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La huelga del fútbol y el anillo de poder

Hay mucha gente sorprendida desde hace meses por el éxito mediático que ha obtenido un partido marginal como Podemos en España. Parece que han dado una lección de política y comunicación de la que hay bastantes cosas que aprender.

No lo voy a negar, más que nada, porque nunca me ha interesado mucho la política  y la comunicación tal como la utilizan en Podemos. Pero lo que sí creo que merece ser analizado es por qué un partido que no ha disimulado su ambición por manejar hasta el último resorte del país desde el gobierno haya podido suscitar la simpatía de tanta gente.

Para ello es útil imaginar el poder del Estado como el famoso anillo de Sauron, en El Señor de los anillos. Los podemitas le cuentan a la gente que para poder contrarrestar el poder de ciertas élites (empresarios, clero, etc.) es necesario usar este anillo sin ningún reparo y conseguir derrotar al mal.

El éxito de este planteamiento depende de dos factores: que la sociedad acepte que aquellos que son señalados como fuente de mal en realidad lo sean, y que se acepte de igual grado que la utilización del anillo no va a tener unas consecuencias iguales o peores que las que el propio mal produce.

En el primer factor no voy a profundizar porque da para su propio comentario. Digamos simplemente que hay cierta tendencia en la actual sociedad a pensar en que la culpa de nuestros males siempre la tiene otro grupo, al que se caracteriza infantilmente como maligno.

Sobre el segundo factor hemos tenido un ejemplo que no por absurdo deja de ser menos clarificador: el real decreto sobre el reparto de los derechos televisivos de la liga de fútbol española.

Es muy fácil aceptar que se use el anillo para combatir un mal inmenso. En el libro el mérito de los protagonistas fue decidir destruir el anillo cuando la tentación de usarlo para salvar su civilización era enorme.  Lo que es más difícil de entender es que se use el anillo de poder para forzar a tres familias de hobbits de la Comarca a fijar unas cuotas de reparto de la venta de su famoso tabaco.

Por desgracia en la sociedad actual se acepta no solo que el gobierno tenga un poder enorme, sino que lo use a su antojo en todo tema en el que le apetezca intervenir. El uso del poder está tan aceptado y fuera de duda que puede ser utilizado casi en cualquier cosa.

En una sociedad así es bastante lógico que un partido que promete usar el poder enorme que el gobierno proporciona en beneficio de una mayoría, y por tanto en contra de una minoría, tenga muy fácil comunicar su mensaje. Si existe un poder que puede usarse para resolver cualquier problema, ¿por qué no usarlo para que todos tengamos una vida digna y que no nos falte de nada?

Así que sí, Podemos podrá comunicar muy bien y hacer muy buena propaganda pero, no nos engañemos, las ideas que le sirven de combustible no se las han inculcado ellos a sus simpatizantes, sino que llevan penetrando en la sociedad desde hace décadas. Y éstas no se combaten atacando al partido que se aprovecha de ellas, sino denunciando, día tras día y aunque no nos afecte en nada, cada uso injustificado de ese poder que le da la sociedad al Estado, y que, al igual que aquel anillo que destruyó Frodo, solo existe para someternos a todos.