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Paramés: teoría económica y emprendimiento

La pregunta que recibe uno cuando se presenta como economista ante conocidos o familiares es casi siempre la misma: ¿en qué me recomiendas invertir? Y uno sabe que ante esa pregunta es vano tratar de explicar a la contraparte que lo que en realidad hace un economista nada tiene que ver con saber dónde invertir.

El reciente libro de Francisco García Paramés, Invirtiendo a larga plazo, cuya lectura no puedo dejar de recomendar por diversas razones, pone una vez más en la palestra la cuestión de la relación entre la teoría económica y el emprendimiento. Para el señor Paramés no hay resquicio de duda, como lo prueba la taxativa respuesta que dio ante una pregunta al respecto en la sesión organizada por el IJM: su éxito debe muy poco a sus conocimientos de teoría económica, y prácticamente se explica en su totalidad por la selección de títulos para su cartera (lo que él denominó stock picking).

O, dicho en otras palabras, la inversión en valor (value investing), la técnica utilizada por Paramés para su gestión, tiene poco que ver con la teoría económica, sea ésta austriaca o no. Otra prueba de lo antedicho la tenemos en su libro, donde se puede observar que Paramés ya había desarrollado su método de inversión y era un gestor de éxito bastante antes de tener contacto con la teoría económica austriaca. Otro indicio de lo apuntado.

Y es que Paco García Paramés en un emprendedor, un emprendedor de éxito, pero no es un economista, no es un teórico de la economía. Por mucho que a Paramés le parezca que la teoría económica austriaca es la mejor forma para entender los fenómenos económicos, solo la utiliza de forma marginal para su toma de decisiones empresariales. Por supuesto, ello no quita que sea muy importante para la causa de la libertad que un tipo con tanto prestigio sancione dicha teoría con la aceptación explícita en su libro. Pero ello no implica que los teóricos económicos austriacos tengamos un gran futuro como inversores.

Desgraciadamente para los teóricos, entre los que me permito incluir, la teoría económica tiene unos límites muy claros, que todo buen teórico conoce. La teoría económica persigue, y a veces consigue, explicar los fenómenos económicos que nos rodean. Proporciona teorías que explican la formación de los precios, la existencia de inversiones, el papel que tiene el ahorro en el desarrollo de una sociedad, o la importancia del dinero. Pero no predice, ni pretende hacerlo, el futuro. Un teórico no se puede forrar solo a base de teoría económica.

Es una actividad que nada tiene que ver con el emprendimiento, aunque nos explique por qué éste sucede. El emprendimiento es la actividad de determinados individuos tratando de “adivinar” el futuro y anticiparse así a los deseos y necesidades de ellos mismos o de otras personas. Para ello, han de asumir el riesgo de acopiar recursos en el momento actual, transformarlos de la forma que consideren apropiada, y ponerlos en la nueva forma a disposición del mercado en el futuro. La actividad emprendedora tiene riesgo porque solo en el futuro y tras la inversión en recursos puede saber el emprendedor si su previsión era cierta, caso en que obtendrá beneficios, o errónea, caso en que sufrirá pérdidas.

La teoría económica, aparte de explicarla, poco puede asistir al emprendedor en su actividad. El valor añadido de Paramés está en que conoce muy bien sectores y empresas y es capaz de detectar su infravaloración en el mercado bursátil con un alto porcentaje de éxito. De hecho, el capítulo más brillante y original del libro de Paramés no se refiere a cómo valora las empresas, sino a su experiencia sobre las causas que invitan a pensar que una empresa puede estar infravalorada en un momento dado. Que alguien me explique cómo usar la teoría económica para llegar a conclusiones de este tipo.

Así, el emprendedor Paramés detecta la oportunidad (el recurso infravalorado, en este caso, la acción de una empresa); hace acopio de los recursos en el momento actual asumiendo el riesgo del precio que paga por ellos; los “transforma” (lo que en este caso equivale a esperar a que la acción se ponga en valor), y eventualmente los devuelve al mercado, obteniendo un beneficio si su valoración era acertada, o una pérdida en el caso contrario. Gracias a Paramés, y siempre que no se equivoque, una empresa bien gestionada puede seguir bien gestionada, aunque el mercado bursátil la esté penalizando por otras razones o por simple error en un momento dado.

Empezaba este comentario quejándome de que, como economista, no me gustaba que me preguntaran en qué invertir. Nunca nadie me pregunta por la teoría del valor o por los efectos de la regulación de mínimos de calidad en el mercado, algo sobre lo que me encanta departir. Estoy seguro de que a Paramés le pasa lo contrario: se encontraría muy incómodo ante este tipo de preguntas, y en cambio se podría extender largo y tendido sobre la primera cuestión (aunque quizá no lo hiciera por vivir de ello).

Ahora bien, también estoy seguro de que nadie preguntaría a Paramés sobre la teoría del valor (aparte de algunos miembros del IJM). Y es por la misma razón que no me preguntan a mí: porque los conocimientos que da la teoría económica tienen muy poco valor, al contrario de los que proporciona la actividad emprendedora. Razón de más para estar agradecido a Francisco García Paramés por compartirlos en su libro.