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La recuperación en Portugal: ni milagrosa ni de izquierdas

Decía Joseph Goebbels que una mentira repetida adecuadamente mil veces se puede llegar a convertir en verdad, al menos para el imaginario público, y es que la propaganda es un factor importante para cualquier formación política y, como defendía Platón, la mentira por parte del gobierno puede ser moralmente aceptable si con ello se logran los fines correctos y se alcanza el éxito en la gestión de lo público.

En este sentido, la recuperación milagrosa y de izquierdas en Portugal se ha convertido en la mentira —o más bien las dos mentiras— más repetida por parte de la izquierda en nuestro país. Y es que desde el mes de noviembre de 2015 muchos han sido los que han alabado el programa político y económico llevado a cabo por el primer ministro portugués, el socialista António Costa, en coalición con el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista. Tanto es así que hasta en España se pidió un pacto “a la portuguesa” para que el PSOE y Podemos comenzaran a imitar las políticas llevadas a cabo por el país luso que acabarían con el austeridad y lograr, de esta manera, un fortalecimiento de las principales variables tanto económicas como sociales en nuestro país.

Pero no se puede mentir a todos durante todo el tiempo, y más si los datos no corroboran el relato de tales hechos. Ya han sido varios los autores que han desmitificado la recuperación en el país vecino (desde Juan Ramón Rallo, o Javier Jorrín pasando por una serie de artículos que están publicando estos días desde Libre Mercado). Aún así, no viene mal hacer un repaso de las dos mentiras y los diversos problemas que aún atesora la economía portuguesa, más aún después de que su ministro de Finanzas, Mário Centeno, haya sido nombrado presidente del Eurogrupo. Porque no, ni la recuperación en Portugal ha sido milagrosa, ni tampoco de izquierdas.

¿Políticas de izquierda en Portugal?

En el año 2016 Portugal presentó un Programa Nacional de Reformas (PNR) que mostraba la estrategia a seguir por parte del Gobierno luso durante la legislatura para lograr “el desarrollo del país”, en las que se “identifican medidas específicas de promoción de las reformas necesarias para superar los bloqueos estructurales que caracterizan a la economía nacional”. Quien quiera echarle un vistazo a este documento puede encontrarlo en este enlace y aquí actualizado para el año 2017.

Básicamente, las reformas en Portugal han caminado sobre los 6 ejes sobre los que se fundamenta el Programa Nacional de Reformas:

  • Cualificar a los portugueses.
  • Promover la innovación en la economía.
  • Valorizar el territorio.
  • Modernizar al Estado.
  • Capitalizar a las empresas.
  • Reforzar la cohesión social.

Es cierto que bajo estos ejes, en Portugal se han tomado medidas de izquierdas, como rebajar la jornada laboral de los funcionarios o subir el salario mínimo en un 5% cada año —con el objetivo de alcanzar el 25% de subida al final de la legislatura—, al mismo tiempo que se volvió a indexar las pensiones al IPC o se paralizaron ciertas privatizaciones, como la de la aerolínea TAP.

Pero al mismo tiempo, estas políticas se han mezclado con otras que tratan de impulsar la inversión extranjera directa, sobre todo en sectores como el de la automoción; por ejemplo, en Portugal está en la lucha por atraer a la primera gigafábrica de Tesla en territorio europeo. A lo que hay que añadir que se han tratado de simplificar los procesos para otorgar licencias para la apertura de negocios y reducir la burocracia a la que tienen que hacer frente las empresas para desarrollar sus actividades, buscando asegurar cierta estabilidad normativa.

Por otro lado, se han introducido ciertas rebajas fiscales, sobre todo en los impuestos sobre la renta, aunque también se ha promovido, mediante incentivos fiscales, la inversión en las empresas mediante recursos propios para reducir el excesivo endeudamiento privado (en torno al 270% del PIB).

