Mises y Hayek demostraron contar con una teoría económica con un poder predictivo mucho mayor que el de otros economistas más prestigiosos que ellos, como Keynes o Fisher. Esto fue debido en parte porque estos últimos centraban su atención de análisis en el índice de precios, es decir, un agregado macroeconómico, mientras que los primeros examinaban las variaciones de los precios relativos de los distintos bienes (siguiendo la taxonomía mengeriana de bienes más alejados o cercanos al consumo). De hecho, durante la década de los 20 el índice general de precios apenas se modificó, con lo que para Keynes y Fisher todo estaba en orden, tanto que este último predijo unas semanas antes del crash bursátil que la bolsa seguiría subiendo. Por tanto, esto nos podría dar la idea de la insuficiencia teórica de las enseñanzas surgidas a partir de estos economistas, y de la gran capacidad predictiva de la economía austriaca, que podría revelar la mayor corrección del aparato teórico desarrollado por los austriacos.

Por último, en nuestra situación actual es muy necesario recordar por qué se produjo la Gran Depresión, pero sobre todo, dado que la crisis parece inevitable, por qué se alargó durante tantos años. Se debería aprender de los errores cometidos a partir del crash bursátil para evitar que se empeore la situación todavía más. No es ésta una época propicia para experimentos planificadores ni medidas demagógicas como las que llevaron a cabo Hoover y Roosevelt. Sin embargo, me temo que mucho tendrían que cambiar las cosas para que se aplique la sensatez y prudencia en las políticas económicas. Pero, por favor, ¡aprendan de una vez de sus errores!