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Liquidez y teoría cuantitativa del dinero

Cuando una teoría económica se asienta sobre premisas falsas, las nefastas consecuencias que provocan no se circunscriben solamente al ámbito académico, sino que son padecidas por toda la población. La teoría cuantitativa del dinero es un ejemplo de ello auque no deje de ser un aspecto particular de las ansias de control matemático y, por ende, intervencionista de la economía.

En cuanto al aspecto puramente teórico, negar el concepto de liquidez tiene consecuencias desastrosas. Por un lado se cae en el error de creer que manejando la cantidad de dinero es suficiente para administrarle un valor. Y por otro, al no tenerse en consideración dicha categoría se olvida el hecho de que no sólo el dinero es líquido, los demás bienes también. Si bien, al igual que como con el valor, la liquidez no consiste en cantidades o medidas, sino en grados o clasificación.

La premisa de la teoría cuantitativa del dinero, al estilo de los modelos neoclásicos del equilibrio, consiste entre otras cosas en considerar que existe el dinero por un lado, y el resto de bienes por el otro, claramente diferenciados, uno con liquidez absoluta, y los demás sin ningún tipo de liquidez. Esto constituye un error que implica no poder desarrollar una teoría del dinero (monetaria) y del crédito (de los ciclos) cercanas a la realidad.

Así, con dicha teoría, una parte importantísima y clave en el patrón oro que existió hasta la Gran Guerra, las letras de cambio o real bills, nunca serían vistas con la más mínima relevancia bajo este paradigma teórico ya que para ello es necesario recurrir a la liquidez.

Este instrumento monetario surgió para facilitar el comercio entre las ciudades-estado italianas así como el incipiente comercio ultramarino de aquella época, y perduraron hasta el final de la Gran Guerra, momento en el que el estado asaltó y torpedeó toda libertad de evolución en este ámbito implantando en su lugar un viciado sucedáneo llamado patrón cambios-oro.

Las real bills se usaban para facilitar el comercio de bienes absolutamente imprescindibles como la comida, la ropa o el combustible. Su uso, mediante el endoso, hacía posible que las monedas de oro no tuvieran que pasar por las manos de todos los participantes del proceso de producción de este tipo de bienes, solamente del minorista al primer fabricante. Y esto era así precisamente porque los bienes que respaldaban a este tipo de letras eran de tan urgente necesidad y tan clara colocación, que era seguro que una vez llevados al mercado serían rápidamente vendidos. Era el propio cliente en realidad quien con sus monedas de oro respaldaba de facto estas letras reales. De ahí que las letras que eran aceptadas (cumpliendo una serie de requisitos) y que circulaban, hicieran la misma función que el propio oro (dentro de unos límites), porque tener una real bill significaba la posibilidad en extremo cierta de poseer oro una vez venciera su plazo (que entonces no debía superar los tres meses). Es decir, eran el segundo bien en liquidez en el mercado.

Con esta institución que sólo habría podido nacer en un ámbito de comercio libre se aliviaba la siempre imperiosa necesidad de oro, beneficiándose de ello el comercio y la población. No en vano, gracias a este tipo de letras el grado de comercio internacional antes de que las extinguieran no ha podido ser comparable al del insano crédito estatal (dinero actual) hasta fechas recientes y casi un siglo después de un tremendo avance en la comunicaciones.

Por ello se entiende que el patrón monetario libre, con el oro y las letras de cambio, haya sido ignorado e incluso despreciado por todos aquellos que sólo confían en enfoques prestados de la Mecánica que excluyen a todas luces la conducta y la acción humana como la Teoría Cuantitativa del dinero.