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Progres, váyanse a Cuba

Las listas de distribución de correo son una de las mejores formas de estar al día y saber lo que se cuece en ciertos ámbitos. Una de mis favoritas es la Sexualities del Latin American Studies Association, gestionada por Adan Griego de la californiana universidad de Stanford. Lo malo de las listas es que junto a la información valiosa uno también recibe las mayores barbaridades. La libertad de expresión no es gratis, y yo estoy dispuesto a pagar su precio, aunque también puedo protestar cuando me plazca.

El pasado siete de marzo recibí un texto vía ese grupo cuyo titular anunciaba: "En lo que respecta a los derechos gays, ¿está Cuba por delante de los EE.UU?". La pieza provenía del USA Today y estaba firmada por DeWayne Wickham.

El artículo señalaba el gran movimiento que el "rígido" (sic) Gobierno de Fidel Castro estaba protagonizando a favor de los derechos de los homosexuales. Entre otros grandes hitos, el autor señala la producción y "visionado" de la película Fresa y Chocolate, el declive en la persecución de gays, la aparición de un personaje homosexual en un culebrón y el proyecto gubernamental de "dar a las parejas de personas del mismo sexo algún tipo de estatus".

Además, según afirma Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, "tenemos que redefinir el concepto de matrimonio" pues "el socialismo debe ser una sociedad en la que nadie sea excluido". El autor considera irónico que un Gobierno "llamado totalitario" expanda los derechos de los homosexuales mientras que a su juicio en los Estados Unidos se está produciendo justo lo contrario.

Una de las causas de este cambio reside en el papel desempeñado por Mariela Castro, sobrina del dictador –lo de dictador es mío, no de Wickham– y presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba. Otro factor es la estrategia cubana de defenderse de los "intentos norteamericanos por derrocar el gobierno comunista y reemplazarlo por una democracia al estilo de la de los EE.UU."

El artículo finaliza con las conocidas fórmulas de apoyo al régimen castrista: "El tira y afloja de 50 años de Cuba con los EE.UU es una lucha ideológica. Es una competición entre los ideales socialistas de este país y los esfuerzos norteamericanos por imponer su voluntad en esta isla nación (...) su resultado dependerá de la guerra de trincheras en la que Cuba lucha por los corazones y las mentes de su pueblo, tanto de los heteros como de los gays."

Uno puede ser comunista, castrista o lo que le guste. Algunos incluso afirman continuamente que en Cuba se vive mejor que aquí, aunque nadie se atreve a dar el paso de la emigración al paraíso socialista. No voy a decir nada que no se sepa sobre el inmenso océano de hipocresía que inunda el llamando "pensamiento progresista" en Occidente. Pero usar la represión y el intento fallido de genocidio –uso la definición actual del término, que incluye tanto a grupos políticos como a homosexuales– que los gays cubanos han sufrido bajo el régimen comunista cubano, a fin de redactar una pieza de propaganda y de paso presentar al presidente Bush como una amenaza para los derechos humanos rebasa con creces los límites no sólo de la profesionalidad, sino también de la moral.

Artículos como el reseñado son un insulto para las decenas de miles de gays y lesbianas cubanos asesinados, torturados y encarcelados desde que Castro, su amigo Che Guevara, sangriento representante de la homofobia más cerril, y los otros decidieron que los homosexuales éramos una excrecencia de la sociedad burguesa, y por tanto deberíamos desaparecer. Y si no lo hacíamos por propia voluntad, ya se encargarían ellos de echar una mano a la madre naturaleza, que al final ha dado la razón a quien la tenía. Lo mismo sostuvieron muchos marxistas sobre el judaísmo, aunque por fortuna hoy en día son pocos los socialistas que se atreven a defender estas ideas. No obstante, el precio en vidas que ha costado sacarlos de su delirio ha sido bien alto.

Celebro que el Gobierno de Cuba haya decidido que ya no hace falta ir cazando y matando homosexuales, aunque todo dependa del capricho de la sobrinita del dictador. No quiero ni pensar lo que ocurriría si mañana la señora se enemistara con un gay o, por ejemplo, discutiese con alguno sobre la elección de restaurante donde tomar el brunch dominical; ¿hay de eso en Cuba más allá de los hoteles para extranjeros y las mansiones de los dirigentes comunistas? Vamos, que a la mínima la situación puede volver a empeorar.

Hay que ser muy miope o poseer mucha mala fe para alabar a un régimen político en el que los principios rectores de la política se reducen a los antojos de la familia dirigente y a su proyecto de perpetuación en el poder sine die. No me gusta que Bush haya intentado reformar la constitución de su país para evitar el matrimonio gay, aunque a Wickham se le olvida mencionar que el presidente sí se muestra partidario de legislar para que las parejas gays no sean discriminadas en asuntos fiscales, de herencia y demás. Y en todo caso, digan lo que digan él y sus partidarios, son el pueblo libre y los tribunales de justicia los que en último caso decidirán, no el humor con que se levante alguna sobrinísima.

Entre un Bush o un miembro de Hazteoir.org y un comunista cubano –o un islamista de esos que le encantan a ZP, Zerolo y Moratinos– yo lo tengo muy claro. ¿Quién de ellos me considera una persona y por tanto ser racional y valioso en mí mismo? ¿Quién de ellos considera que poseo unos derechos y libertades inviolables que no pueden ser cercenados sin causa justa y razonada? ¿Quién de ellos se atendría a negociar conmigo? ¿En quién debo confiar en caso de llegar a un acuerdo?

Exhortar a los gays cubanos a decirle a Mariela Castro "Señora, quédese usted con sus derechos" sería apelar a un heroísmo rozando lo temerario. De todas formas, lo que sí les digo a tod@s l@s "mari progres" hispan@s y foráne@s es que su apoyo al totalitarismo no tiene ninguna gracia. Como mínimo, resulta trágico. Como máximo, es un viaje hacia el suicidio en el que espero no encuentren muchos compañeros de viaje. Se puede ser marica –y a mucha honra– pero no imbécil.