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La libertad como presunción

En un artículo anterior, decíamos que parecía mucho más razonable juzgar la legitimidad de la conculcación de libertades no según el agente que la lleve a cabo, sino por consideraciones propias de la motivación de dicha conculcación. ¿Cuáles serían estas consideraciones?

Desde una visión meramente utilitarista, el punto de partida más natural es el principio postulado por J. S. Mill que sostiene que la única justificación posible es que la conculcación de la libertad sea en pos de evitar el daño a otros. Este principio ubica automáticamente a todos los individuos en igualdad jurídica, ya que apunta a prevenir imposiciones autoritarias sin más justificación que el deseo del conculcador, pero también excluye de cuajo la posibilidad de justificaciones paternalistas. ¿Cómo saber entonces qué acciones implican daño?

Principios de libertad personal y de propiedad privada

Sin entrar en los pormenores acerca de qué constituye un individuo (como sujeto de derecho), es fácil imaginar casos en que se inflige daño directo a una persona. En muchos casos bastará con apelar a los principios de libertad personal y/o de propiedad privada. La libertad personal se compone del libre uso del propio cuerpo y de la libre voluntad de acción (siempre y cuando ésta no obstruya la libertad de otros). La propiedad privada engloba los derechos que un individuo tiene sobre ciertos recursos autogenerados o bien obtenidos por medio de intercambios legítimos. Dichos intercambios podrán ser comerciales o de otro tipo (regalos, donaciones, herencias, etc.), y su legitimidad estará garantizada por consensos preexistentes.

Consideremos entonces un ejemplo. Si una persona A le sustrae por la fuerza dinero a otra persona B, A está interfiriendo en la libertad de B de disponer de ese dinero a su voluntad, y al mismo tiempo, A está violando la propiedad privada de B.  Atendiendo a estos dos principios, una justificación de la acción de A tendría que invocar razones de fuerza mayor que involucren estos mismos principios en alguna otra instancia.  Un ejemplo de esto sería que el dinero en cuestión haya sido obtenido de manera ilegítima por parte de B (por la fuerza, de A, o de otra persona, etc.). Sin estas razones adicionales, A no tiene derecho de provocarle daño a B.

Dificultades

Sin embargo, podemos vislumbrar algunas dificultades en la implementación de estos dos principios. Cada uno de los siguientes puntos de dificultad ameritaría una investigación por separado, pero simplemente hagamos una breve caracterización con ejemplos:

