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Menos Greta, más Nordhaus

La COP25 en Madrid dejó una ristra de imágenes muy curiosas. El martes 10 de diciembre pudimos observar cómo un grupo de jóvenes, al finalizar su conferencia, levantaban fervientemente el puño, realizando el archiconocido saludo comunista. Un saludo manchado de sangre. Concretamente de sangre proveniente de los más de 100 millones de muertos del comunismo. Pero pareció ser que a ninguno de los asistentes a tan pintoresco espectáculo debió importarle, más ocupados en sincronizar los aplausos y los flashes de sus respectivos teléfonos de ultima generación (de producción altamente contaminante). Parece ser que hoy día a nadie le importa el trasfondo de las cuestiones. Preferimos simplemente quedarnos en el titular de las noticias, memorizar ideas fáciles y resultonas, y repetirlas cual guacamayo caribeño. Quizás sea esa una de las razones por las que tristemente, William Nordhaus, uno de los mayores expertos sobre los efectos económicos del cambio climático y medidas económicamente viables para combatirlo -y premio Nobel de Economía 2018- no haya sido invitado a la COP25, mientras Greta Thunberg ocupaba día tras día el escenario de Ifema. Vivimos en la sociedad del selfi y la pancarta. La sociedad de las plazas llenas y las librerías vacías. La sociedad del revolucionario de salón y las manifestaciones como actividad de ocio esporádico.

Para aclarar, y por si algún lector tiene dudas al respecto, he de afirmar que creo firmemente en la existencia del cambio climático y en muchos de los factores de carácter antropogénico que se alegan como causas principales de dicho fenómeno. También han de saber que me encuentro tan alejado de los negacioncistas del cambio climático como de los apocalípticos del clima. Por ello admiro tanto a William Nordhaus y su trabajo. Nordhaus representa el esfuerzo y la dedicación de toda una vida al estudio del cambio climático, sus efectos sobre la economía global y las soluciones plausibles y existentes para remediar dicho problema, pero se aleja del populismo proveniente de ambos extremos del debate. Esta es la principal razón por la que hoy me propongo escribir este artículo. Principalmente, para resumir las tesis de Nordhaus de manera sencilla y divulgativa, tratando de hacer ver a los lectores que realmente puede existir un consenso moderado y pragmático en torno al asunto del cambio climático, y como este consenso, alejado de todo tipo de histrionismos, permitiría encontrar soluciones eficaces en el corto, medio y largo plazo.

Nordhaus, como comentaba anteriormente, fue galardonado el pasado año con el premio Nobel de Economía, por su trabajo dedicado a la integración del cambio climático como variable en los modelos de crecimiento económico en el largo plazo. El profesor Nordhaus lleva toda la vida dedicado a estudiar la teoría del crecimiento económico desde una perspectiva diferente, analizando cómo las externalidades negativas del cambio climático afectan al crecimiento y desarrollo económico, y cómo a su vez, las propuestas políticas para mermar dicha evolución del clima afectarían a la economía y al bienestar de las sociedades, sobre todo de aquellos países emergentes fuertemente afectados por dicho fenómeno y mayormente dependientes de un crecimiento económico estable y sostenido en el tiempo. Lo mejor de todo es que Nordhaus no teoriza únicamente en abstracto. Sus modelos son de los más serio que se puede encontrar hoy día en la academia en relación a los efectos del cambio climático sobre el crecimiento económico y viceversa.

Algunos modelos predictivos de Nordhaus ya han demostrado ser ciertos. En el año 1974, Nordhaus calculó que asumiendo una absorción anual del 10% del CO2 atmosférico la concentración de dicho gas aumentaría de las 340ppm (partes por millón) en 1970 hasta las 487ppm en el año 2030, lo que representa un incremento del 43% en la concentración de CO2. Y, efectivamente, la tendencia muestra un aumento anual proporcional a la tendencia representada en los modelos de Nordhaus para alcanzar dichas cifras en 2030. Por ello lleva insistiendo desde los años 70 en la necesidad de introducir una nueva variable en representación de los efectos climático en los modelos de crecimiento económico en el largo plazo, para así poder también cuantificar los efectos de las diferentes políticas fiscales y estructurales que se podrían tomar para mitigar las consecuencias de los factores antropogénicos sobre el cambio climático.

Este tipo de modelos reciben el nombre de Integrated Assesment Models (IAM), y el modelo DICE (Dynamic Integrated Model Of Climate and the Economy) es el más conocido de los elaborados por William Nordhaus. Este modelo incluye variables físicas, químicas y bilógicas dentro de un marco propio de un modelo de crecimiento. El modelo de Nordhaus se centra en cuatro escenarios diferentes. En primer lugar, mide cuál sería el volumen de emisiones industriales de CO2 anual a nivel global si ninguna medida fuese tomada. En segundo lugar, analiza cuál sería la situación en caso de que se aplicaran las políticas óptimas al respecto. Tras ello, un escenario en el que el aumento de las temperaturas se mantuviera por debajo de los 2,5° en el periodo 2010-2100, y finalmente un escenario en el que introduce una muy baja tasa de descuento en el modelo (casi idéntico al anterior). 

El gráfico de Nordhaus destaca por su transparencia y facilidad de interpretación, algo que es intrínseco a sus modelos, y que le ha servido para ser mencionado y tenido en cuenta por instituciones como la ONU, a través del IPCC, a la hora de analizar cuestiones referentes al cambio climático. Hoy en día, este modelo ya no es patrimonio exclusivo de Nordhaus, ya que muchos científicos y economistas han tomado el modelo DICE como base para más tarde realizar extensas modificaciones y experimentar con diferentes escenarios de política económica. Una de las tradicionales conclusiones obtenidas del estudio del modelo DICE original es la referente al efecto del cambio climático sobre la agricultura, y esta, a su vez, sobre el conjunto de la economía. La explicación -de manera simplificada- es la siguiente: conforme se acelera el cambio climático por factores antropogénicos, el volumen de producción agrícola en muchas áreas del planeta se verá reducido, lo que disminuirá a su vez el valor económico del terreno de cultivo, y cómo esto consecuentemente afectará al proceso de ahorro, acumulación de capital e inversión del sector agrícola.

Por otro lado, uno de los factores a tener en cuenta de DICE es el alto nivel de incertidumbre que incluye el modelo en sus predicciones. Es decir, el abanico de posibles causas y soluciones al problema es extensísimo, dando lugar a múltiples escenarios futuros muy difíciles de predecir a través de los proxies empleados. El propio Nordhaus ha declarado en varias ocasiones que su trabajo es absolutamente apolítico y metodológicamente riguroso, que es lo que aporta credibilidad y estatus a su modelo.

Finalmente, como solución, Nordhaus destaca la fiscalidad pigouviana, es decir, una serie de impuestos a la emisión de residuos contaminantes que sirvan a su vez de desincentivo a la generación de dichas sustancias contaminantes, a la par que internalizan las externalidades negativas y los costes sociales de la contaminación atmosférica. Según Nordhaus, dicha fiscalidad contribuirá a transmitir al consumidor la información (a través de las señales de precios) de qué bienes y servicios son altamente contaminantes y cuáles menos, lo que sirve a su vez de incentivo a la innovación y transición energética a través del propio sistema de mercado.

En conclusión, el cambio climático es un tema de enorme relevancia política y social, por lo que no conviene polarizarlo y alejarlo del debate técnico. Es un asunto que debe ser tratado por expertos y alejado de manifestantes histriónicos. Separemos tales asuntos de la sociedad del selfi y la pancarta, y acerquémoslos a la sociedad de la cordura y la moderación.