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La realidad política y la realidad ciudadana

Las elecciones europeas se acercan. Y, con ellas, las trampas socialmente aceptables de los políticos de todos los colores tratando de rescatar un voto perdido, un potencial elector sin domesticar. La escala de artimañas varía en función de si se trata de un partido de nuevo cuño, de uno mayoritario, si quieren desengancharse del binomio izquierda/derecha, si, por el contrario prefieren ser identificados como la derecha/izquierda de toda la vida, pero el mensaje es el mismo: usted es de los nuestros ¡vótenos!

Se espera una alta abstención, se espera un castigo leve a los políticos porque –se dice– no nos jugamos mucho si sale un candidato u otro. Se espera un estreno de los partidos recién nacidos o un pequeño afianzamiento de los junior. Se especula sin descanso acerca de las razones de los datos, los motivos de las declaraciones, las estrategias de uno y otro partido. Y, tertulia tras tertulia, una acaba acostumbrándose a ese lenguaje manido y eficaz que asocia a los candidatos y sus compañeros de partido intenciones y razonamientos particulares. Tan particulares que a la señora que va a mi lado en el Metro le quedan lejísimos. Ella está más en lo que cuesta llegar a fin de mes, en si finalmente la niña va a encontrar "algo" como cajera en el hipermercado, que ya con eso nos daríamos por satisfechos aunque dicen los políticos que es un contrato basura. Y tanto, pero es eso o la nada. Y ella también lo pasó fatal sirviendo en una casa cuando vino del pueblo. Sabe de lo que habla.

A la señora que va a mi lado en el metro se le iluminan los ojos, aunque solamente un instante, cuando ve las buenas cifras del paro y no entiende que le achaquen a los del gobierno que lo utilicen como arma electoral con lo que sufren los parados (¡que se lo digan a ella que tiene al marido en casa ya va para tres años!). Porque lo mismo han usado la defensa de la mujer para hacer campaña, con lo sufridas que somos, en especial –piensa mi vecina- cuando una no vive en un adosado con garaje y piscina, como la mayoría de las politicastras que salen en la tele usando la condición de la mujer en vano.

"¿Y a ti que te parece? ¿Estamos saliendo del hoyo?", le pregunta su compañera de trabajo sentada a su lado. "Pues qué quieres que te diga... que mi bolsillo sigue vacío, eso te digo. Igual la gente con estudios sabe más, pero que siguen los parados sin trabajo, y las empresas cerrando. ¡Y siguen los mandamases trincando!". Y ahí es donde me acuerdo de las discusiones en la tertulia de los viernes entre los cenizos y el resto. Porque claro –dice el resto- ese dato del paro es interpretado en función de la proximidad de las elecciones europeas, que son como un partido amistoso, y las municipales que ya cuentan de verdad, teniendo en cuenta el referéndum catalán y el papel que el líder de la oposición quiere desempeñar, con la tropa dividida y el armario sin arreglar, como lo tiene. Y por otro lado, es interpretado por el gobierno teniendo en cuenta que el presidente viaja a nosedonde, que la vicepresidenta se ha peleado con la del ministerio de nosecuantos, y luego, por supuesto, los partidos que tratan de llamar la atención juran transparencia, equilibrio presupuestario y lo que haga falta, con tal vehemencia que casi anticipan su mal resultado. Mientras tanto, los cenizos, con Juan Ramón Rallo a la cabeza y yo a las maracas, pedimos que se mire a medio plazo, que se considere la realidad del ciudadano para tomar medidas, para poner en marcha esas reformas que la señora al lado mío en el Metro merece, y que los políticos se curen de esa esquizofrenia que les hace contemplar su otra realidad, la política, de miras cortoplacistas y resultados escasos.

Porque justo después del cántico triunfal por los datos tan buenos, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo han pedido al gobierno más ajustes y reformas (de las de verdad, no las de muestra) para acabar con ese paro que definen como "alarmante". Como si hubieran hablado con mi vecina del Metro.