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Los que piensen que Hazte Oír están traumatizando a los niños que se miren en el espejo

Como he comentado en otras ocasiones, soy bastante aficionado a observar cómo reacciona la gente ante ciertas polémicas sociales. Ya sea a través de los comentarios a las noticias en los diarios digitales o gracias a Twitter, se puede observar fácilmente cómo razona una parte de la sociedad (aquella con la inquietud suficiente por la actualidad como para molestarse en mostrar su opinión públicamente).

Según se van acumulando experiencias se puede distinguir dos patrones bien claros fuera de la argumentación de derecha/izquierda:

El qué hay de lo mío. También conocido como todo lo que me perjudica es injusto y lo que me beneficia es justo.

Una obsesión clara por dirigir la vida de los demás a los principios por los que riges, o te gustaría regir, la tuya.

Ambas tendencias son compresibles, ya que se deben a sesgos humanos universales, pero no permiten llegar a ningún acuerdo que no esté basado en la superioridad física de una de las partes.

Veamos algunos ejemplos sobre acontecimientos sociales de actualidad:

Buena parte de la izquierda ha sorprendido a algunos incautos poniéndose de parte de los estibadores en el conflicto que plantean por la supresión de sus privilegios impuesta por la Unión Europea. ¿Por qué iba una tendencia ideológica que tiene la igualdad como mayor meta a defender a un colectivo de apenas seis mil personas con sueldos de más de 60 mil euros y jornadas de 6 horas?

Pues simplemente porque si la riqueza es una tarta, que personas de tu clase social hayan conseguido hacerse con un pedazo muy gordo no tiene nada de malo. La conquista de más pedazos debe ir dirija a la porción de las otras clases sociales, no a la tuya.

Dicho de otra forma; que los míos aprovechen su posición de fuerza en un sector para sacar provecho económico por medio del chantaje al resto de la sociedad es perfectamente legítimo. Si eso mismo lo hiciera otra clase social, los empresarios por ejemplo, sería tachado de injusto.

El razonamiento es comprensible, pero falaz. Ninguna sociedad puede funcionar en base a que algo sea justo porque beneficia a una parte de ella, perjudicando al resto. Plantearlo en público es dejar claro al resto de la población que vas a poner tus derechos por encima de los suyos, y que si no están conformes van a tener que organizarse para defenderse de tus más que probable agresión. Con lo que al final terminas con una sociedad divida en grupos organizados que terminan llegando a consensos explotando a grupos desorganizados.

El otro patrón se ha visto claramente con las discusiones sobre la gestación subrogada.

En este tema tenemos una coalición entre la derecha y la izquierda para prohibir o sobre regular la gestación subrogada. Para unos es un proceso antinatural que tiene consecuencias intolerables para las personas implicadas, especialmente para el niño. Para los otros se trata de un acuerdo entre partes con dinero de por medio que implica una cosificación de la mujer.

Una vez que se descarta, por la práctica durante décadas en otros países, que los niños gestados por esta técnica sufran ningún perjuicio que justifique su prohibición, a ambas partes solo les queda agarrarse a su deseo de que el resto de la sociedad viva según sus creencias. Los conservadores no quieren que las familias se puedan formar de ningún otro modo del que tienen santificado (matrimonio tradicional hombre-mujer). Y la izquierda no quiere que nadie, y menos las mujeres, puedan intercambiar servicios en los que involucra sus genitales u órganos reproductores a cambio de dinero, incluso aunque demuestren que no necesitan el dinero para cubrir necesidades básicas.

De nuevo, son argumentos comprensibles pero falaces. Algo no puede ser legal o ilegal dependiendo de que encaje con la forma de vida que consideras ideal. Si tus argumentos sobre la ilegalidad de la gestación subrogada se basa en el daño al menor o sobre la explotación de mujeres en estado de necesidad, una vez desmontados hay que tener la honradez intelectual de reconocerlo, y retirar tus objeciones, o solo estás demostrando que eres una persona asocial que quiere imponer su punto de vista al resto.

Este caso es especialmente sangrante después de la polémica con el autobús de Hazte Oír. Por un lado tenemos a unas personas dispuestas a invertir dinero de su bolsillo en negar que pueda existir más diferenciación sexual que la que ve en los genitales y andar de colegio en colegio para dejar clara su postura. Y por otro tenemos a otros que quieren limitar la libertad de expresión para proteger a los menores que puedan verse afectados por estas ideas erróneas.

¿Cuál es el proceso mental que hace que una persona que considera que puede prohibir que un niño sea gestado subrogadamente, pueda indignarse hasta el punto de prohibir que otros expresen su negativa a admitir que otro niño puede ser distinto a lo normal?¿Qué diferencia hay entre que te marginen en clase por ser una chica en un cuerpo de chico a que lo hagan porque tus padres no te han podido gestar y han recurrido a un tercero, y encima lo han hecho fuera de España porque aquí es ilegal para evitar que gente tan malvada como tus padres exploten y cosifiquen a una pobre mujer?

Pues precisamente dejarse llevar por los patrones de los que hablaba al principio. Cuando lo único que guía tus argumentos es que todo te beneficie a ti y que todo el mundo viva según tu moral se termina cayendo en todo tipo de contracciones que te convierten en el monstruo que tanto dices detestar.