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Las telecomunicaciones ante la crisis del coronavirus

Una de las actividades económicas que ha tomado un inusitado protagonismo con el Coronavirus han sido las telecomunicaciones. Ya eran importantes en nuestro día a día, pero nadie pensaba demasiado en ellas. De repente, al estar confinados en nuestros domicilios, constatamos lo fundamentales que son en nuestras vidas, al haberse transformado en el único nexo disponible con amigos, familiares. Si hablamos de empresas, la escasa actividad económica que subsiste lo hace en gran medida gracias a las telecomunicaciones, al teletrabajo y transacciones a distancia que éstas posibilitan. Es más, estoy seguro de que, en ausencia de telecomunicaciones, hubiera sido inviable el confinamiento impuesto: una cosa es estar prisionero, otra muy distinta, estar incomunicado.

Los operadores de telecomunicaciones han mostrado una gran capacidad de adaptación a la situación actual, tanto o más que las tiendas de alimentación, el otro gran sector que ha incrementado su actividad por los cambios de preferencias ocasionados por el coronavirus. Mal que bien, la estructura productiva de los operadores, esto es, sus redes de telecomunicaciones, ha aguantado crecimientos brutales en el tráfico, tan repentinos como inesperados. Un día España está en la calle, al día siguiente España está en teletrabajo y los niños en casa, y sin embargo las redes no se han colapsado ni tenemos a los técnicos de telecomunicaciones haciendo turnos inhumanos y quejándose de carecer de material.

Más aún: los operadores de telecomunicaciones están mostrando una gran solidaridad con el resto de la sociedad en estos momentos de dificultad:  han ampliado el consumo de datos a sus clientes y han mejorado la oferta de contenidos, sin incremento de coste en un momento en que hubiera sido fácil subir el precio al crecer el valor del servicio;  están anticipando pagos a sus proveedores en situaciones más delicadas; y fueron los primeros en mandar a casa a sus trabajadores, la mayor parte de los cuales han encontrado a sus empresas perfectamente preparadas para poder trabajar remotamente sin pérdida de eficiencia, lo que se traduce a fin de mes en que pueden mantener salario sin tensionar la cuenta de resultados. Son méritos exclusivos de los gestores de estas empresas y de su capacidad de anticipar las necesidades futuras de sus clientes, y nada tienen que ver con las regulaciones que les impone el Gobierno.

La diferencia con el mercado de servicios sanitarios ha sido brutal, como corresponde a lo que cabría esperar teóricamente entre un mercado muy distorsionado por la presencia de un sistema público en régimen de planificación central, y otro liberalizado y en competencia (aunque regulada). En el primero las señales del mercado no han funcionado y la situación nos ha llevado al colapso; en el otro, se mantienen ciertas señales y la cosa funciona espectacularmente mejor.

Pese a ello, conviene no relajar la atención, pues el mercado de telecomunicaciones también está sujeto a regulaciones que en cualquier momento pueden hacer saltar la cosa por los aíres. Y es que la situación que estamos viviendo en España probablemente no sea la misma que están conociendo italianos, franceses o alemanes. En efecto, de un día para otro hemos empezado a hacer videoconferencias en masa, tenemos a los niños viendo vídeos y otros consumos desaforados, y todo funciona, porque la red que llega a nuestro hogar es de fibra óptica, y tiene capacidad para eso y para bastante más.

Pero no ocurre lo mismo en los países antes citados, donde los despliegues de fibra no han llegado aún y no está claro que lleguen algún día. De hecho, las restricciones de tráfico que han anunciado Amazon Prime y Netflix, por ejemplo, no se entienden demasiado para la red española, donde los servicios de streaming pueden llegar sin problemas al hogar al mismo tiempo que se teletrabaja gracias a las altas capacidades de la red, tanto de transporte como en el acceso de fibra óptica.

¿La explicación? El interesado encontrará aquí mayor detalle[1], pero básicamente se debió a que la regulación mayorista de acceso estuvo suspendida en nuestro país durante algunos años gracias al cierre de la antigua CMT para la creación de la actual CNMC. O sea, precisamente porque la regulación no causó sus nefandos efectos durante un tiempo, España está a la cabeza mundial de redes de fibra óptica, y los españoles podemos teletrabajar con toda la comodidad en un momento de crisis.

En los países antes citados, como casi en ninguno de Europa, no tuvieron esa suerte, y llegado este momento la gente encuentra una red en sus casas que apenas les sirve para mantener el tipo. Sirva esto como ejemplo de los adversos efectos que puede tener la regulación sobre nuestras vidas.

