Usted está aquí

Por respeto al contribuyente, privaticemos RTVE

Tras el lamentable episodio del miércoles 3 de septiembre, cuando la sección sindical de UGT en TVE pidió formalmente a los responsables de la cadena "impedir la presencia" de Juan Ramón Rallo en "sus instalaciones", la dirección de RTVE ha decidido cancelar la colaboración del director del Instituto Juan de Mariana en dicho programa.

Aunque, atendiendo al número de pensadores liberales que participan habitualmente en el resto de programas de la cadena, era previsible que en algún momento terminara produciéndose el cese de la colaboración, la premura y determinación con la que se ha ejecutado resulta ilustrativa: ilustrativa de cuáles son los verdaderos intereses a los que sirve RTVE.

RTVE es una empresa de titularidad estatal, lo que suele identificarse con un organismo orientado a satisfacer el interés general. Sin embargo, quien gobierna en España en realidad lo hace también en Prado del Rey: un sometimiento que viene repitiéndose desde que en 1956 iniciase sus emisiones en pleno franquismo. RTVE no responde a un vago concepto de interés general, sino al muy definido concepto del interés particular del Gobierno de turno.

Ahora bien, sería ingenuo pensar que RTVE sólo responde a los intereses particulares del Gobierno. Si ello fuera así, muy probablemente habría desaparecido hace mucho tiempo. Alrededor del ente, también se ha ido tejiendo un entramado de intereses creados que ha obtenido el derecho a extraer rentas de los contribuyentes a cambio de seguir actuando de altavoz gubernamental: unos intereses creados que también han logrado una pátina de legitimidad social al identificarse con la prestación de un servicio público esencial. Por eso, la presencia de un economista liberal como Juan Ramón Rallo en las instalaciones de RTVE inquietó profundamente a todos aquellos que temían que las ideas liberales podían hacer resquebrajar los privilegios de los que vienen gozando desde hace décadas por la vía de señalar las inconsistencias de la explicación oficial sobre el origen y la necesidad de RTVE.

Todo lo cual debería llevarnos a plantear dos simples cuestiones. La primera: ¿Quién teme a las ideas liberales: UGT, el Gobierno o ambos? La segunda: ¿Por qué tales grupos de interés temen las ideas liberales? No es, desde luego, porque perjudiquen al conjunto de los españoles, sino porque ponen de manifiesto que el conjunto de españoles está perjudicado por las prebendas de esos grupos de interés que han logrado patrimonializar el ente estatal. La ‘televisión de todos’ no podía tolerar la presencia en su parrilla de quien defendía los derechos de todos los contribuyentes frente a las prebendas de una minoría.

Si alguien necesitaba alguna prueba más de que RTVE es un medio de comunicación nutrido del dinero de los contribuyentes y colocada al servicio de Gobierno, sindicatos y demás grupos internos organizados, el fulminante cese de la colaboración de Juan Ramón Rallo la ha terminado de aportar. Los grupos de interés que controlan RTVE han pretendido zanjar el debate de su posible privatización secuestrando ese debate: señal inequívoca de que la razón no está de su lado, de que lo saben y de que no por ello van a dejar de instrumentar los medios de comunicación estatales en su provecho. Por respeto al contribuyente, privaticemos RTVE.