  • Determinación del daño a la libertad personal. Habrá casos en que es difícil determinar si una acción de A llega a conformar una interferencia (dañina) en la libertad de B. No existe acción sin efectos. El banco de plaza que elegí para sentarme ya no estará disponible para otros, pero mi acción de sentarme allí difícilmente podría ser considerada obstructiva de la libertad de los demás. En cambio, si le doy un puñetazo a alguien, nadie argumentaría que la cara de esa persona se interpuso en el espacio en el que yo quería desplegar mi libertad de revolear mi puño. Además, algunos autores distinguen entre derechos negativos y positivos . Estos últimos apuntan a obligaciones (morales) que tenemos con el fin de evitar interferir en la libertad de otros.  Un ejemplo de esto podría ser vacunarnos o confinarnos para evitar contagiar a los demás; es algo que si lo dejáramos de hacer, presumiblemente interferiría en la libertad de otros. El problema, en resumen, es que es imposible acordar y dictar el detalle exhaustivo de todos los actos que constituyen una interferencia, a la vez estableciendo que esa interferencia es dañina.
  • Determinación del daño a la propiedad privada. Habrá casos en que es difícil determinar si una acción de A llega a conformar una violación de la propiedad de B. La esencia de esta dificultad está en acordar con claridad una definición de “propiedad” (privada). Lo primero que suele concebirse como “propiedad” es un fragmento de espacio físico, en particular, un terreno, pero también comprende otros objetos materiales. En un extremo conceptual, se puede circunscribir la propiedad privada únicamente al propio cuerpo (lo que ni siquiera es sostenido en esquemas de esclavitud), y en el otro, se puede extender hacia el infinito. Adicionalmente, debemos considerar que el concepto también abarca condiciones de uso del objeto, y que el objeto en cuestión puede incluso ser abstracto, como en el caso de la propiedad intelectual. ¿Es una violación de la propiedad el limitar los posibles destinos (por ejemplo rascacielos, basurales, etc.) de un terreno privado? ¿Puede alguien ser dueño de un océano? ¿En qué sentido? ¿La invasión sonora u odorífera es un atentado contra la propiedad?
  • Libertad personal de A frente a libertad personal de B. Habrá casos en que una acción de A pueda considerarse obstructiva de la libertad de B, pero que resulte difícil determinar si dicha obstrucción es mayor o menor a la obstrucción de la libertad de A que resultaría si A no llevara a cabo dicha acción. Si una persona fuma en un espacio común está interfiriendo en la libertad de los que comparten ese espacio y desean evitar el humo, el olor, o las consecuencias sanitarias. Pero, la prohibición de fumar en un espacio o momento determinado también constituye una interferencia en la libertad del fumador. ¿Y en el contexto de la pandemia del covid-19? Alguien que elige seguir fumando ¿le está potencialmente cercenando la disponibilidad de una adecuada atención médica a alguien que se cuida? Lo mismo podría aplicarse al caso de los que no respetan la cuarentena: ¿cómo cuantificar en qué medida no la respetan frente a la cantidad de daño que le están ocasionando a los que sí la respetan en un contexto de escasez de los recursos de sanidad? ¿Es más grave dejar suelto a un acusado que tenga antecedente de crímenes violentos (principio de inocencia) o a un ciudadano común que pueda portar el covid-19 de manera asintomática (principio de culpabilidad)?
  • Propiedad de A frente a propiedad de B. Habrá casos en que una acción de A pueda considerarse violatoria de la propiedad de B, pero que resulte difícil determinar si dicha violación es mayor o menor a la violación de la propiedad de A que resultaría si A no llevara a cabo dicha acción. Este punto es similar al precedente, pero aplicado a la propiedad. Si compongo una melodía que resulta ser igual a otra ya compuesta, ¿por qué no puedo hacer uso público de ella libremente? ¿Con qué paradigma jurídico o moral resolvemos los reclamos territoriales de grupos amerindios? La construcción de un nuevo edificio puede tapar la vista desde otro, y también puede significar una invasión a la privacidad. ¿Qué tipo de propiedad tengo sobre mis datos personales? Los límites de mi propiedad lindan con los límites de la propiedad de otros; y además, estos límites no son meramente espaciales, sino que hay distintas dimensiones de la propiedad.
  • Conflicto entre libertad personal y propiedad privada. Hay acciones que implican conflictos entre ambos principios. ¿Por qué un motorista muy avezado no puede conducir su vehículo a, digamos, 100 km/h? Se trata de una intrusión en el uso de un objeto propio (un vehículo lícitamente adquirido que ya viene con la posibilidad de ir a 100km/h), frente a la libertad de los transeúntes de circular sin riesgos, reales o percibidos. En las mismas condiciones, a otro conductor muy torpe que represente un riesgo mayor para los transeúntes quizás sí se le permitiría conducir a 80 km/h. Podemos imaginar diversos experimentos mentales en los que arrebatar un objeto ajeno (un revolver, una manguera, etc.) puede prevenir perjuicios (incluida la pérdida de vidas) que justifiquen el arrebato.
  • Imprevisibilidad. No se pueden prever todas las situaciones de conflicto. Incluso si pudiéramos reglamentar todas las situaciones existentes aludidas en los puntos anteriores, surgirán nuevas situaciones para las cuales no habrá reglamentación.

El ejercicio del pensamiento crítico

Estos problemas ilustran la imposibilidad de operacionalizar acabadamente los principios de libertad personal y de propiedad privada en detalladas definiciones estáticas que conformen un sistema moral práctico. No obstante, ello no implica que estos principios no puedan ser invocados como guías del sentido común. Incluso más, son principios que han de ser presumidos, poniendo la carga de la justificación en la parte conculcadora. Los principios no nos relevan de abocar nuestras facultades a analizar con sentido crítico cada caso de conflicto, sino que son herramientas imprescindibles en tales análisis. Y a pesar de las dificultades, estos principios son menos endebles que la invocación de la autoridad política para pretender legitimar la coerción. De hecho, para que la autoridad política pueda ser legítima, ésta debe basarse primero en los principios morales, y no al revés.

A diferencia de la simple aceptación de una autoridad, los ideales de libertad requieren la aplicación del análisis filosófico en la previsión y la resolución de cada caso de conflicto. Este trabajo intelectual adicional estará justificado por el objetivo de optimizar las situaciones de libertad, dejando para casos de excepción el recurrir a la coerción. Siempre se ha de ser consciente de que la coerción es el último recurso, al que se llega cuando la confianza, el diálogo y las negociaciones se hayan agotado o no sean posibles por la premura de una urgencia. La conculcación de las libertades personales es siempre un hecho lamentable que ha de justificarse en la prevención de un concreto mal mayor.

Entonces cabría preguntarnos cuál es el camino para ir configurando una sociedad en la que cada vez se recurra menos a la coerción, pero a la vez logrando resultados semejables en situaciones de emergencia. El manejo de la información personal, la violación de la intimidad y el ciberpatrullaje de los individuos son menos necesarios cuanto más consenso moral hay.  Pero es muy distinto alcanzar el consenso moral mediante la persuasión argumental, a lograrlo a través del miedo y el engaño. Ante éstos, se ha de imponer el ejercicio asiduo del pensamiento crítico: la duda intuitiva y el cuestionamiento, unidos al uso del razonamiento.