Aun así, no estamos completamente libres de peligro. Otra de las regulaciones que han sido terribles para el mercado de telecomunicaciones es la llamada neutralidad de red. Dicha regulación es básicamente una prohibición a los operadores de gestionar la red, por la amenaza de que puedan discriminar sus servicios con servicios proporcionados por terceros. Dicha supuesta amenaza es absurda, por razones que he aclarado en numerosos artículos[2].

La cuestión es que impide a los operadores gestionar la red de acuerdo con las preferencias de sus clientes. Pero, dado que la red tiene capacidad limitada, es un recurso escaso como todos los que conocemos, la gestión de tráfico sigue siendo necesaria. Y, en el fondo, al prohibirse tal gestión por los operadores, lo que se hace es dejar a los políticos que sean los que fijen las prioridades. Imaginen el caos en la situación actual de cambios de preferencias, si los operadores no hubieran podido priorizar el uso de su capacidad, por ejemplo, para servicios de emergencia respecto al visionado del último capítulo de Elite.

Ante la situación, el BEREC, grupo de reguladores europeos, hizo un comunicado recordando que la regulación de neutralidad de red permite en situaciones excepcionales la gestión de red a los operadores. Curiosamente, los que ponen la regulación son los primeros en ser conscientes de los problemas que la misma conlleva, y pese a todo la mantienen. Hasta ellos ven que la regulación perjudica a la gente y lo que hay que hacer responsablemente es permitir excepciones para que no quedemos abocados al desastre. Esperemos que la lección esté aprendida y no resuciten este monstruo cuando concluya la crisis, vamos, que dejen lo excepcional como lo normal.

No puedo evitar hacer una referencia final a otra regulación, muy relacionada con Internet, que podría ser responsable directa de unas cuantas muertes en esta crisis. Me refiero al malhadado Reglamento General de Protección de Datos (RGPD, GDPR en inglés), una de las banderas de la UE desde su entrada en vigor hará un par de años.

Como es bien sabido, en algunos países asiáticos están luchando de forma muy efectiva contra la pandemia mediante el uso de datos personales de los ciudadanos, esto es, invadiendo su “privacidad”, en este caso claramente por un bien mayor, cual es preservar la vida. Pues bien, sin entrar en mucho detalle, el RGPD impide de forma efectiva que en Europa se pueda luchar de esta forma contra la pandemia, por todos los problemas y sanciones a que puede dar lugar tal uso de los datos si luego las autoridades administrativas lo consideran indebido (no los jueces, ojo). Así que, lógicamente, la actividad emprendedora está bastante paralizada en este asunto, pese a los intentos de las empresas punteras por ponerlo en marcha.

¿Por qué no suspenden la aplicación del RGPD durante la crisis, como se ha hecho con la neutralidad de red? Es una buena pregunta, que supongo que tiene que ver con la carencia de un cuerpo coordinado a nivel europeo de las Agencias de Protección de Datos, aunque también podría tener que ver con su absoluto desconocimiento de los mercados en que intervienen, algo que no ocurre con las autoridades que regulan las telecomunicaciones.

El caso es que volvemos a ver una regulación completamente en contra los intereses de los individuos, y cuyas deficiencias afloran con mayor contundencia en los momentos de crisis, precisamente aquellos en que los ciudadanos más necesitamos que estos sectores económicos funcionen sin fricciones.

En resumen, la respuesta que el mercado de las telecomunicaciones ha dado a la sociedad, especialmente la española, en estos momentos de coronacrisis es una bendición. Solo de pensar que se cayeran las redes de telecomunicaciones se me ponen los pelos de punta. Como ya he dicho, una cosa es confinarse, otra incomunicarse.

La lección que tenemos que sacar es que si esta respuesta ha sido tan brillante ha sido pese a la regulación, y no gracias a la misma. Creo que los ejemplos son contundentes. Así pues, ¿no es una buena oportunidad para aprender la lección de una vez por todas y acabar con ella antes de que nos lleve al caos?

[1] https://www.aei.org/technology-and-innovation/telecommunications/miracle-ftth-deployment-spain/

https://www.juandemariana.org/ijm-media/video/fernando-herrera-el-milagro-de-la-fibra-optica-en-espana

[2] Aquí un par:

https://mises.org/library/net-neutrality-unwarranted-intervention

https://mises.org/library/opening-internet-%E2%80%94-axe