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Principio de autopropiedad y normas éticas

La interacción entre distintos seres humanos exige desarrollar normas éticas que minimicen los conflictos y permitan la cooperación pacífica y voluntaria.

Estas normas deben ser racionales (accesibles a cualquiera con la capacidad intelectual suficiente), universales (válidas para todo tiempo y lugar), simétricas (que no privilegia a unos seres humanos con respecto a otros) y funcionales (sirven para regular la convivencia y permitir la cooperación competitiva minimizando los conflictos).

En esta definición están implícitas varias ideas o juicios de valor, a saber, (1) que todos los seres humanos son iguales, que poseen los mismos derechos naturales y la misma dignidad; (2) que los conflictos y disputas entre seres humanos son reprobables y lo ideal es minimizarlos; (3) que la disminución de tensión y conflictos alienta el la cooperación voluntaria entre seres humanos, multiplicando los intercambios mutuamente beneficiosos y, por tanto, el bienestar material y social de las sociedades.

Una de las normas éticas (sino la principal en cuanto axioma de toda la normativa ética) que garantiza un sistema harmonioso entre seres humanos, esto es, minimizando conflictos y propiciando la cooperación y convivencia pacífica, es el principio o derecho de autopropiedad.

El principio de autopropiedad establece que el individuo es propietario de su propia persona, o dicho de otra manera, que tiene un derecho natural o moral a controlar su cuerpo y vida. Ciertamente, cada ser humano se conforma como una entidad diferenciada y distinta del resto. No en vano, el cuerpo físico de cada individuo es el primero y principal de los bienes escasos, en el sentido que constituye en sí mismo un medio de uso excluyente para alcanzar fines.

De la propiedad total de una entidad, en este caso el cuerpo, derivan el derecho a usarla como el propietario crea oportuno según su escala de fines y valoraciones subjetivas, y el derecho que prohibir que otros la utilicen sin su consentimiento.

La idea es la de que cada individuo pacífico debe estar en libertad para disponer de su persona, tiempo, y propiedad como a él le plazca. La fuerza es permitida solamente en defensa propia y solamente cuando se encuentra dirigida al ofensor.

Existen varias alternativas a este principio que no resultan satisfactorias.

Si el cuerpo no pertenece al individuo, deberemos deducir que pertenece a otros individuos. Llegaríamos a la conclusión, un tanto absurda, de que los individuos no se poseen a sí mismos, pero sí pueden poseer al resto.

Otra opción sería que cada individuo fuese poseído por la totalidad del resto de individuos. Todos los seres humanos estarían encargados de controlar las acciones y decisiones del resto de seres humanos del planeta, llegando todos juntos por consenso a una decisión sobre qué hacer con las propiedades, algo que nos parece física y metafísicamente imposible.

Otra alternativa sería que un grupo de individuos controlase (dominase) total o parcialmente a otro grupo. Desde el punto de visto lógico es viable, pero se denomina esclavitud y rompe con el principio de simetría que debe cumplir toda norma ética (si consideramos que todos los seres humanos merecen el mismo trato y derechos).

Otra posible opción sería que nadie poseyera nada. De ser así, es ser humano no actuaría y los seres humanos ya se hubieran extinguido.

Hans-Herman Hoppe proporciona otra justificación a este principio. Argumentar que no somos propietarios de nuestro cuerpo es caer en una contradicción performativa, ya que el mero hecho de argumentar libremente presupone que somos dueños de nosotros mismos y de nuestro cuerpo. Por consiguiente, toda discusión racional da por hecho que el ser humano es dueño de sí mismo y que es un ser racional.

El derecho a la autopropiedad está relacionado con el principio de no agresión, principio ético y jurídico, paralelo al de propiedad de uno mismo, por el cual todo individuo llevar a cabo las acciones que considere oportunas para satisfacer sus fines, siempre que no utilice la violencia contra la persona o la propiedad de otro individuo. Cada ser humano debe poder actuar sin violencia ajena, dado que así se minimizan las disputas, los conflictos y se favorece la coordinación entre los distintos agente de la sociedad.

Principio de no agresión y principio de autopropiedad son dos caras de la misma moneda y configuran la definición de libertad ‘negativa’, aquella que se define por la ausencia de coacción externa al individuo que desee realizar un curso de acción determinado.

¿Puede partirse de otros principios (o axiomas) en el desarrollo de la normativa ética? Sí, pero lo que defiendo en este artículo es que ello supondría el inicio de la violencia de unos individuos sobre otros (cualquier que sea la forma que esta violencia adquiera) y esto aumentaría exponencialmente el número de conflicto y disminuiría la cooperación y convivencia pacífica entre seres humanos.