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Por qué no existe el derecho a la vida. Por una redacción negativa de los derechos naturales

Con esto de los derechos, la confusión está servida. Es habitual que en el debate jurídico popular (incluso en el profesional y el académico) unos hablen de derechos naturales cuando deberían hablar de derechos subjetivos, o de derechos positivos cuando deberían hacerlo de negativos. En muchos casos el planteamiento suele ser erróneo en todos los planos

Como ya se ha dicho en repetidas ocasiones, uno de los criterios a seguir para saber si estamos hablando o no de un derecho natural es que no puede apelarse a un supuesto derecho natural si para satisfacerlo hay que vulnerar los derechos naturales de otras personas. Yo no puedo apelar a un supuesto derecho a la vivienda exigiendo que se estructuren mecanismos para que el Estado me suministre una, porque para satisfacer este derecho deberá sacrificarse el derecho de propiedad de otras personas que estarán obligados legislativamente a sufragarla con su dinero. Sin embargo, sí podría decir que “nadie tiene derecho a disponer de mi vida”, porque de esta manera no vulnero ningún derecho de nadie. Se puede decir en esta línea que los derechos naturales son de "no quitar" y no de “dar" y que, como veremos más adelante, deben redactarse negativamente.

Derechos Subjetivos

Todo derecho que conlleve una obligación de dar por parte de otra persona debe estructurarse como derecho subjetivo, es decir, derivado de un contrato voluntario entre las partes, dado que requiere de obligaciones por parte de otra persona para satisfacerse. El problema de los derechos subjetivos surge desde el momento en el que es el Estado el que los otorga por vía legislativa sin el consentimiento explícito de aquellos que finalmente los financiarán, que son los ciudadanos. Desde ese punto de vista podría decirse que según la configuración legislativa actual tanto el derecho a la vivienda como el derecho a la sanidad o a la escolarización, son derechos subjetivos de algunos ciudadanos cuyo deudor es el Estado, es decir, otros ciudadanos.

El Estado, según esta tesis, habría suscrito un contrato, tácito, mediante el cual se compromete a cumplir ciertos compromisos con sus ciudadanos. El problema es que el Estado es un ente abstracto y que los obligados en última instancia son los ciudadanos que no han dado el consentimiento explícito como toda relación contractual exigiría. El resultado no puede ser más desastroso: políticos que, movidos por el incentivo electoral, otorgan discrecionalmente derechos subjetivos a los ciudadanos sin soportar el coste de esas decisiones.

Derechos naturales

Por otro lado, si profundizamos en el fundamento de los derechos naturales, podremos observar que, tal y como se ha mencionado en el ejemplo inicial, los derechos naturales no deben redactarse de forma positiva, como cuando afirmamos: "tengo derecho a la vida"; sino que debe hacerse negativamente: "nadie tiene derecho a disponer de mi vida".

Y debe ser así, y es importante que sea así, porque cuando digo que "tengo derecho a la vida", estoy exigiendo implícitamente que alguien me provea coactivamente de los medios para defender mi vida. Mientras que cuando negativamente digo "nadie tiene derecho a disponer de mi vida", estoy estableciendo las bases para legitimar mi defensa individual u organizada mediante acuerdos voluntarios, y para tomar yo parte activa y responsable de mi propia defensa. Sorprendentemente nuestro ordenamiento jurídico y los ordenamientos consultados realizan redacciones positivas a pesar de que ya Isaiah Berlin advirtiese del carácter negativo de los derechos y libertades de las personas.

Un buen ejemplo de la diferencia entre una redacción positiva y otra negativa la encontramos en las legislaciones española y estadounidense cuando tratan el supuesto "derecho a mentir" de los imputados. Esta aberración positiva que incluso ha sido sostenida literalmente en alguna sentencia (SSTC 290/1993, de 4 de octubre; 129/1996, de 9 de junio, y 153/1997, de 29 de septiembre: "no pudiendo soslayarse el hecho de que el acusado no está obligado a decir la verdad, habiéndose reconocido incluso el "derecho a mentir") está también mal redactada, aunque de forma más suavizada, en el artículo 24.2. de la constitución española en el que se afirma que "todos tienen derecho" a no declarar contra sí mismos y a no confesarse culpables. Derivado de esta desacertada redacción positive, el Tribunal Constitucional se ha tenido que apresurar a advertir en sentencias firmes que la constitución con este artículo no "consagra un derecho fundamental a mentir".

Nótese, sin embargo, la diferencia con la, bajo nuestro punto de vista, más acertada, por negativa, redacción de la quinta enmienda de la constitución estadounidense en la que no existe la palabra "derecho" y se afirma que "no se obligará a nadie a declarar contra sí mismo en ningún juicio penal" o lo que es lo mismo que nadie tiene derecho (redacción negativa) a obligar a nadie a declarar contra sí mismo.

Los derechos naturales son por lo tanto aquellos derechos negativos con los que nacemos por el mero hecho de existir. Nuestra condiciones de seres autónomos y soberanos (iguales) nos legitima para defendernos de cualquier agresión contra nuestra vida, nuestra propiedad o nuestra libertad para actuar. Este es precisamente el fundamento del Estado limitado, la legitima defensa organizada que debe organizarse legislativamente.