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Las ideas nacionalistas en el 10-N

El 10-N no fue un día triste para España, fue un día triste para aquellos que defendemos la libertad de las personas en este país. Tal vez si se hubiera hablado más de estas personas y menos del concepto de nación no me vería obligado a escribir este artículo. La idea de nación, ya sea española, catalana, vasca o andaluza, actúa como cualquier otro colectivismo, anteponiendo los grupos a la individualidad de cada ciudadano. Tras una campaña electoral profundamente marcada por los sucesos ocurridos en Cataluña y por todos conocidos, hemos observado cómo el debate giraba en torno a la centralización o descentralización del sistema con base en criterios nacionalistas por ambos frentes. Esto ha llevado inevitablemente a un ascenso de Vox como principal apóstol de valores de nacionalismo español y la centralización. Vemos cómo cansados del modelo autonómico y su manifiesto fracaso muchos han virado hacia el nacionalismo más centralista lejos de plantear una reforma del modelo autonómico, en muchos casos con base en argumentos sentimentales e irracionales. Frente a esta subida del nacionalismo español hemos visto cómo, apoyados en una ley electoral injusta (véase que ERC ha sacado 3 escaños más que Ciudadanos con la mitad de votos), los partidos regionalistas han conseguido un apoyo claramente superior al obtenido en pasadas convocatorias electorales, ejemplo de ello es el Bloque Nacionalista Gallego, que después de 8 años vuelve a ocupar un escaño en el parlamento. Esto denota una polarización de la sociedad con base en los criterios deshumanizadores previamente expuestos que resulta preocupante, y es que cuanto más tiempo pasemos tratando estas cuestiones, menos tiempo pasamos avanzando hacia más libertades individuales, y cuanto más asumamos la pertenencia de individuos a estos grupos abstractos más perdemos de vista el objetivo del liberalismo, que no es otro que anteponer la figura del individuo al poder político, resida este en Madrid o en Barcelona.

La alianza que algunos libertarios han creído encontrar en Vox por sus ideas económicas ha resultado en una división social en el panorama nacional que parece difícilmente remediable por la vía del conflicto y la contraposición de ideas nacionalistas. Es fácil reflejar esta polarización nacionalista atendiendo a la estrepitosa caída de Ciudadanos, el único partido que se aproxima a la consideración de centro político en España. A tal punto ha llegado la caída del partido liderado por Albert Rivera, que al líder político se le ha agotado la cuerda, derivando en una lógica dimisión. La conformación de un Gobierno encabezado por Pedro Sánchez, en caso de darse, parece irremediablemente condenada a pasar por concesiones a los partidos regionalistas de cuyo apoyo requiera, desde el AVE Santander-Madrid del PRC de Revilla hasta la financiación de gastos ineficientes en Teruel, con dinero, por supuesto, de la hucha de todos los españoles. Incluso suponiendo que el candidato socialista toma la vía de Más País, Podemos, ERC y PNV parece claro que nos va a salir cara la legislatura. 

No se trata de explicar por qué estamos abocados a tener un Gobierno liderado por las izquierdas más descabezadas, porque esto no es sorpresa para la mayoría de nosotros. Más bien se trata de aclarar como las ideas nacionalistas asociadas con la política son contrarias a las ideas de la libertad y por qué en este caso nos han salido caras. Es por esto por lo que los liberales, los de verdad, deberíamos hacer una profunda reflexión sobre hasta qué punto estamos dispuestos a prestar apoyo siquiera parcialmente a partidos con este tipo de ideologías, que lejos de ayudar más allá de abrir debates que parecían cerrados por la izquierda, en este caso han restado a la libertad en este país. En mi opinión hemos de preguntarnos si vale todo para reducir el gasto público, y si no es así, en qué punto estamos subjetivando la libertad individual frente a los colectivos identitarios y destructores de la individualidad. 

Por supuesto existen muchas y variadas salidas al problema del modelo de Estado con el que nos encontramos, desde cambiar la ley electoral hasta impulsar la autonomía financiera de las comunidades autónomas para terminar con la carrera por conseguir concesiones a costa del resto, pero a corto plazo parece complicado en vista del panorama político y social. Por ello entiendo que lo más coherente es empezar por algo sencillo, reevaluar las consecuencias del nacionalismo y combatirlo dando la batalla de las ideas en la medida de lo posible. No debemos dejar todo nuestro criterio con base en aspectos económicos y perder de vista esta cuestión. Solo así, sin planteamientos que nos nublen la vista, avanzaremos en la divulgación de las ideas de la libertad.