Usted está aquí

Rubalcaba y el centro derecha

Todas las personas que, ya sea por nuestra profesión o por las circunstancias de la vida, conocemos algún tema público en profundidad hemos compartido el mismo sentimiento de impotencia al ver cómo los medios de comunicación informan sobre el mismo. La mezcla de superficialidad, ignorancia y manipulación nos abruman y nos obliga a hacernos una pregunta: ¿hacen lo mismo con los temas que no conozco?

Pese a que la respuesta a esta pregunta sólo puede ser un rotundo sí, hay mucha gente que, una vez pasado el trago, prefiere tomarse la pastilla azul y despertar al día siguiente en su cómodo colchón de consensos sociales conseguidos a golpe de telediario.

Todo indica que con la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba se está formando el consenso de que estamos ante la pérdida de todo un hombre de Estado, que dejó su vocación como apacible profesor de química por el bien de los españoles.

Los que tuvimos la desgracia de padecer en nuestras carnes los tejemanejes de este señor como ministro de Interior no estamos muy de acuerdo con esta descripción. Aunque podría ser comprensible que todos aquellos que no se cruzaron en su camino compren una imagen que les hace pensar que viven en un mundo algo menos malo de lo que intuyen.

Lo preocupante es que hayamos llegado a una situación política en la que un tipo como Rubalcaba, que no dudaba en meterse en cualquier alcantarilla para salvar a su partido, se despida de este mundo con los máximos honores por parte del centro derecha político.

Hay multitud de ejemplos de acciones que este señor hizo en vida y que deberían ser imperdonables para la derecha, pero la más irrefutable, y por tanto más famosa, es su declaración del día 13 de marzo de 2004. Su “los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”, junto al terrorista suicida con tres capas de calzoncillos, son los ejemplos que le vienen a la cabeza a cualquier liberal o conservador cuando la izquierda se pone digna en la defensa del juego limpio en democracia.

No quiero dar la impresión de que compro el discurso victimista, y algo absurdo, que parte de la derecha hace de esas elecciones y todo lo que vino después. Pero solo hace falta tener un mínimo de objetividad para darse cuenta de que algo así no se puede pasar por alto si te respetas a ti mismo y a tus votantes.

Pero lo cierto es que el PP lo pasó por alto. ¿Por qué? Hay muchas teorías; la creencia de que somos un país de izquierdas y por tanto hay que ponerse de perfil en estos asuntos; el hecho de que un hatajo de altos funcionarios del Estado no son los mejores elementos para defender nada que tenga que ver con la ética o con la moral; la convivencia en un solo partido de varias formas de ver el mundo totalmente distintas, que hace que ante una crisis no se sepa por qué camino ir. O la estúpida idea grabada a fuego en el imaginario conservador de que el Estado está por encima de todo. Incluidos ellos mismos y sus libertades.

Seguramente fue una mezcla de todas ellas. El hecho es que ese día se aceptó que un político del PSOE acusara de algo de extrema gravedad a un Gobierno de derechas horas antes de ir a votar y con dos centenares de cadáveres esperando identificación en una nave. Este fin de semana se ha certificado que ese comportamiento es digno de todos los honores del Estado.

Desde el liberalismo puede parecer que no es tan grave. Al fin y al cabo, nuestra función es precisamente advertir de que el Estado está formado por hombres como Rubalcaba y, por tanto, esto viene a darnos la razón. El problema, como decía al principio, es que entra dentro de la normal que un político pueda irse de rositas después de pisotear los derechos de míseros mortales como nosotros. Pero si ese mismo político no solo sale impune después de romper los mínimos consensos democráticos con la otra fuerza política dominante, sino que esa fuerza le termina rindiendo pleitesía, es un síntoma muy claro de que algo muy importante se ha roto en este país.

A mí no me gusta ningún Estado. Pero al menos si los lobos discuten sobre quién es el que va a dirigir el menú la oveja tiene alguna oportunidad. Si en España ya se ha decidido que el Estado es la izquierda y los funcionarios de carrera que sanean un poco las cuentas cuando la cosa se desmadra, en el centro derecha solo quedan corderos (blancos, negros, rojigualdos o azules con estrellitas). Que sean capaces de darse cuenta de su nueva condición será lo que determine si no terminamos todos en el menú en los próximos años.

Comentarios

satur

Que descanse en paz. Su funeral ha sido una sobreactuacion,yo no he querido sumarme al circo, me he negado a detenerme a contemplarlo .

Credo quia absurdum

Ni en paz ni de rositas. A ese desequilibrado le llegó la hora de rendir cuentas al Gran Equilibrador, de quien nadie se burla. Quiero creerlo porque hay poderosas razones, como la belleza o simetría, que la razón no necesita entender, y porque no me fio ni un pelo de quien sustituye las creencias elevadas por las más rastreras.

satur

Se marcha, sin aclararnos nada sobre el atentado de los trenes, sobre su enamoramiento con Carmen Chacon sobre la financiación del movimiento de M 11. (No estoy diciendo que tuviera nada que ver). Pero al igual que Fouche en la Revolucion francesa , conocía todo incluso condena a Robespier a morir en la guillotina.

El Escorial

Según los comentarios de algunos medios y políticos afines, el inicio de los estudios previos de beatificación se acerca.

Añadir nuevo comentario