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A la izquierda, donde el corazón

En 1952 se publicó la novela autobiográfica de Leonhard Frank (1882-1961) Links, Wo Das Herz Ist, (A la izquierda, donde el corazón). Si bien el contenido de la obra no constituye una crítica política ni económica pura, su título remite a las creencias del autor[i], y sintetiza -acaso mejor que ningún otro-, una relación muy frecuente entre la auto-identificación como persona sensible, y la adopción de o simpatía hacia ideas de izquierdas, o al menos, anticapitalistas.

Abundan tantos ejemplos de esto, que parece casi ocioso ponerse a enumerarlos. Basta pensar en el prototipo del joven romántico, aventurero y anti-sistema que se ha forjado con la mitificación del Che Guevara, llegando en algunas emulaciones prácticamente a lo kitsch. Hay otros, como el flâneur (paseante) baudelairiano, procesado por la interpretación de Walter Benjamin y ensayistas posteriores, como el observador urbano al margen del frenesí burgués de supuesta obsesión por la productividad. Benjamin lo concibe como un alienado intérprete fatídico y una posible alternativa al ciudadano consumista o ciudadano-mercancía.[ii][iii] El escritor argentino Edgardo Scott retoma la figura, rescatando “la práctica de caminar como una poética [como] fundamental para tolerar el discurso hegemónico y cotidiano del marketing”.[iv]

La categoría de los sensibles puede resultar vaga, abarcando románticos, poetas (malditos), artistas, espirituales, alternativos, bohemios, hippies, renegados, anti-sistemas, etc. Stover y Himmelein, por ejemplo, identifican cinco tipos distintos de bohemios: nouveau, gitano, beat, zen, y dandi, según su orientación o actividad. [v] Cualquier persona tiene la capacidad de ser sensible, y puede manifestar de alguna u otra manera sensibilidad o espíritu romántico. Pero una cosa es ser sensible, y otra es identificarse primordialmente con esa sensibilidad. En este último caso, la sensibilidad está auto-explicitada, y el individuo es en alguna medida consciente de su animadversión al “sistema”, al status quo, al establishment, o a lo hegemónico. Y esto, a su vez, implica cierto grado de alienación. Éste sería el factor común que permitiría categorizarlos con mayor claridad.

Caracterización del anticapitalista romántico

Teniendo en cuenta la relación que mencionamos al principio, el siguiente paso sería distinguir dentro de esta categoría de sensibles alienados a los que identifican al sistema alienante con el capitalismo. No todas las personas que se auto-identifican como sensibles, con espíritu poético, artísticas, espirituales, o incluso bohemios, sostienen una concepción negativa del capitalismo. Pero mi experiencia me hace pensar que la mayoría, sí. El ejemplo de Frank no parece ser la excepción. Luego del fracaso económico de los regímenes del bloque soviético se ha intensificado la relación entre el descontento de los alienados y el espíritu anticapitalista. Esto se ha dado en gran medida por el hecho de que muchos pensadores socialistas -a menudo más o menos conscientemente inspirados por Gramsci, los marxistas humanistas, y los posmodernos-, han redirigido sus críticas al campo de la cultura y de la política identitaria. Y también están los sensibles alienados que, sin provenir del ámbito de la militancia política, encuentran resonancias –acaso más difusas- en las nuevas consignas socialistas. La política socialista se ha acercado a la cultura, y la cultura al socialismo. El tipo emergente es el romántico “con conciencia social”.[vi]

Cabe señalar que también persisten los detractores del capitalismo que no tienen este tipo de visión romántica del mundo o de sí mismos. Sus críticas se basan en argumentaciones económicas, político-económicas o de clase. Estas argumentaciones pueden tener fundamentos morales subyacentes, pero no ponen el énfasis en el aspecto cultural o en la alienación del individuo.[vii] Éste no es el tipo de crítica que estamos analizando aquí.

Quizás sería más acertado entender las críticas de inspiración romántica hacia el “capitalismo” o la “burguesía” como críticas al mercantilismo. Lo que se aborrece es una vida que prioriza la necesidad de obtener una ganancia, de crecer constantemente, de ser productivo, de tener que hacer de toda actividad sostenible un negocio viable. El sensible alienado, entonces, sufre o se queja porque: (a) su vida carece de poesía o espiritualidad ante la necesidad de dedicar su tiempo a ganarse la vida; ó, (b) si su actividad sí se desarrolla en un campo que considera valioso (cultura, arte, espiritualidad), la sociedad capitalista no se lo valora. La crítica romántica al capitalismo que aquí tipifico, entonces, se centra en una visión del libre intercambio de mercancías, de la competencia empresarial y de la producción resultante como un sistema perverso y deshumanizado que va en contra de los valores más elevados.

Desde luego, si no nos limitamos a tener una visión mercantilista de la vida, es razonable suponer que el mercado no siempre nos garantizará los productos de más alta calidad. La popularidad y el éxito económico de muchos productos de entretenimiento, por ejemplo, de ninguna manera equivalen a una superioridad en el valor artístico, cultural o espiritual de dichos productos (evitaremos dar ejemplos específicos para no ofender innecesariamente). El mercado siempre está condicionado por la demanda, y ésta podrá reflejar la ignorancia o el bajo vuelo de la imaginación o la pobreza cultural.

