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La justicia de la tarta dada

Los valedores de la "justicia social" parten de la falsa premisa de que nos hallamos en un mundo estático de recursos dados, y enjuician la realidad desde el punto de vista de quien observa una tarta y se pregunta cómo debería repartirse sin considerar que no había tarta que repartir antes de que alguien la creara. De esta forma se juzga un resultado (la distribución final de la tarta) prescindiendo del proceso que lleva a este resultado (la creación de esta tarta), por lo que se da la circunstancia de que un determinado orden de cosas puede tildarse de injusto con independencia de cuál haya sido el comportamiento de los individuos que participan en ese proceso. Si la realidad se aleja del objetivo marcado por el ingeniero social se tachará de injusta aun cuando las acciones de los individuos particulares no hayan invadido los derechos de nadie. Esto supone una subversión de los principios de justicia tradicionales: las acciones no son justas o injustas en función de si interfieren o no en la libertad ajena sino a la luz de un "óptimo social" definido por el planificador de turno.

El mercado es un proceso dinámico en el que continuamente se genera y se transmite nueva información. Los recursos no están dados. Aunque los factores de producción primigenios existan físicamente, sólo pasan a existir como medios cuando el hombre los descubre. El individuo crea los medios de la nada al descubrirlos y destinarlos a satisfacer necesidades humanas, pues antes de que los descubriera y aprovechara estos recursos no existían para nadie. El mercado es en este sentido un proceso de descubrimiento, un proceso de creación de bienes ex novo. Oportunidades de ganancia inadvertidas hasta el momento, inexistentes a efectos humanos, son descubiertas y aprovechadas por individuos perspicaces. El empresario que advierte una discrepancia en la estructura de precios, que piensa que puede adquirir factores de producción a un coste total menor que el ingreso que obtendrá de la venta del producto de estos factores, está descubrimiento una oportunidad de ganancia latente, que nadie más había percibido (de lo contrario ya habría sido explotada). Al aprovechar esa ganancia descubierta se genera un beneficio, una tarta, que no existía antes de que el empresario lo percibiera. La tarta no estaba allí lista para ser distribuida en cualquier momento, el empresario la ha creado de la nada al descubrirla. En ausencia de precios de mercado el empresario no hubiera podido advertir ninguna discrepancia, no habría podido descubrir ninguna tarta, y ninguna tarta habría para repartir.

Como señala Rothbard, en el mercado no hay ningún proceso distributivo aparte del proceso de producción e intercambio. Los medios y los ingresos se producen y se distribuyen simultáneamente en un proceso de descubrimiento y aprovechamiento de oportunidades de ganancia inadvertidas. En tanto los defensores de la "justicia social" y de la "libertad positiva" en general obvien esta faceta creadora del mercado estarán juzgando la distribución de una tarta sin comprender cómo se cocina.