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Moonlight y las instituciones fallidas

La mayoría, si no todos, que vean el film ganador del Oscar a Mejor Película este año, Moonlight, dirán que trata sobre la identidad sexual (y vital) de un chico negro de un barrio pobre de Miami. Y estarán en lo correcto.

Pero hay más que eso. O mejor dicho, podemos sacar lecturas más profundas de su argumento y desarrollo. La historia sucede en Miami, tanto en la obra original (In Moonlight Black Boys Look Blue) como en la película, y más concretamente en el barrio de Liberty City, la parte menos turística y glamurosa de la ciudad. Es una historia con tintes autobiográficos, por lo que rodar en los mismos escenarios en los que sucedieron los hechos era imprescindible para trasladar esa sensación de realidad. Liberty City es, sin más, un gueto.

Liberty City no es sólo parte de proyectos de viviendas públicas sino que sus residentes son en gran parte personas dependientes de ayudas del Gobierno y cuya principal o a veces única fuente de ingresos son esas subvenciones públicas. De hecho parece claramente éste el caso de la madre de Chiron, el protagonista.

La vida del protagonista está en muchos sentidos golpeada. Y la presencia del Gobierno en su vida sólo consigue profundizar y mantener abiertas sus heridas. Uno de los ejemplos claros es su escuela, típicamente una escuela pública caracterizada por vidas desestructuradas, violencia y bullying. La escuela pública, lejos de protegerle, le hunde aún más.

Sutil pero hondamente, Moonlight deja entrever los fallos del Gobierno. Un mundo, el de Chiron, en el que se acaba medrando en las drogas debido a lo altamente lucrativo en que se convierte ese negocio por el arte de la prohibición y lo difícil que resulta para una persona de baja formación introducirse en un mercado laboral hiperregulado y con barreras de entrada como salarios mínimos que expulsan a estas personas poco cualificadas de poder iniciar una vida digna y constructiva. De hecho, la película se ambienta en el Miami de los años 80 en pleno apogeo de la guerra contra las drogas. El propio mentor de Chiron de niño, Juan, es un pasante de drogas.

Moonlight es la historia de una vida en muchos sentidos fallida. Pero también, en el fondo, nos deja ver otra historia si sabemos ver más allá: la de instituciones como las del Gobierno también fallidas.

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