En cuanto al gasto público en Portugal, este se redujo en el año 2016 un 4% —en torno a un 4,8% si descontamos tanto el gasto de las Administraciones regionales y municipales como el gasto en intereses—. En España, el gobierno central redujo su gasto público —descontando los intereses— en un 0,6%. Si tenemos en cuenta el gasto de todas las Administraciones del Estado, en España el gasto público aumentó en un 3,3%. Es más, todo el ajuste del déficit público logrado en 2016, que bajó del 4,4 al 2%, se produjo debido a la caída del gasto, puesto que el del Estado en la economía (45,1% de su PIB), volvió a niveles de antes de la crisis —una caída de 3 puntos sobre el PIB—, mientras que los ingresos también cayeron del 44 al 43% de su PIB. ¡La verdadera austeridad la han practicado en Portugal y con un gobierno de izquierdas!

Y no, la inversión pública en Portugal tampoco ha servido para realizar una austeridad “inteligente” como muchos economistas han señalado, puesto que en el año 2016 se registró la menor cantidad de inversión pública en términos relativos desde el año 1995, cayendo el año pasado desde el 2,3% de su PIB hasta representar el 1,5% del PIB, por debajo del 1,9% observado en España.

Y aunque en el año 2016 los costes laborales unitarios crecieron en un 1,6% en Portugal, debido sobre todo al efecto de las subidas del salario mínimo, provocando una reducción de la productividad laboral de un 0,3%, como veremos, la tendencia en la bajada del desempleo continuó la buena tendencia iniciada a partir del año 2014, debido a que las principales reformas introducidas por el gobierno del conservador Passo Coelho, no se han tocado durante el gobierno socialista, manteniendo la indemnización por despido en 14 semanas y la menor cobertura de la negociación colectiva para los trabajadores.

Como hemos visto, las políticas que se han tomado por parte de la coalición portuguesa de gobierno no han sido ni mucho menos de izquierdas, al menos grosso modo, más bien se ha producido una mezcla de políticas impulsoras de la atracción de inversión extranjera para favorecer la capitalización de la economía y la mejorar la productividad, al mismo tiempo que se han reducido ciertas figuras impositivas, gracias sin duda a la mejora en la marcha de la economía, lo que ha permitido no descuadrar las cuentas públicas.

¿Recuperación milagrosa?

La segunda mentira es que en Portugal la recuperación ha sido milagrosa, sobre todo desde la entrada en el gobierno de la coalición de izquierdas. Pues bien, si observamos las principales variables macroeconómicas, es cierto que Portugal ha tenido una buena evolución durante los dos últimos años, sin embargo, la tendencia positiva registrada viene de lejos, y en comparación con España, no vemos tal milagro.

Por ejemplo, si observamos el PIB, Portugal recuperó los niveles previos a la crisis en el año 2015 —un año antes que en España—, pero António Costas no fue nombrado primer ministro hasta el 26 de noviembre, por lo que teniendo en cuenta los retardos temporales que acostumbran a existir en la política económica, sería una temeridad hablar de que el gobierno de izquierdas en Portugal ha conseguido tal logro. Es más, en España, en el año 2013 todavía andábamos en el 92% de la producción previa a la crisis, mientras que en Portugal el PIB era sólo inferior en 5 puntos porcentuales al registrado en 2008, esto es, en España hemos aumentado en aproximadamente 10 puntos porcentuales nuestros niveles de producción en tan sólo 4 años, frente a los 3 que necesitó Portugal para aumentar sus niveles de producción en 5 puntos porcentuales. 

Por otro lado, si observamos la creación de empleo, tanto en España como en Portugal se han observado tendencias similares, si bien en España llevamos desde el año 2015 con tasas de crecimiento del empleo cercanas al 3%, en cambio, en Portugal, el empleo ha crecido un 1,3% y un 1,44% en los años 2015 y 2016, respectivamente. Ciertamente, el desempleo es sustancialmente menor en Portugal que en España —unos 8 puntos porcentuales de diferencia—, pero eso ha sido una constante en los últimos años, es más, ese diferencial de 8 puntos porcentuales en el año 2014 era de 10 puntos porcentuales. De nuevo, también en el empleo, la recuperación parece que ha sido mucho más acentuada en España que en Portugal. Además, por último, cabe considerar que la mayor reducción en los niveles de desempleo en nuestro país vecino se produjo en los años 2014 y 2015, observando una cierta ralentización en durante el primer año completo de gobierno de la coalición de izquierdas.

