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La publicidad y el sexo

"La próxima temporada haremos una nueva campaña poniendo una mujer desnuda sobre un hombre". Esta es la conclusión a la que han llegado los modistos italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana después de retirar, el pasado mes, la fotografía que ha despertado las iras de los sectores más hipócritas de la sociedad. Ahora es Amnistía Internacional en Italia quien demanda a los diseñadores por el mismo motivo.

La foto pertenece a la campaña Secret Ceremony realizada por el famoso y controvertido fotógrafo Steven Klein, para quien han posado, entre otros, el cantante Prince y el futbolista David Beckham. En ella, aparece un grupo de hombres en una piscina que rodean y observan pasivamente a una pareja: él sujeta por las muñecas a una mujer tumbada, vestida de noche, con la cara relajada, que se ofrece a él levantando las caderas. No hay violencia ni en el encuentro, ni en los testigos, que más bien parecen sacados del imaginario gay. Todas las fotos de la campaña adolecen de una marcada afectación, todas están manifiestamente retocadas y hay una clara intención, marca de la casa, de evocar escenas de película, de ensueño o de fantasías. También es característico de Dolce Gabbana la trasgresión, la provocación, el guiño erótico y, en esta campaña, como ellos mismos han explicado, se trata de imágenes "que exploran la delgada frontera entre la moralidad y la inmoralidad, dos dimensiones paralelas que coexisten y que dividen el mundo".

Pero en España esa frontera la delimitan las instituciones que nos gobiernan. En concreto, el Instituto de la Mujer (IM) que, so pretexto de defendernos de nosotras mismas, ha presionado a la firma italiana para que retire el anuncio hasta que finalmente lo ha conseguido. El argumento de María Jesús Ortiz, directora de Comunicación del IM, es que la censura viene de los ciudadanos, quienes han puesto el grito en el cielo pidiendo que lo quiten. He de confesar que no conocía la campaña hasta la polémica, como tantas otras personas. Al investigar quiénes son esos "ciudadanos" tan ofendidos aparecen Los Verdes, la asociación de consumidores Facua (fuertemente vinculada a la izquierda andaluza, y con un convenio con la Universidad de La Habana) y una veintena de particulares, probablemente miembros, familiares y amigos de las mismas.

No voy a entrar en el componente político ni en la hipocresía ideológica de estas asociaciones o la curiosa afinidad entre ellas y los supuestos defensores de nosotras, las mujeres, porque daría para otro comentario. Me voy a centrar en el grueso del argumento. Tanto unos como otros hacen referencia al artículo 3 de la Ley General de la Publicidad y en concreto al apartado en el que señala aquellos anuncios que "representan a las mujeres de forma vejatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados, coadyuvando a generar violencia".

En primer lugar, la mujer de la foto es una modelo que ha aceptado voluntariamente el uso de su cuerpo y su imagen para una composición fotográfica. No cabe el adoctrinamiento del comisariado político: es un intercambio libre, prima la voluntad de la mujer.

En segundo lugar, si el anuncio se centrara en la pureza del espíritu de las féminas, en su sentido del humor o en su habilidad para el cálculo numérico, no se consideraría vejatorio incluso si también los anunciantes se centraran en una parte de nuestra personalidad. ¿Cuál es la diferencia? Que lo que se destaca de la modelo es su cuerpo serrano. Así que las feminazis que nos adoctrinan por nuestro bien y que penalizan lo que tan desafortunadamente llaman "cosificación de la mujer" no hacen sino transmitirnos de nuevo la idea de que nuestro cuerpo es vergonzante y no debe ser exhibido a nuestro antojo. Sí podemos mostrar nuestros demás dones, en especial los que nos acercan al macho, levantamiento de piedra, albañilería; eso sí, nada de mostrar los dones carnales.

Pero su argumento más fuerte es asociar la imagen a la incitación a la violencia. Los Verdes, para que no falte nada, consideran además que el modelo del fondo que sostiene un vaso en la mano está induciendo al consumo de alcohol. No puede ser un té helado. Sin comentarios. Lo cierto es que la imagen recrea una fantasía sexual de mujer, principalmente. Los juegos de dominación son un clásico. Ella yace tranquilamente y se ofrece a uno o varios –ese no es el tema– voluntariamente, ante la mirada (lo sorprendente es que sea indiferente) de otros varones de buen ver. No hay violencia en absoluto, no hay pornografía. Lo que sí hay es erotismo, fantasía y sutileza.

Pero ¿y si hubiera pornografía? Pues tampoco induciría a la violencia. Tal y como expone Wendy McElroy, feminista individualista y libertaria, por mucho que les duela a las feministas represoras, la pornografía será moral o inmoral, pero tiene una función social y no perjudica a la mujer necesariamente, sino que en muchas ocasiones la beneficia. ¿En base a qué se afirma que la fotografía de Dolce Gabbana induce a la violencia cuando en realidad sugiere una actitud con la que fantasean muchas mujeres en todos los países?

En el fondo, no hace sino reflejar la inmadurez de nuestras dirigentes tan preocupadas por nuestra defensa. No han superado la imagen neolítica del hombre que secuestraba mujeres de otras tribus para violarlas y replicar sus genes. Como dice un amigo, se han quedado en la adolescencia ideológica de las feministas de los 60 y 70. Y al hacerlo, se han convertido en las peores represoras de la mujer, en las mayores agresoras y violadoras de la libertad sexual de cada una de nosotras...

El comisariado político que nos adoctrina se pierde grandes satisfacciones.