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Sacar la sede de Cataluña

El sainete que se está viviendo con el tema de la autonomía de Cataluña es un enfrentamiento entre Estados. Sí, posiblemente sea el enfrentamiento más divertido de la historia, si nos atenemos al número de memes que circulan por la red, pero no deja de ser una “guerra” entre políticos. Y la historia demuestra que de las “guerras” puede o no que salgan malparados los políticos, pero los que salen malparados seguro son los ciudadanos de a pie. Y no creo que lo que ocurre en Cataluña vaya a ser una excepción.

Uno de los fenómenos que estamos viendo en estas últimas semanas es la salida de empresas de Cataluña. Bueno, más que salida, cambio de sede a efectos fiscales. Tal virulencia ha cobrado el fenómeno, que el Gobierno (de España) reaccionó por vía urgente emitiendo un Real Decreto para facilitar la realización de tales traslados a las empresas que lo desearan[1]. Dichos traslados, además, suelen ser saludados con subidas de valor en las Bolsas correspondientes cuando la empresa cotiza.

¿Por qué esta reacción? Supongo que la justificación debe ir tal que así: al sacar la sede fiscal de Cataluña, dejan de estar obligados a pagar impuestos en dicha región y, por tanto, se protegen de la incertidumbre de lo que allí suceda, como posibles subidas de impuestos o lo que sea.

El mero hecho de que las empresas se trasladen revela nula confianza en el Gobierno de España, que afirma que no se va a producir la independencia. Si esto va a ser así, ¿por qué mover la sede fiscal? ¿y por qué moverla a España de cuyo Gobierno no te fías? ¿Y por qué el Gobierno facilita este cambio, si él va a cobrar los impuestos sea donde sea, ya que Cataluña no se va a independizar y va a seguir siendo España? Difícil dar respuesta que pueda tranquilizar a los inversores, no ya en Cataluña, sino también en el resto de España.

Pero vayamos un poco más allá. Imaginemos que el escenario que tratan de prevenir estas empresas se consuma y tenemos una Cataluña independiente. ¿De verdad piensan esas empresas que se van a escaquear de pagar impuestos allí? Una cosa es mover la sede y otra muy distinta mover los activos desde Cataluña a otras regiones. Mientras existan activos de esa empresa en Cataluña, el gobierno independiente catalán podrá cobrarles impuestos, pues esos activos garantizan tal cobro, por ejemplo, mediante un embargo.

Esto no es algo que hagan solo independentistas y revolucionarios. Todos los Estados del mundo tratan de cobrar impuestos a las empresas que operan en sus territorios, y les obligan a determinados compromisos antes de dejarles operar. Una prueba evidente de lo que digo son las “movidas” fiscales que existen desde que podemos mercadear mediante Internet, lo que hace que determinadas empresas puedan prestar servicios a todo el mundo fijando su sede fiscal en el país que les convenga, y sin poder hacer demasiado los otros Estados, por la sencilla razón de que no hay activos físicos en las áreas geográficas de sus respectivas jurisdicciones.

Todo esto para decir que la capacidad de un Estado de cobrar impuestos a sus súbditos, en este caso, las empresas, depende principalmente de los activos físicos que tengan éstos en los territorios de su jurisdicción, y no de dónde pongan su sede fiscal. Y, por tanto, si un posible Estado catalán decide cobrar impuestos a estas empresas que han movido su sede social pero no sus activos físicos, podrá hacerlo sin mayor problema que el ejercicio de la violencia fiscal, tan presente en nuestras vidas que ni siquiera la notamos.

La única solución sería que el Estado español defendiera dichos activos físicos del posible embargo por parte del Estado catalán. Y esto es algo que, por lo que vamos viendo, es casi inimaginable. Si en las condiciones actuales, con Cataluña bajo su jurisdicción, el Estado español se ha mostrado incapaz de defender a sus súbditos fiscales (sí, a los que han tenido que quitar sus rótulos en castellano, o escolarizar a sus hijos en catalán, pese a pagar impuestos como el resto de los españoles), está fuera de la cuestión que vaya a entrar en el territorio de otro Estado a defender los bienes de los mismos.

Por tanto, las empresas que han movido sus sedes, si de verdad creen que una Cataluña independiente perjudicará sus operaciones fiscalmente, lo que tienen que hacer es mover sus activos físicos fuera de ese territorio. Y aquí es evidentemente donde está el verdadero problema, ya que eso no se puede hacer de forma inmediata ni sin costes, que además serán considerables. Este problema es directamente extrapolable a todos los ciudadanos que anticipen una situación similar, salvo que estos no pueden trasladar su sede fiscal sin trasladarse ellos físicamente, con el evidente impacto que ello tendría en sus vidas.

De todas formas, y esta es mi amarga conclusión: ¿por qué moverse? Es cierto que todos los indicios son pesimistas al respecto de los gobernantes de una posible Cataluña independiente (solo hay que verlos en los memes a que antes me he referido). Pero la pregunta es: ¿qué ha hecho el Gobierno de España para que prefieran ponerse en sus manos? Porque lo que se ha visto hasta ahora y desde hace muchos años es únicamente una traición tras otra: les ha cobrado impuestos, pero no les ha defendido cuando ha llegado la hora de la verdad.

¿Qué les hace pensar que la situación mejorará si se van a Zaragoza o a Valencia, o lo hará lo suficiente como para compensarles los costes de su traslado? ¿Creen, por ejemplo, las empresas que el gobierno español defenderá sus propiedades en una Cataluña independiente?

Da la impresión de que lo único que van a poder hacer los habitantes de Cataluña es lo que siempre han tenido que hacer las gentes que se han visto en medio de un enfrentamiento entre Estados: tratar de sobrevivir y minimizar las pérdidas. Y esperar que al menos salgan Estados debilitados que luego les y nos permitan vivir con más libertad. Alguna vez ha pasado.

 

[1] Lo cual, de por sí, da ya bastante que pensar y que sospechar. Dejemos el tema si acaso para un futuro artículo.