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Puntos comunes entre biología y teoría económica

La exploración de las relaciones ente biología y economía es un tema apasionante. La conexión entre ambas dotaría de fundamento científico puro a la teoría económica, algo que mucha gente pone en duda o que se trata de resolver aplicando el método científico a la economía, con los resultados nefastos ya denunciados por Hayek, entre otros muchos.

Para mi sorpresa, resulta que no es tan difícil encontrar estos puntos de conexión. Al menos, no lo es cuando nos referimos a la teoría económica de la escuela Austriaca y su metodología, la praxeología.

En el último comentario me referí brevemente al algoritmo que sigue el proceso evolutivo de las especies. El evento decisivo en tal proceso es el llamado “crunch maltusiano”, que consiste en que, en un momento dado, no hay recursos para todos los individuos generados, y por tanto no todos pueden sobrevivir. Ello hace que tiendan a hacerlo solo aquellos cuyas características se adaptan mejor al medio. Con el tiempo, los sucesivos “crunchs” van depurando más y más los individuos en torno a esas características deseables para el medio concreto en que viven, hasta el punto de que pueden distinguirse especies de individuos. En este algoritmo, diferencias marginales en la adaptación bien pueden suponer la diferencia entre la supervivencia y la desaparición.

Pero ¿qué quiere decir que unas características estén mejor adaptadas al medio? Nos lo aclaran los biólogos: están mejor adaptadas al medio aquellas características que permiten conseguir los mismos objetivos con un menor consumo de recursos. En el caso de la biología pura, estos objetivos son, por supuesto, la reproducción y la supervivencia. Así pues, aquellos genes que provocan en los individuos el consumo ineficiente de recursos para sus objetivos, tienden a desaparecer con el proceso evolutivo biológico.

A quien aún no se le haya encendido la bombilla, le recomiendo la lectura de este comentario antes de seguir. Allí explicaba que el presupuesto principal de la praxeología, su punto axiomático de partida, es que el hombre actúa cuando los “ingresos” que espera obtener de la acción superan a los “costes” en que espera incurrir. A partir de aquí se construye la teoría económica, que no es otra cosa que la ciencia que explica los fenómenos económicos, como son el valor, el precio, los salarios o el interés.

Por tanto, se puede observar que al axioma de partida de la teoría económica no está sacado de la nada, sino que coincide completamente con el criterio de adaptación de los organismos biológicos al medio. Dicho de otra forma, el algoritmo evolutivo hace que tiendan a sobrevivir aquellos individuos/especies que normalmente actúan siguiendo el criterio de que los “ingresos” de su acción (en términos de supervivencia o reproducción) superan a los “costes” de la misma. Lógicamente, el hombre cual ser biológico producto del mismo algoritmo no puede escapar a idéntico yugo y tiende a actuar de la misma forma.

Ello nos permite radicar la teoría económica desarrollada mediante praxeología (por ejemplo, la teoría económica austriaca) en la biología. Siendo así, su punto de partida ya no sería un axioma discutible, sino las conclusiones obtenidas de la evidencia empírica en un ámbito puramente científico cual es la biología. La acción humana no partiría de una construcción mental más o menos afortunada, sino de los resultados empíricamente contrastados de la evolución biológica.

Pero no acaban aquí los puntos comunes, ni mucho menos. Rápidamente se extiende a la que para Mises constituía la principal fuerza de progreso económico: la especialización del trabajo. La mayor eficiencia de la especialización del trabajo se explica por la ley de la ventaja comparativa. Ésta demuestra que lo óptimo para la sociedad es que cada individuo realice únicamente aquello en que es más eficiente y consiga el resto de los productos mediante intercambio. Y se cumple incluso aunque el individuo sea menos eficiente que otro en la misma tarea, siempre que lleve a cabo la tarea en que él es más eficiente.

Pues bien, este mecanismo acrecentador de la eficiencia en el mercado es exactamente el mismo que han seguido los seres vivos para evolucionar: la sucesiva especialización, en este caso de las células, tejidos y órganos.

Con esta perspectiva, el mercado se podría ver cómo un paso lógico en la evolución biológica: una vez se ha obtenido un cierto grado de especialización a nivel sub-individual, ha surgido un individuo / especie que, por sus características, permite la especialización a nivel individual, posibilitando así nuevas formas de eficiencia hasta ahora imposibles. Obsérvese que es condición necesaria para estas nuevas formas de eficiencia “biológica” que el intercambio de bienes esté permitido, pero esto es otra historia de la que hablaremos en otra ocasión.

En fin, tanto a nivel causal como a nivel de consecuencias, hay una serie de puntos comunes entre biología y teoría económica praxeológica que parecen ir más allá de la mera casualidad. Creo que esto nos da motivos a los economistas austriacos para ganar confianza en los desarrollos que realizamos, en comparación con otras escuelas económicas que difícilmente pueden mostrar unas bases metodológicas tan indiscutibles.