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La solución a las polémicas absurdas

Llevamos viviendo más de un mes con un gobierno en funciones y, por tanto, respirando algo de libertad después de vivir décadas encadenando gobiernos con mayorías suficientes, soportando el reparto de poder correspondiente a su formación y las caras de superioridad de quienes son señalados con el dedo del portador de anillo presencial.

Es verdad que no dudará mucho, y que como penitencia nos toca aguantar intrigas políticas hasta en la sopa, pero esto es España en el 2016 y tenemos poco de qué alegrarnos, así que el optimismo que me produce esta situación me hace ir más allá y escribir sobre lo fácil que sería resolver la mayor parte de las polémicas absurdas que llenan los medios de comunicación, simplemente, si pudiéramos mantener a los políticos negociando entre ellos sin llegar nunca a ningún acuerdo por los siglos de los siglos.

Por ejemplo en el ayuntamiento de Madrid les ha dado por cambiar el nombre de las calles por una de las obsesiones políticas españolas: el franquismo. ¿Qué pasaría si en Madrid no hubiera alcalde? Pues que para cambiar el nombre de una calle habría que recurrir a los vecinos que viven en ella, y sólo después de que casi ningún vecino mostrará su oposición se podría quitar nombres desagradables o políticamente incorrectos. La tarea sería tan titánica que me caería simpática la persona que la llevara a cabo, sea quien sea y los motivos que tenga. Imaginemos: ir de vecino en vecino a explicarle quién fue el señor que da nombre a su calle, lo malo que era, y lo bien que estarían todos con un nombre más moderno y cosmopolita… y sobre todo lo fácil y cómodo que va a ser cambiar su dirección de todos lados y notificarlo a los interesados…

Pero lo mejor de todo es que no existiría polémica alguna. Si a los vecinos no les gusta el cambio no se hace, y si les gusta se hace. Y a quien no le guste el cambio que haga el mismo procedimiento con su calle para rescatar el nombre repudiado.

Y para los casos, que los habrá, a quienes no les guste que se cambie, pues habrá que explicarles que no hay nada más útil que el hecho de que unos señores identifiquen el nombre de su casa con sus ideas más polémicas. Por ejemplo, a mí me gustaría que los comunistas vivieran en la calle del Ché, o similar, y así estar prevenido a la hora de adquirir vivienda en esa zona.

Otro ejemplo fue el oportunismo del Defensor del menor en Andalucía (¿alguien más desconocía la existencia de este señor?) a cuenta de una foto de un famoso torero con su hija en brazos mientras practicaba su profesión con un ejemplar bovino de reducido tamaño. Sin gobierno, y las absurdas figuras que se inventan para justificar su función, este episodio se habría quedado en un intercambio de opiniones en twitter y en el bar de la esquina. Gracias al gobierno andaluz, la cosa se prolongó días, y tuvimos que ver al pobre torero yendo a declarar a un juzgado (¿el juez y el fiscal no tenían nada mejor que hacer?).

Así que la mayoría de las polémicas absurdas que inundan los medios de comunicación españoles podrían desaparecer o ser minimizadas simplemente sacando a los políticos de nuestras vidas. Recuérdelo cada vez que le cuenten lo mal que estamos sin gobierno.