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La importancia de ponerse en los zapatos del adversario

Los libertarios tenemos debates ideológicos a diario, debido, creo yo, a varios motivos. Primero, para considerarnos libertarios hemos tenido que investigar y empaparnos de conocimiento poco habitual, lo que significa que somos apasionados de lo que pensamos, la libertad, y por ello no paramos de hablar de ella. Además, el mundo está lleno de gente que no piensa como nosotros, así que es muy normal tratar a diario con personas que aún siguen confiando en el Estado. Si sumamos la pasión con un contexto adverso, es muy normal que estemos continuamente dando la lucha de las ideas.

Sin embargo, esta lucha de las ideas es sumamente complicada, porque, aunque vayamos siempre con más sustento teórico, científico y, casi siempre, empírico, nuestros adversarios no suelen dar su brazo a torcer. Por muchas estadísticas y datos que llevemos, parece que hicieran oídos sordos. Esto acaba por frustrarnos y pensamos en dejar de debatir y mostrar nuestras ideas a los demás. No obstante, para auténticos apasionados de la libertad es verdaderamente difícil no defender hasta en el último rincón cualquier idea de dignidad, justicia y humanidad, en definitiva, de libertad.

Si a los sesgos que habitualmente tenemos todas las personas, por los que se nos hace mucho más difícil la batalla intelectual, le sumamos que podemos tener conceptos morales o éticos distintos, entonces, tenemos un problema mucho más grave. Para este tipo de situaciones, convencer al contrario de que la intervención del Estado no es buena, se hace muchísimo más complicado. Un ejemplo muy evidente de eso es el de los conceptos de libertad negativa y positiva, o derechos negativos y positivos. No es nada fácil, creyendo en la libertad negativa, convencer al que cree en la libertad positiva de que el Estado no es necesario. Los libertarios creemos que deben de garantizarse unos derechos negativos intrínsecos a la persona, fundamentados muchas veces en el iusnaturalismo, y que, a partir de ahí, el resultado del proceso de mercado será justo por muy desigual que parezca. Sin embargo, el concepto de libertad positiva implica un enfoque material, al creer que solo pueden ser libres los que tengan medios o recursos para serlo.

Sabemos perfectamente que el concepto de libertad positiva está mal desde la ética y la eficiencia dinámica. Aún así, tenemos la obligación de convencer al otro. Para ello, nos ayudará saber que es más fácil cambiar las creencias de una persona, que sus valores o ideales normativos. Por eso mismo, en vez de intentar demostrarle por qué la libertad positiva no es correcta, argumentémosle cómo el capitalismo y el libre mercado hace que las condiciones de vida de todos mejoren y que, de esa forma, todos seamos mucho más ricos y tengamos más recursos y medios para “decidir”. Una vez que su creencia sobre el capitalismo haya cambiado -cosa que precisamente queríamos conseguir-, dejará de apoyar el intervencionismo sin haber abandonado su concepto de libertad y justicia material. Y entonces, con el tiempo, el debate y la reflexión, puede que sus ideales normativos y éticos evolucionen hacia la libertad negativa y la ética libertaria. Pero, por lo pronto, hemos conseguido que deje de confiar en el intervencionismo y crea en la libertad de mercado.

Lo mismo ocurre con otras preferencias normativas como es el caso de la igualdad o desigualdad. De nuevo, los libertarios creemos que la única igualdad que debe prevalecer es la igualdad jurídica. Los resultados desiguales no son injustos mientras se respeten los principios jurídicos básicos. Sin embargo, muchas personas tienen una gran preferencia por la igualdad, y creen que la economía de mercado permite la desigualdad y el Estado es el único medio de corrección de esa “injusticia”. Ante este contexto, debemos de demostrarle que el capitalismo favorece la igualdad en ciertas situaciones y que, además, es una preferencia más que puede alcanzarse mediante la libertad.

El caso más llamativo para la igualdad es el de la mujer en la economía. El típico argumento se refiere a la existencia de relaciones de poder informal en el mercado que, por mucha libertad que haya, impiden que las mujeres alcancen las mismas posibilidades y éxitos que los hombres. Entonces, el gobierno debe corregir esas relaciones de poder y facilitar el progreso de la mujer. Empero, la economía de mercado vuelve a demostrar que es claramente beneficiosa para la mujer, así, los países más liberales son aquellos donde la mujer vive mejor y alcanza más logros sociales. Además, los países más libres -donde tienen más renta per cápita- son aquellos donde el reparto de tareas domésticas es más igualitario. Por el contrario, el gobierno con su intervención provoca un rechazo social que dificulta el cambio de valores y, además, impide la creación de riqueza perjudicando principalmente a las mujeres.

También, como comentábamos anteriormente, en un sistema de libertad la igualdad también es posible. Es otra preferencia o valor social más, y es perfectamente compatible con el progreso de toda la humanidad. Si las personas preferimos la igualdad, de forma libre y voluntaria podemos colaborar para alcanzar esa igualdad. Mucha gente podría donar y repartir de forma voluntaria y comunitaria su renta entre los demás. Y eso lo haría desde la voluntariedad, de acuerdo a sus preferencias morales y respetando la libertad y propiedad privada, que son los motores del progreso económico y social, y son los atacados constantemente por el Estado. Así que, otra vez, podemos demostrar cómo la economía de mercado permite conseguir la igualdad y el progreso, frente a la planificación gubernamental que trae igualdad y miseria. Con el tiempo, ya cambiarán sus preferencias morales, pero por el momento deja de abrazar el intervencionismo para unirse a la libertad.

Por eso mismo, es importante pensar y debatir poniéndonos en los zapatos del adversario. Es decir, argumentando en línea con sus valores morales. No vamos a conseguir convencerlo de nuestras preferencias normativas, pero si podemos cambiar su creencia sobre la economía de mercado y la libertad y cómo es muy positiva para él y sus preferencias. Esto es clave para la efectividad de la batalla de las ideas; más aún, cuando ante el nuevo Gobierno de España, se abren claras ventanas de oportunidad, como diría Nils Karlson, en las que podemos tornar el rumbo del sistema hacía la libertad.