Tampoco la desigualdad, medida a través del índice de Gini, ha tenido un comportamiento destacable en Portugal, ya que aunque sea inferior a España —33,9 frente a 34,5—, la reducción ha sido similar en valores absolutos en el año 2016: una caída de una décima. El gobierno de izquierdas en Portugal no ha logrado reducir sustancialmente la desigualdad, en cambio, en el año 2014, bajo el mandato del conservador Passos Coelho, el índice de Gini se redujo en un punto en 2014 y en 2015 0,5 puntos. Desde luego, si las políticas de izquierda se basan en la reducción en la desigualdad, la coalición de gobierno en nuestro país vecino o no es de izquierdas o no está siendo muy eficaz en la consecución de sus objetivos. En cuanto a la carencia material severa, en Portugal descendió más en el año 2016, pero también es cierto que es mucho más elevada en Portugal que en España —un 8,4% frente a un 5,8%—.

Las rentas del trabajo sí aumentaron tanto en España como en Portugal el año pasado, pero lo hicieron mucho más en nuestro país —1,7 puntos porcentuales frente 0,5 puntos— en relación al PIB. Y es cierto que los salarios en España se estancaron en el año 2016, sobre todo en la escala superior de la distribución salarial, el aumento en Portugal fue bastante reducido, de un 1,3%, pasando de 828 euros mensuales a unos 840, en términos netos, unos 500 euros por debajo de lo que percibe en media un trabajador en España.

Por otro lado, la formación bruta de capital en Portugal en el año 2016 a penas creció en 300 millones de euros, a pesar de las políticas encaminadas a atraer inversión extranjera, en cambio, en España aumentó en 9 mil millones de euros. Si tomamos el peso de las inversiones sobre el PIB, observamos una caída de 3 décimas en el país vecino, hasta situarse en el 15,5% del PIB, en España, la formación bruta de capital ronda el 20,5% de la producción agregada total, aunque lejos del 31,3% que llegó a pesar antes de la crisis económica —en Portugal llegó a ser del 23,6%—.

Portugal: muchos problemas por resolver

Sin duda alguna, lo que si podemos afirmar es que en Portugal se deben hacer muchas cosas, puesto que su economía adolece de escasa productividad, un excesivo endeudamiento tanto público como privado, una escasa formación bruta de capital, lo que se refleja en salarios mucho más reducidos —un 34% más bajos que en España y un 42% menos que en la OCDE—. Además, su sistema bancario adolece de ciertos problemas, puesto que hace unos meses el gobierno luso tuvo que inyectar 2.500 millones de euros en el banco Caixa Geral de Depósitos, debido a sus problemas de solvencia, al mismo tiempo que S&P alerta del elevado nivel de los créditos de dudoso cobro que se hayan en el sector financiero portugués —en torno al 16% de los préstamos—.

Un ejemplo de la escasa productividad de las empresas portuguesas, sobre todo de las pequeñas y medianas, es que junto a Grecia, en nuestro país vecino una de las principales razones por las que este tipo de empresas no obtienen financiación por parte del sistema bancario es que los tipos de interés y los costes de los préstamos son excesivamente altos —para el 18% de empresas, frente al 3% en Alemania o el 2% en Bélgica—, lo que da una muestra de la poca capacidad para generar rentabilidad por parte del tejido productivo portugués. De hecho, en los últimos meses a penas se observa una mejora en el acceso al crédito.

En definitiva, en Portugal, durante el mandato del socialista António Costas, y bajo la coalición de izquierdas, no se observa una recuperación milagrosa —comparándola con España, en nuestro país hemos avanzado más rápido y mejor—, ni tampoco un programa político netamente de izquierdas —se han mezclado políticas de cohesión social con otras que intentaban atraer inversión extranjera y facilitar la actividad empresarial—. Probablemente, el único milagro vivido en Portugal durante estos dos últimos años haya sido ver levantar a su selección de fútbol la Eurocopa…