Problemas del anticapitalismo romántico

Pero la crítica del romántico anticapitalista, si bien pueda tener motivaciones loables, está mal dirigida. La tendencia a la mediocridad, e incluso la inclinación a la bajeza moral, podrán ser parte de la vida, pero no son provocadas por la economía de mercado. En el campo de las artes, la calidad de las obras no parece estar directamente relacionada al sistema económico imperante. Resultaría muy extraña la proposición de que las obras realizadas bajo regímenes comunistas o fascistas son superiores a las realizadas en una economía de mercado. Alguien podría incluso argumentar que las obras más salientes de la humanidad han surgido de artistas que trabajaban para la nobleza, artistas muchos de ellos sin el más mínimo espíritu revolucionario. Pero a casi nadie se le ocurriría volver a sistemas político-económicos pre-modernos para elevar la calidad artística. Las dificultades espirituales o los problemas ambientales que afrontamos en las actuales sociedades urbanizadas tampoco desaparecerán ni menguarán si optamos por controlar los mercados.

El impulso del romántico suele ser difuso, y busca delinearse mejor frente a un enemigo identificable. Los ideales socialistas que denuncian a la cultura “burguesa hegemónica” le resultan atractivos a este idealista sensible porque apelan a su descontento con el sistema en el que vive. Así, echa mano a diversas causas que prometen erigirse como amenazas al sistema, básicamente las de la política identitaria. También puede inclinarse por variantes basadas en ideas de hermandad, igualdad y bondad inherente del ser humano, tales como el tópico del buen salvaje, o la voluntad general rousseauniana, traducida en la figura de “El Pueblo”.

Este tipo de posturas en algunos casos peca de inocencia. Basta una somera consideración de los eventos internacionales de los últimos cincuenta años para desalentar cualquier intento de retomar una estrategia diplomática, militar y económica basada en una burocracia estatal desprovista de señales de mercado. No parece racional apostar por un sistema que se ha mostrado estratégicamente insostenible frente a alternativas abiertas al comercio internacional con al menos un considerable grado de libre mercado. La incapacidad de ver la inviabilidad de esa vía hoy puede ser entendible en románticos más jóvenes con cortos años de formación o experiencia, pero sería inocente en un adulto formado.

Ahora bien, el romántico detractor del capitalismo podría no ser inocente y aceptar la inviabilidad de la economía estatizada, pero aun así ver al capitalismo como un mal necesario. Este romántico que vive en una sociedad capitalista, procura vivir haciendo las cosas “por amor al arte”, desdeñando el interés por lo material lo más posible. Pero hay una complejidad psicológica en el alienado que rechaza el status quo burgués capitalista, que es justamente lo que le permite autodefinirse, en contrapunto, como alienado. Una vez que acepta la inviabilidad del comunismo, su postura marginal ya no es eminentemente anticapitalista. Para no incurrir en una contradicción, deberá evitar la tentación de recaer en proclamas socialistas y ser muy cuidadoso en su crítica al capitalismo. Entonces, ¿qué movidas posibles le quedan?

Una alternativa posible es matizar la crítica. Se podría argumentar que ningún país tiene una economía completamente de libre mercado, algo, que desde el punto de vista del anticapitalista, podría ser favorable. El romántico podría estar a favor de que una minoría ilustrada fuerce a los ciudadanos a financiar compensaciones que promuevan la igualdad, o incluso las actividades y los bienes que considera más elevados, tales como las artes o el patrimonio histórico. Así, partiendo de su sensación personal de alienación -más que desde una teoría política u económica de clases-, terminaría de todas maneras alineándose a propuestas de una economía mixta, siempre basándose en la idea de que el capitalismo promueve la desigualdad y un mercantilismo inhumano.

Esta idea de “humanizar” el capitalismo mediante la intervención estatal vuelve a insistir sobre la relación que hemos mencionado al comienzo. El problema de esta idea, es que se basa sobre dos premisas más que cuestionables. Por un lado, enfrenta a la igualdad con la libertad, valorando a aquélla por sobre ésta. Esta valoración no se condice con la migración de millones de personas hacia las naciones relativamente más libres, y no al revés. Por otro lado, presupone que las actividades humanas más “elevadas”, como podrían ser la solidaridad o la creación artística, jamás podrían ser objeto de la financiación capitalista. En primer lugar, esto no es cierto. Pero, además, al romántico que desdeña la publicidad o el marketing que pueda requerir la difusión de un bien culturalmente valioso, se le pasa por alto que en un esquema más estatal tampoco es posible sortear la necesidad de convencer a los financistas del proyecto, en este caso, los burócratas del Estado. La publicidad engañosa o un excesivo énfasis en el marketing son fallas que tienen que ver con la pobreza de los argumentos de los propulsores del proyecto y/o de las facultades de los potenciales financistas, y no con el hecho de que estos últimos sean privados o públicos.

