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La reválida o cómo seguir mirando al dedo en vez de a la Luna

Este mes varias comunidades autónomas (las gobernadas por el PP y alguna más) van a examinar a todos los alumnos de 6º de primaria para comprobar su nivel de aprendizaje. El examen va dirigido tanto a los colegios públicos como a los privados (concertados o no) y, según se entiende de las declaraciones políticas, va a servir para que los funcionarios del ministerio se hagan una idea de lo bien o mal que anda la educación a esta edad según el centro escolar.

¿Es una buena o una mala idea? Pues sinceramente, dudo que alguien lo sepa. Para unos será bueno en cuanto se mide “objetivamente” a los alumnos y por tanto se puede establecer si su centro de educación es peor o mejor que la media. Para otros será malo, ya que descontextualiza el nivel de formación de las circunstancias del centro o por otras muchas causas que a mí, lego en la materia, se me escapan.

Google, empresa con mentes bastante más preclaras que nuestros funcionarios estatales, lleva años investigando dentro de sus grupos de trabajo cuáles tienen más éxito y por qué. Las conclusiones pueden sorprender a quienes subestiman la complejidad de la mente humana:

Tras llevar a cabo todas estas observaciones en una muestra de 180 equipos repartidos por toda la compañía y recabar una cantidad ingente de datos de todo tipo, los responsables del Project Aristotle fueron incapaces de detectar patrones relacionados con la personalidad, las habilidades o el nivel académico de los miembros que formaban los distintos equipos. Tal y como asegura Dubey, “la parte del ‘quién’ de la ecuación parecía no tener ninguna importancia”. “En Google somos buenos encontrando patrones”, continúa Dubey, “y aquí no había patrones claros”.

Así que la pregunta que nos podemos hacer es: si Google no sabe por qué sus equipos tienen éxito, ¿el Estado puede saber por qué ciertos centros escolares tienen éxito simplemente haciendo un examen? O si vamos más allá, ¿aprobar este examen certifica que tu formación es suficientemente buena como para que en el futuro seas un miembro exitoso en un grupo de Google?

Porque no deberíamos olvidar que el fin de la educación no debería ser sólo conseguir un título (señal costosa para conseguir estatus), sino que debería servir para que en el futuro seas capaz de un ser un miembro exitoso de la comunidad, ya sea trabajando en Google, siendo autónomo o tocando el piano.

A ver si aparcamos absurdos debates sobre público, privado o concertado, autoridad del profesorado, inversión en educación, etc. El verdadero debate es si 7 millones de chavales entre 4 y 19 años pueden ser educados igual. Y no, no pueden. Si Google no puede imponer un criterio claro de colaboración en su empresa, atar a millones de personas a un mismo tipo de colegio, con un mismo currículo, mismo tipo de profesores y con unos mismos exámenes finales o reválidas es un disparate.

Y es un disparate que lejos de disminuir se acrecienta. Para muestra el debate absurdo y demagógico sobre los deberes escolares, como si de un Madrid VS Barça se tratará. ¿De verdad vamos a decidir en la barra del bar si millones de niños tienen que hacer deberes? ¿De verdad un grupo de genios y expertos nacionales nos va a iluminar sobre si los deberes son buenos o malos para todos los niños?

Si algo demuestra Google, y cualquier persona que estudie de forma seria la forma de interactuar que tenemos las personas, es que no hay un solo camino correcto de hacer bien las cosas, y que la única forma de acertar es dejar que la gente pueda probar varias vías hasta encontrar la correcta en su caso.

Y si algo ha quedado también demostrado en las pasadas elecciones generales es que los españoles ya no piensan blanco o negro. Cada vez tenemos más opiniones de más temas y vemos las cosas de formas más variopintas. Así que o empezamos a asumir que nuestras ideas de cómo tienen que funcionar las cosas son solo nuestras, y no se pueden imponer al vecino (aunque ese vecino sea un facha o un rojo), o la educación, y la sociedad en general, va a ir de mal a peor.