El problema eterno de la alienación

El descontento del sensible alienado, sin embargo, es en esencia un sentimiento válido que no podrá desaparecer.[viii] Por ejemplo, la relación entre la tecnificación y la deshumanización de algunos trabajos y del entorno presenta nuevos desafíos que el capitalismo no ha resuelto definitivamente.[ix] En el campo de actividad humana que sea, la lucha por el reconocimiento es una realidad de la psiquis humana. La autoestima, la dignidad, la fama, la gloria, la valoración, el honor, son importantes dimensiones de la vida humana que exceden a las interpretaciones exclusivamente económicas. Francis Fukuyama en su libro The End of History and the Last Man, analiza diversos sistemas políticos y su relación con el concepto platónico thymós y la visión hegeliana extra-materialista de la historia que incorpora la lucha por el reconocimiento como uno de los elementos esenciales.[x] Las democracias liberales capitalistas tampoco están relevadas de la tarea de procurar la temperación de los excesos que puede provocar un thymós desmedido, tanto a través de su represión como de su canalización en la división de poderes.

El error del sensible anticapitalista es no reconocer que vivir más allá de la preocupación por la subsistencia con ideales solidarios y elevados es un dilema vital de difícil solución, y que no ha sido creado por el capitalismo. Si bien es razonable pensar que el capitalismo no lo resuelve definitivamente, tampoco pareciera haber ninguna evidencia clara de que lo agrave. Además, esa crítica falla en no ver que el libre mercado no requiere que todos seamos empresarios capitalistas. El capitalismo no impide que haya una parte de la población que lleve adelante su tarea diaria con un espíritu primordialmente poético o extra-materialista. La solidaridad, el afecto, la espiritualidad, el desapego material y una refinada cultura constituyen nobles metas humanas. Pero proponer la conculcación de la libertad de comerciar con el fin de lograr esas metas, además de implicar una tiranía –en el mejor de los casos, de la mayoría-, presupone un grave error de diagnóstico.

[i] Un tema esencial de la ficción de Frank es la alienación y el sufrimiento del individuo en contextos sociales adversos. El autor a menudo dramatiza la destrucción del espíritu individual por parte de la sociedad burguesa. Su inclinación por el marxismo nació de su amistad con el socialista español Julio Álvarez del Vayo. [Jennifer Michaels, The Fiction of Leonhard Frank: A Survey. The International Fiction Review, 8, No. 1 (1981); https://www.britannica.com/biography/Leonhard-Frank].

[ii] Martina Lauster, Walter Benjamin’s Myth of the Flâneur, p 149, 156, Modern Language Review, 102 (2007), Modern Humanities Research Association.

[iii] https://www.alianzafrancesamalaga.es/el-flaneur-y-la-devocion-por-la-ciu...

[iv] https://www.zivals.com.ar/nota/edgardo+scott++%E2%80%9Cla+pr%C3%A1ctica+...

[v] https://www.echopointbooks.com/philosophy-social-science/bohemian-manifesto-a-field-guide-to-living-on-the-edge Nouveau: bohemios ricos que intentan unir la bohemia tradicional con la cultura actual. Gitanos: tipos expatriados, que crean su propio ideal de nirvana donde quiera que vayan. Beat: también vagabundos, pero no materialistas y enfocados en el arte. Zen: post-beat, enfocados en espiritualidad más que en arte. Dandi: sin dinero, pero aparentando tenerlo mediante objetos caros o raros. https://en.wikipedia.org/wiki/Bohemianism#cite_ref-22

[vi] Para muestra, basta un botón. He aquí una revista que propugna valores de culturas amerindias, la justicia social, la conciencia popular, la inclusión, etc, en contra de “la agenda del mercado en materia cultural”:

https://revistaruda.com/quienes-somos/

[vii] Por ejemplo, el materialismo dialéctico, el marxismo estructural.

[viii] El concepto de alienación ha ido adquiriendo diversos sentidos a lo largo de la historia, al punto de acomodar conceptualizaciones contradictorias entre sí. Una exploración mínima del concepto ameritaría cuando menos un artículo entero. Lo entendemos aquí en un sentido amplio de sensación de aislamiento o distancia por parte del individuo respecto de la sociedad en que vive. El individuo alienado vive su actividad diaria como carente parcial o totalmente de sentido, y se siente impotente para cambiarla.

[ix] El análisis de esta problemática y de algunos desaciertos frecuentes en la contra-crítica de los defensores del capitalismo dirigida a estos románticos podrá ser tema de un próximo artículo.

[x] Además del deseo (espithymia) y la razón (nous), Platón identificaba una tercera parte del alma, thymos, a menudo traducido como “pasión” o “fogosidad”. Esta cualidad es la que nos hace procurar reconocimiento de nuestro valor o de nuestras cosas o principios. Es un sentido innato de justicia, que, según las circunstancias, nos puede provocar ira, vergüenza, u orgullo. Fukuyama, Francis. The End of History and the Last Man, Avon Books, New York, 1992. En particular: pp.xvi-xvii, y 181-191.